Las aguas continúan verdosas por contaminación ocasionada por desechos de curtiembre con alto grado de azufre y amoniaco, que han contribuido a la proliferación de algas tóxicas (cianobacterias).
El viento juega un papel muy importante sobre los espejos de agua. Así como puede llevar los contaminantes a otro lugar, también puede ayudar a que regresen, de acuerdo a su dirección. La semana pasada, por ejemplo, había días con viento sur y el olor disminuyó, pero ayer por efecto de la brisa del norte, toda la porquería se concentró de nuevo en la playa de Areguá.
El año pasado, en este espacio de recreación, se habilitaron varias mejoras, como camineros, confortables banco, lugares de distracción, parque para niños, sin embargo, estas modificaciones en la víspera eran mudos testigos de un lago contaminado, donde no se veía ni un alma.
Esta es la realidad de una catástrofe natural. En tanto, las autoridades comunales y nacionales aún no saben qué hacer para recuperar el otrora “azul y romántico lago Ypacaraí”.
Han barajado varias propuestas como la reapertura del canal del Salado, el desvío del arroyo Yukyry, los tecnosoles, la plantación de totoras y el tratamiento de las aguas cloacales. Hasta el momento son sugerencias, sin embargo urge poner manos a la obra por la recuperación,
Según el intendente de Areguá, Osvaldo Leiva (ANR) este municipio dejará de percibir G. 400 millones al mes por efecto de la contaminación. Los 40 canoeros, que hacían recorrer a los visitantes, dejaron de percibir más de 200.000 guaraníes cada uno los fines de semana. Este desastre deja una gran lección: si no se protege el lago, todos pierden.
