Puente de la Integración… que no integra

El Puente de la Integración, una obra financiada por Itaipú Binacional que une las ciudades de Presidente Franco (Paraguay) y Foz de Yguazú (Brasil), fue inaugurado en 2025 en forma separada: el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva lo habilitó el 19 de diciembre y el paraguayo Santiago Peña recién el día siguiente. Algo anda mal allí, pues la pompa que se esperaba de una gran ceremonia en la que se ensalzan la amistad y la cooperación brilló por su ausencia. En la Cumbre de Presidentes del Mercosur que se realizó en la ciudad citada del país vecino, el compatriota culpó del curioso episodio a la “mezquindad política” de las respectivas Cancillerías y dijo que era incapaz de comprender que, tras medio siglo de haberse inaugurado el Puente de la Amistad, no hayan podido acordar que ambos presidentes pudieran encontrarse “en el medio del puente para celebrar un hecho histórico”. Poco creíble que ambos presidentes no puedan superar la negligencia de sus respectivos organismos encargados de las relaciones internacionales. Si ese fuera el caso, lo mínimo que se esperaría es que el presidente paraguayo destituyera al canciller Rubén Ramírez Lezcano, lo que no ocurrió.

Agregá ABC a Google como fuente preferida en tus búsquedas.

A tanto llegó la supuesta ira de Santiago Peña que aludió a la inoperancia de las vías oficiales y propuso a su colega brasileño ignorarla a la hora de inaugurar el puente entre Carmelo Peralta (Paraguay) y Puerto Murtinho (Brasil). Es más, le sugirió intercambiar sus respectivos números telefónicos para coordinar la mejor fecha, “porque claramente los cancilleres” –Rubén Ramírez Lezcano y Mauro Vieira– “han demostrado que no son capaces de ponerse de acuerdo”. Como señalamos, el grotesco incidente, del que fueron testigos otros jefes de Estado, no tuvo consecuencias para los cancilleres aludidos: el paraguayo creyó innecesario renunciar a su cargo tras tamaño vapuleo de su jefe.

Para terminar, Santiago Peña lamentó que, luego de más de dos años de gestión, ninguno de ellos haya hecho una visita de Estado al otro país. Si hasta hoy no lo han realizado, puede que ello obedezca no solo a la inoperancia burocrática, sino también, presumiblemente, a posibles resquemores brasileños de orden ideológico –la cercanía de Peña con los Estados Unidos–, que no deberían primar en las relaciones bilaterales. Como sea, es penoso que ese distanciamiento de hecho afecte, justamente, al Puente de la Integración. Esa “integración” avanza a cuentagotas.

El 3 de agosto se ampliaron los horarios para los camiones de gran porte vacíos y se habilitó el paso de los vehículos menores, así como el de los ómnibus urbanos internacionales; el paso de los camiones de mediano porte fue abierto un día después. De modo absurdo, las exigencias para los conductores eran distintas a las que existen para operar en el Puente de la Amistad. Habría que tener una costosa póliza internacional, además del “carnet de tránsito vecinal fronterizo”, aunque un “ministro de segunda clase” de la cancillería brasileña haya dicho que ambos puentes forman un “ecosistema: lo que se hace en uno se refleja en el otro”. De acuerdo a la habilitación gradual reglada por una Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña, desde el lunes se permite, de 07:00 a 13:00, el paso de vehículos privados de Ciudad del Este, Presidente Franco, Hernandarias y Foz de Yguazú con la presentación de un documento fronterizo válido por cinco años, expedido para los conductores y acompañantes paraguayos por la Policía Federal del Brasil, a un costo aproximado de 70.000 guaraníes. Nuestra Dirección Nacional de Migraciones lo entrega a los brasileños por 234.154 guaraníes. Una estudiante paraguaya fue ayer la primera en cruzar en su vehículo, desde el lado brasileño, la estructura vial internacional.

Este repaso de una “integración” a trancas y barrancas, por falta de “voluntad política”, hace temer que la renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú tropiece con obstáculos mucho más serios: está en el mejor interés del país que ellos no se vuelvan insalvables.