Acostumbrándonos...

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

–¿Sabés qué me preocupa? –me escribió uno de los policías que más respeto en este país.

–¿Qué cosa? –contesté en medio de la licuadora de mi rutina.

–Que ocurra un secuestro y la gente lo tome como si no hubiera pasado nada. Eso quiere decir que nos estamos acostumbrando. Y eso es preocupante.

De entre los últimos casos, con Arlan Fick la memoria y el marketing se sostuvieron vivos de alguna que otra manera. Era el primer menor de edad secuestrado por el EPP. Pero no fue como en algunos de los primeros secuestros; ya no hubo lazos, ni calcomanías, ni sentatas en las calles, ni misas o caravanas en silencio.

Con Edelio Morínigo la memoria y el marketing flaquearon del todo. Si bien los terroristas ya mataron a varios policías, Edelio es el primero secuestrado y mantenido en cautiverio. Después de que el 5 de julio del 2014 se lo llevaron, terminamos acostumbrándonos tanto que, exceptuando su humilde comunidad en el norte, nadie ha salido a reclamar su liberación con grandes movilizaciones, lazos, cintas, calcomanías, misas multitudinarias. De vez en cuando, doña Obdulia, su mamá, nos da un sacudón, pero después seguimos sin mayores quebrantos.

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Con Abraham Fehr pronto nos rendimos. Su familia no solo ha sentido la cuasi indiferencia, sino además el embate de los estafadores, entre quienes estaba ¡hasta una militar!

Con Franz Wiebe, el adolescente secuestrado la última vez por el EPP, la memoria y el marketing ya no aparecieron. Casi nadie habla de Franz, el tímido muchachito humilde que para ayudar a mantener a su familia trabajaba para otro menonita. Franz no está en las noticias, igual que tampoco están sus padres, sus hermanitos o su comunidad.

Así que cuando secuestraron a don Félix Urbieta, ya nadie armó demasiado escándalo, y conste que es el tío del intendente de Horqueta. A las 12:51 del viernes último, más de 24 horas después de haber sido secuestrado, había en total unas 30 noticias en portales digitales del país sobre el señor Urbieta.

¿Significa esto que nos conmovemos menos o nos acostumbramos más? ¿Que algunos casos nos importan más y otros menos? ¿Que, dependiendo de los protagonistas, nos escandalizamos, o es simplemente que nos estamos acostumbrando a los secuestros?

Tenemos cuatro secuestros en curso, pero la indolencia nos ha conquistado.

No le creí a F., un avezado policía colombiano, cuando me dijo: “Lo peor que pueda pasar es acostumbrarse. Así empezamos en Colombia, y un buen día ya a nadie le importó si amanecíamos con uno o una docena de secuestrados. Ya ni siquiera era noticia”.

Hace un par de días, una persona me reclamó por qué dejaba que me sorprendiera una noticia.

Contesté que el día en que las cosas dejen de sorprenderme debería dejar también el periodismo. Es esa capacidad de asombrarnos y rebelarnos lo que mantiene viva la esperanza de cambiar lo que quieren convencernos que no podemos hacerlo.

Cierro este comentario con una pregunta para Ud.: ¿Ya se acostumbró a estos secuestros?

mabel@abc.com.py