La corrupción es la madre de todos nuestros problemas

La revista británica The Economist, que es un alto referente global en el mundo de los negocios, publicó un artículo sobre Paraguay en el que elogia su despegue económico y la creciente atención que está despertando entre los inversionistas, pero advierte que dos factores fundamentales, la corrupción endémica y la falta de infraestructura, son obstáculos estructurales que amenazan con frenar el golpe de crecimiento. Coincidimos por completo, con la salvedad de que esa falta de infraestructura es, precisamente, una consecuencia de la corrupción. La corrupción es la madre de todos los grandes problemas de nuestro país, el verdadero y principal cuello de botella del desarrollo nacional. Paraguay figura entre los países con peor infraestructura del hemisferio de acuerdo con el Índice Global de Competitividad, pero la razón de ello no es la falta de recursos. En poco más de una década, el saldo de la deuda pública nacional se ha más que quintuplicado, de 4.000 a 22.000 millones de dólares, ¿dónde se fue la plata?

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La revista británica The Economist, que es un alto referente global en el mundo de los negocios, publicó un artículo sobre Paraguay en el que elogia su despegue económico y la creciente atención que está despertando entre los inversionistas, pero advierte que dos factores fundamentales, la corrupción endémica y la falta de infraestructura, son obstáculos estructurales que amenazan con frenar el golpe de crecimiento. Coincidimos por completo, con la salvedad de que esa falta de infraestructura es, precisamente, una consecuencia de la corrupción. La corrupción es la madre de todos los grandes problemas de nuestro país, el verdadero y principal cuello de botella del desarrollo nacional.

El artículo menciona entre los indicadores del auge que el aeropuerto Silvio Pettirossi registró el arribo de 3,7 millones de pasajeros el año pasado, casi el doble de 2024, y que las solicitudes de residencia se dispararon un 63%, con una cifra récord de 47.600 trámites.

Como principales focos de atracción destaca la “prudencia fiscal”, el control de la inflación y un tentador esquema tributario “10-10-10” (tasa única de 10% para IVA, renta personal y renta empresarial), a lo que se suma un régimen especial para maquila, todo lo cual ha apuntalado un ciclo de crecimiento sostenido y le ha valido al país el grado de inversión por parte de dos importantes calificadoras de riesgo.

Por el lado negativo, señala que existen muy serias limitaciones en infraestructura, con apenas el 16% de las carreteras pavimentadas, con cíclicas interrupciones en la navegabilidad de los ríos por las sequías, con frecuentes cortes de energía y, en el plano de los recursos humanos, con evaluaciones internacionales que ubican a los estudiantes paraguayos entre los de peor rendimiento escolar.

Subraya que se necesitarían 10.000 millones de dólares de aquí al 2030 para modernizar las redes de transporte y energía, y que el margen para cubrir esa brecha con recursos públicos es escaso, dado que la recaudación, acotada por una amplia economía informal, representa alrededor del 16% del PIB, entre las más bajas de América Latina.

Sin embargo, por un lado, reconoce el artículo, cambiar el régimen tributario destruiría una gran ventaja del país, ya que los bajos impuestos y la relación de costos es justamente uno de los principales, si no el principal, atractivo para la inversión privada. Por otro lado, la corrupción endémica y la debilidad de las instituciones hacen que elevar los impuestos sea inviable, porque la ciudadanía, incluyendo a los agentes económicos, no confía en la gestión del Estado.

Se podría atraer a compañías internacionales e incrementar la participación de alianzas público-privadas para la construcción de infraestructura aprovechando el grado de inversión, pero, una vez más, la corrupción es un escollo, indica The Economist. Recuerda que Paraguay ocupa el lugar 150 entre 182 países en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional y resalta que “sin garantías de transparencia e instituciones confiables, los inversores dudarán en arriesgar su dinero en proyectos de gran envergadura”.

El artículo remata con que combatir la corrupción en Paraguay no es una opción secundaria, sino la condición indispensable para evitar que la oportunidad histórica del país se diluya.

El análisis es acertado y nuestra historia reciente lo confirma. Efectivamente, Paraguay figura entre los países con peor infraestructura del hemisferio de acuerdo con el Índice Global de Competitividad, pero la razón de ello no es la falta de recursos. En poco más de una década, el saldo de la deuda pública nacional se ha más que quintuplicado, de 4.000 a 22.000 millones de dólares, ¿dónde se fue la plata?

A ello hay que sumar fondos discrecionales provenientes de Itaipú, deudas disfrazadas para grandes obras, como el proyecto llave en mano para la ruta bioceánica y la alianza público-privada para ensanchamiento de la ruta PY02, cuyo financiamiento solo está cubierto en un 20% por los peajes, además de compromisos vencidos con contratistas que no fueron debidamente contabilizados.

Es decir que Paraguay dispuso en los últimos años de mucho más de los 10.000 millones de dólares de los que habla The Economist para mejorar su infraestructura y potenciar su desarrollo. ¿Por qué los resultados han sido tan pobres? La respuesta se sintentiza en una palabra: corrupción. Ha habido una masiva apropiación indebida de recursos públicos en forma de sobrefacturaciones, licitaciones amañadas, desvíos financieros, repartijas entre la clientela política. Mientras el país no se cure de este cáncer no podrá salir verdaderamente adelante.