Afirma que no sabemos pensar, que en la humanidad hay personas que han logrado éxito, por ejemplo, con el pensamiento científico, pero que en otros muchos campos de la vida mantenemos y creamos graves problemas a los que no les encontramos soluciones, sencillamente porque no sabemos pensar. Problemas como el desequilibrio ecológico y las diferentes formas de guerras son dos de los que cita él.
Nunca ha contado la humanidad con tantos recursos y posibilidades, y nunca ha tenido problemas tan existenciales, que amenazan hasta la sobrevivencia del ser humano y el planeta tierra. Y lo evidente es que la humanidad no está sabiendo (y parecería que ni queriendo) resolverlos.
Lo que De Bono dice de las posibilidades de la humanidad con respecto a los graves problemas del mundo, en menor escala pero paralelamente, podemos nosotros decirlo de nuestro país. Paraguay y los paraguayos tenemos en nuestro haber enormes posibilidades, sin embargo da la impresión de que los graves problemas no solo no se resuelven sino que algunos de ellos se acrecientan. ¿Será que no sabemos pensar para encontrar verdaderas soluciones?
Lo preocupante es que nuestro sistema educativo, en términos generales, no está ofreciendo elementos suficientes para poder alimentar la esperanza de que en pocos años más nuestros niños, adolescentes y jóvenes de hoy estarán equipados suficientemente para pensar mejor que ahora. Más bien hay datos para temer que sea al revés, porque si el nivel de nuestra educación escolar es bajo, el estado de nuestra educación superior, en general (siempre hay excepciones), es desastroso.
El tiempo agravará el problema porque en unos años más, gracias a los impresionantes descubrimientos y logros de las ciencias y las tecnologías, contaremos con recursos tan excepcionales que quienes no sepan pensar quedarán definitivamente en el abismo de las pobrezas más radicales.
Una simple lectura de los dos últimos libros de Raymond Kurzweil, “La singularidad del ser humano está cerca” (2012) y “Cómo crear una nueva mente” (2013), o el impactante libro de Michio Kaku “El futuro de la mente” (Marzo 2014), nos obliga a tomarnos muy en serio qué formación y capacitación en pensamiento, qué desarrollo de la inteligencia estamos promoviendo entre nosotros y especialmente en nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
Kurzweil se entusiasma con la singularidad del ser humano, que está consiguiendo la liberación de sus cadenas biológicas, al mismo tiempo que la consagración de la inteligencia como el hecho más relevante del universo. Gracias a sus avances en la investigación neurológica y en los conocimientos y producción tecnológica, el ser humano empieza a contar con una inteligencia no biológica, desarrollando diversas formas de inteligencia artificial.
En su último libro “Cómo crear una mente”, su información y entusiasmo nos provocan más aún abriendo horizontes que estarán en nuestro panorama inmediato en la década de los años veinte, en los que la mente humana podrá contar con recursos tan excepcionales incorporados a su propio cuerpo y cerebro, que le darán potencialidades de pensamiento insospechadas. Su pronóstico para el año 2029 es tan revolucionario, que hasta el famoso científico británico Stephen Hawking teme que si la inteligencia artificial llega a equipararse a la humana en su productividad y eficacia, eso “puede significar el fin de la raza humana”.
Sea cual fuere el desarrollo futuro de la inteligencia artificial, ya presente en herramientas de nuestro uso cotidiano, lo cierto es que si no enseñamos ni sabemos pensar, esas herramientas dejarán a los que no saben pensar en el pozo de la pobreza radical.
Por su parte, Michio Kaku, con su libro sobre “El futuro de la mente” nos ofrece otro panorama espectacular del camino que ya está abierto, pero que solo podrán recorrerlo quienes hayan aprendido y sepan pensar.
La Agenda Educativa del MEC nos pone a todos la tarea del aprendizaje. Mucho hay que aprender, porque es abrumadora la producción y necesidad de conocimientos, pero sin duda es urgente que aprendamos y enseñemos a pensar.