Paraguay y la Generación Z ¿qué nos espera?

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La generación Z, compuesta por jóvenes que no llegan a los 20 años y viven pendientes de múltiples pantallas, desconcierta a los adultos. Para entenderla es importante interpretar su esencia y aceptar que tienen códigos distintos y hasta un uso diferente de los circuitos cerebrales.

Hablar de la Generación Z es fundamental para comprender la familia y la sociedad. Muchos optan por decir que sencillamente la juventud siempre fue cuestionada y que la presente no tiene más que una natural rebeldía que pasará. Sin embargo, los estudiosos del comportamiento humano consideran que estamos frente a chicos de entre 13 y 20 años que viven de una manera completamente distinta y aislada de valores trascendentales como el respeto, la cortesía, la solidaridad, y hasta la conversación.

Contundentes en sus apreciaciones, difíciles de concienciar sobre la disciplina y los valores jerárquicos, estos jóvenes nacidos después de 1995, viven conectados a internet, televisión o juegos electrónicos todo el día y duermen alertas a su celular. Para ellos no hay diferencia entre lo virtual y lo real.

Hacen mil cosas a la vez, gastan fortunas en los últimos modelos de teléfonos inteligentes, se consideran abiertos e innovadores y tienen miles de amigos, aunque solo conocen personalmente a algunos. Son impacientes, ceden poco y en gran medida buscan alternar poco con las personas de otras generaciones para finalmente acabar refugiados y seguros en su mundo, con sus amigos e intereses. Conocen todas, pero les gustan las redes no convencionales como Snapchat. Sus ídolos son famosos youtubers.

Leen escasamente o nada fuera de la pantalla y allí utilizan emoticones para decir lo que no pueden explicar con palabras. Dedican más de 3 horas por día a consumir contenido, fuera del trabajo escolar. Se han entregado por completo a la tecnología y dependen de ella. Se calcula que hay unos 2.000 millones de jóvenes nativos de la generación Z.

Educar el cerebro

Las noticias sobre esta generación ya no representan algo lejano, que sucede en otros países. Una maestra norteamericana mencionaba en una entrevista hace unos 10 años: “Los jóvenes ya no escuchan ni ven, van conectados a sus auriculares, no saben mirar a los ojos a otras personas. Es angustiante lo que está sucediendo y parece no tener límites”. No pasó mucho tiempo para que esto ocurriera en Paraguay.

¿Cómo comprender y orientarnos respecto a esta generación? La doctora Susana Vázquez, psicóloga, dice que el tema es muy nuevo: “Es una generación que vive fusionada con el mundo digital y parecen resueltos a construirse una vida muy diferente a la de sus padres, a quienes consideran con ambiciones pobremente creativas, carentes de diversión o placer. Van por el ‘todo o nada’ ”.

Basada en las investigaciones del profesor Oliver Houdé, director del laboratorio de psicología y desarrollo y educación infantil del CNRS-La Sorbonne, y autor del libro “Aprender a resistir”, la doctora Vázquez continúa: “Son chicos que crecieron con videojuegos y celulares, ganando aptitudes cerebrales en lo que se refiere a la velocidad y el automatismo, en perjuicio de otras como el razonamiento y el autocontrol”. El cerebro sigue siendo el mismo, pero cambian los circuitos utilizados.

“El profesor Houdé habla de una resistencia cognitiva. Hay 3 sistemas en el cerebro humano, uno es rápido, automático e intuitivo. El otro es más lento, lógico y reflexivo. Un tercer sistema en el córtex prefrontal permite intermediar entre los dos primeros: es el corazón de la inteligencia. Permite inhibir los automatismos del pensamiento cuando se hace necesaria la aplicación de la lógica o de la moral. Es la resistencia cognitiva. Los nativos digitales deben reaprender a resistir para pensar mejor”.

Además dice Houdé: “Permite, por ejemplo, evitar decisiones absurdas. Permite también resistir a las creencias erróneas o estereotipos muy anclados. Lo que se dice pensar dos veces antes de decidir”. ¿Qué resultados podemos esperar aplicándolo a nuestro tiempo, con nuestros jóvenes y realidad? La doctora Vázquez resume: “Educando el cerebro se enseña a resistir su propia sinrazón; un gran desafío para las ciencias cognitivas y para la sociedad actual. Es interesante tomar conciencia de este fenómeno que ya está ampliamente difundido y que explica el comportamiento tan errático de los más jóvenes, con sus modelos muchas veces incomprensibles para los padres. Es evidente que este proceso nos obliga a todos a dar una mirada más amplia y buscar una vía para salir del estupor y hallar soluciones acertadas”.

lperalta@abc.com.py