Aún no se fueron todos los que debieran

El año que va terminando se caracterizó por la notoriedad que tuvieron algunas figuras políticas de nuestra fauna local, aunque eso no fuera justamente por motivos loables o edificantes.

También fue un año en el que la gente y los políticos advirtieron que la reacción ciudadana, sin necesidad de ser violenta, puede obrar el milagro de vencer a la impunidad.

Echando una mirada retrospectiva a los últimos meses, la tentación sería hacer un balance negativo de este 2019, en cuanto a hechos políticos se refiere, por los muchos actos de corrupción que se destaparon, por los vínculos que se hicieron públicos de algunos conocidos dirigentes y “líderes” con personajes de muy mala reputación y por la conciencia de que aún queda mucho por hacer en materia de control y de transparencia en las instituciones públicas.

Sin embargo, mirándolo positivamente, quedó demostrado que las denuncias con pruebas, las grabaciones y, más que nada, la presión de la gente hace que algunos jueces no se animen a firmar tranquilamente a favor de la impunidad de gente poderosa, acostumbrada a “arreglar” sus casos bajo la mesa.

Este año nos mostró que a algunos grandes “señores” ya no les alcanza tampoco con tener sus tentáculos extendidos en los tres poderes, particularmente en el Judicial, para evitar cualquier “molestia”. En estos tiempos transnacionales, la vara de la Justicia también puede venir y golpearles de allende las fronteras.

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Nos mostró de vuelta este año la endeblez de algunas de nuestras autoridades, dispuestas a hacer concesiones a costa de la soberanía nacional y también cómo, cuando las cuestiones de Estado se mantienen en secreto y se manejan mal, pueden después, al publicarse, hacer tambalear a un Gobierno y dejarlo en evidencia.

Así también se vio este año cómo el vaivén de los acontecimientos bajó de repente de su pedestal a algunos rasputines criollos y vacas sagradas que se creían intocables.

Ciertos personajes políticos que auguraban para sí mismos un futuro luminoso, con camino alfombrado que les conduciría plácidamente hasta el sillón presidencial, cayeron de pronto bajo el foco acusador de la Justicia y la opinión pública. Ahora, desean un tranquilo anonimato, al menos hasta que haya pasado un poco la tempestad que los arrojó a un costado.

Este fue el año en el que llegaron a cinco los senadores despojados de su investidura por sus propios colegas con la acusación del uso indebido de influencias.

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Las sanciones políticas, en algunos casos, y de la Justicia, en otros, contra estos legisladores causaron satisfacción aunque también la certeza de que entre aquellos que actuaron de jueces estaban unos cuantos sin ninguna autoridad moral para tirar alguna piedra.

Pero, si en el Senado no están todos los que debieran, en la Cámara de Diputados directamente no está ninguno, pese a que los latrocinios, estafas, tráfico de influencias, etc., que cometieron algunos bien identificados son de público conocimiento porque se expusieron en los medios de comunicación y las redes sociales.

El argumento corporativista que esgrimen quienes protegen a sus colegas, pretendiendo que debe haber sentencia judicial de por medio, solo revela su hipocresía, caradurismo y falta de ubicación en los tiempos que corren.

Cuando echaron a Paraguayo Cubas por atropellar las reglas de convivencia amparándose en su condición de legislador, algunos de sus colegas mencionaron la necesidad de defender la democracia y sus instituciones.

Mientras personajes nefastos sigan sentados en sus curules, burlándose de la ciudadanía, ese argumento suena a hipocresía barata.

mcaceres@abc.com.py

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