Denles de comer ustedes mismos

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Normalmente, llamamos a la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo de fiesta de “Corpus Christi”, la cual empezó a ser celebrada en Occidente hacia el año 1264. Luego se asoció la exposición y bendición con el Santísimo, así como la hermosa procesión por las calles de la ciudad.

Con estas actitudes queremos manifestar públicamente nuestra inquebrantable fe en la presencia real de Cristo en la Hostia y Vino consagrados, pues su Palabra creadora sostiene: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo... Beban todos, porque esta es mi sangre, la sangre de la nueva Alianza...”. Esta presencia real se mantiene en cuanto se mantienen las características químicas de cada especie.

Tenemos que aprender a amar y respetar más al Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo, participando a cada domingo de la Misa y jamás evitar este feliz encuentro por causa de nuestra desorganización de horarios. Y, mucho menos, por no comprender lo que celebramos.

El Evangelio de este domingo es el de la multiplicación de los panes, cuando leemos: Jesús katu he’i ichupe kuéra: - Pemongaru peê.

Este es un mandamiento del Señor: denles de comer ustedes mismos.

Resulta que el cuerpo humano es sagrado, si queremos decir, es un santísimo cuerpo, ya que fue creado  por Dios, redimido por Cristo, es morada del Espíritu Santo y está destinado a la resurrección gloriosa.

“Denles de comer ustedes mismos” es una orden contra el feroz individualismo que azota nuestra sociedad, donde hay la tentación de poco o nada interesarse por seres hambrientos y niños desnutridos que deambulan para allá y para acá.

Hemos de colaborar para evitar el hambre inmediata de nuestros hermanos, pero también hemos de lidiar para que haya más justicia en el punzante aspecto de las políticas agrarias y de la tenencia de la tierra.

La cuestión del hambre en el país no es solo por la falta de alimento, es una muestra de la falta del compartir y es un problema moral de quien tiene comida, es decir, dejarse embaucar por el egoísmo y la indiferencia.

Jesús multiplica los panes mostrando que, con su actuación, si nos empeñamos por superar la codicia y el egocentrismo es posible crear un mundo más fraterno, porque su presencia y nuestro compartir realizan milagros estupendos.

En la Fracción del Pan, que es uno de los nombres de la Eucaristía, Jesús se hace presente en nuestra vida para que no estemos ausentes en la promoción humana de tantas personas a quienes podemos beneficiar de modo concreto.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com