Corré Víctor

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En el 2010, 33 mineros chilenos quedaron atrapados en una mina de Atacama. Sin luz solar, sin cielo y sin estrellas, sin amaneceres y atardeceres. Fueron 69 días sin poder salir. En el 2013, 23 senadores paraguayos quedaron atrapados en la sociedad paraguaya. Sin restaurantes, sin shoppings, sin cines y sin peluquerías, sin recepciones diplomáticas y sin peregrinación a Caacupé. Fueron un par de meses sin poder salir.

Los mineros eran trabajadores humildes, de los que apuestan la vida en cada jornada laboral buscando su puchero. Los 23 senadores eran parlamentarios de buen vivir, del tipo que juegan con la vida de los demás en cada jornada laboral, que casi quedan sepultados por el mayor escrache de la historia paraguaya porque salvaron del desafuero al senador Víctor Bogado. La indignación: la niñera de oro.

El 2014 rescató de a poco a los 23 senadores que empezaron a asomar tímidamente sus narices acomodándose las corbatas, los peinados platinados y sacudiéndose el polvo. También Víctor Bogado volvió y casi sin despeinarse.

Y es que el senador ya conocía el sabor de los escraches. Una noche de abril del 2007 desposó a una modelo y, al llegar al Sheraton para su boda de ensueño se le habrá arrugado algo más que la corbata: “Bogado, Bogado, devuelva lo robado” lo recibieron decenas de voces ciudadanas que casi sonaban más fuerte que el vals.

Las publicaciones de la época dicen que esa fiesta orilló los G. 800 millones. Muchísimo menos que los varios millones de dólares por los que lo acusaba la Fiscalía por supuesta defraudación en su gestión frente a Conatel.

Así que cuando seis años después Víctor Bogado volvió a ser escrachado por el caso de la niñera de oro –junto con los otros 23 senadores que lo salvaron del desafuero– el neocartista ya estaba entrenado. A diferencia de otros echados de sanatorios y hasta de alguna peluquería, la oleada de restaurantes, lomiteros, empanaderías, gomerías, shoppings, videoclubes, sanatorios, ventas de yuyos, velorios, casas fúnebres, peluquerías, cines, talleres y hasta carteles de “desbienvenida” a Caacupé no le habrán preocupado demasiado. Víctor Bogado es un experto en escraches, sabe perfectamente que somos lentos para reaccionar y rápidos para olvidar.

Víctor Bogado ha vuelto con una vocación periodística que le desconocíamos: es director de una publicación que se reparte gratuitamente los jueves entre los colegas que lo salvaron del desafuero. Desde allí –y como ya hacía Patria en su momento– ataca, confunde, cuenta medias verdades y mentiras completas. Sus ataques a Zuccolillo eran hasta divertidos por el ingenio y la parodia... hasta el día en que empezó a usar el recinto parlamentario. Logró por unanimidad un pedido de informe oficial a Conatel, respaldado por el Poder Legislativo. Su guerra personal ya tiene viso oficial y respaldo estatal en el camino de su vendetta personal.

Víctor Bogado no es un minero de Atacama pero está siendo rescatado y podría ser el próximo Presidente del Congreso. Su vuelo está llegando directo y sin escalas desde los escraches “Bogado, Bogado devuelva lo robado” hasta las NUEVE audiencias preliminares fracasadas gracias a sus chicanerías.

Su último rescatista es el mero Presidente de la República, aquel que se llena la boca hablando de la administración honesta de la cosa pública.

mabel@abc.com.py