La seguridad interna requiere mayor atención del presidente Santiago Peña

El Gobierno ha dado énfasis a la firma de un convenio con su par de Ecuador, que hace a la lucha contra la delincuencia. Ya ha suscrito otros con anterioridad. Es de preguntarse si los mismos tienen una incidencia efectiva en la materia en nuestro país, porque como nunca en nuestra historia reciente, la delincuencia se ha desbordado, los malvivientes actúan como si no temieran a las fuerzas de seguridad y muchos delitos quedan impunes, pese a los perjuicios que ocasionan a las víctimas. Desde luego, la cooperación internacional es de suma importancia, sobre todo para combatir el crimen organizado. Pero la seguridad interna depende sobre todo de los organismos del país y en primer lugar de la Policía Nacional. Y todo indica que esta institución está siendo desbordada por una delincuencia cada vez más preparada y organizada. Hay mucho que hacer sobre la situación en el plano local, de lo que al parecer el jefe de Estado se desentiende bastante.

El Gobierno ha dado énfasis a la firma de un convenio con su par de Ecuador, que hace a la lucha contra la delincuencia. Ya ha suscrito otros con anterioridad. Es de preguntarse si los mismos tienen una incidencia efectiva en la materia en nuestro país, porque como nunca en nuestra historia reciente, la delincuencia se ha desbordado, los malvivientes actúan como si no temieran a las fuerzas de seguridad y muchos delitos quedan impunes, pese a los perjuicios que ocasionan a las víctimas.

En virtud del documento firmado con Ecuador, que debe ser estudiado por los respectivos Congresos, las partes se obligan a entregarse mutuamente las personas que estén en su territorio y sean requeridas para ser procesadas o para cumplir una pena de prisión por algún delito que dé lugar a la extradición. En la ocasión, el presidente Santiago Peña dijo que nunca habrá desarrollo en nuestros países mientras no se ofrezca “seguridad jurídica, seguridad física”, lo cual es muy cierto y depende, en primer lugar, de los organismos de cada uno de los países.

Desde luego, la cooperación internacional es de suma importancia, sobre todo para combatir el crimen organizado transfronterizo, razón por la cual en 1996 surgió el Comando Tripartito, integrado por fuerzas de seguridad paraguayas, argentinas y brasileñas que operan en la Triple Frontera. En nuestro país se llama hoy Departamento de Cooperación Policial Internacional y depende de la Policía Nacional.

Con todo lo importante que resulta la colaboración internacional, la seguridad interna depende sobre todo de los organismos del país y en primer lugar de la Policía Nacional, como es obvio. Y todo indica que esta institución está siendo desbordada por una delincuencia cada vez más preparada y organizada, cuyas incursiones suelen ser contundentes. Ya no se trata de simples motoasaltantes, sino de bandas dotadas de armas largas que emplean vehículos para cometer atracos bien planificados, como el de la pasada semana cuando varios falsos policías asaltaron una camioneta cerca de Ciudad del Este, en cuyos alrededores proliferan los atracos tipo comando, para llevarse productos electrónicos por valor de unos 200.000 dólares, así como rehenes, a quienes liberaron después. Por cierto, como se viene denunciando con frecuencia, también hay policías auténticos que cometen fechorías diversas en sus horas libres, por así decirlo.

He aquí un breve recuento de otros hechos punibles cometidos en los últimos días: en el municipio de Yguazú, Alto Paraná, cuatro enmascarados irrumpieron con armas en la casa de un empresario, a quien golpearon y maniataron al igual que a su esposa: se llevaron 105 millones de guaraníes; en una estación de servicio de Presidente Franco, un guardia de seguridad fue muerto a balazos por un delincuente que se llevó su escopeta. Desde luego, los atracos no solo tienen como escenario el Alto Paraná: en Concepción, dos asaltantes provistos de armas cortas se alzaron con más de 40 millones de guaraníes de una entidad financiera; en Fernando de la Mora, dos asaltantes despojaron de más de 80 millones de guaraníes a otros tantos empleados de una estación de servicio; en Villa Elisa, fue asaltado un guardia de seguridad, en su lugar de trabajo, por dos delincuentes que se llevaron su arma; en Hohenau, otros dos malvivientes robaron dinero en efectivo y teléfonos móviles de un local de ventas de aparatos electrónicos. Otro caso importante fue la captura en Santa Rita, Alto Paraná, de un suboficial de Policía cuando transportaba 20 fusiles de guerra que estaban en un doble fondo preparado en su vehículo.

Como se ve, hay mucho que hacer sobre la situación en el plano local, de lo que al parecer el jefe de Estado se desentiende bastante, pues de lo contrario se hubiera preocupado seriamente, cuando hace pocos días los principales responsables del área de seguridad ni siquiera se pusieron de acuerdo sobre los posibles autores del grave atraco a una comisaría de Canindeyú. Demostraron que ni siquiera sabían sobre la evolución del número de integrantes de la banda criminal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que sigue haciendo campantemente de las suyas en los mismos territorios de siempre. En su última acción, además de la quema de la comisaría, el grupo mató a tres personas, entre ellas dos agentes policiales.

¿Se habrá enterado de todo esto Santiago Peña, en medio de sus frecuentes viajes? Es indispensable la coordinación entre los organismos ligados a la seguridad interna, algo que con toda evidencia no se ha dado en torno al último caso mencionado. En otros términos, mientras la delincuencia mejora su capacidad operativa, no se advierte una respuesta al menos equivalente en los organismos de seguridad que, por lo demás, siguen bastante contaminados por delincuentes de uniforme.

La colaboración internacional es necesaria, pero no servirá de mucho si la Policía Nacional, la Senad, el CODI y la Digemabel, entre otras instituciones, sigan más bien aletargados. Urge depurar sus filas, capacitar a sus efectivos e inculcarles la misión de proteger la vida, la libertad y los bienes de sus conciudadanos. En suma, deberían actuar de tal modo que la población se sienta orgullosa de ellos en vez de temerlos por bandidos o despreciarlos por corruptos.