El libro que no se come

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Cuando muere alguien cercano, más que la cercanía, es el cariño el que nos lleva a exaltar sus cualidades. Salvo algunas excepciones, no existe un muerto malo… Pero de veras existen los que fueron buenos en vida también.

En las horas ociosas es fácil caer en el deporte de nuestros días: el stalkeo; no precisa demasiadas habilidades físicas, sino los megas suficientes en el paquete de datos, y voilá.

El lado interesante de esto es que a veces llegás a contenidos que te dan vuelta la cabeza y son una luz de esperanza en medio de tanta chatarra virtual que pulula en el Facebook.

El posteo de Alcibiades González Delvalle sobre la muerte del escritor paraguayo Ramiro Domínguez y el revuelo que causó el hecho de que este estuvo horas en la urgencia del IPS sin lograr atención para luego retirarse al servicio privado en el que tiempo después falleció es una verdad incómoda. “No fui amigo de Ramiro Domínguez como hubiera querido serlo. (…) Siempre se supo que Ramiro era una de las personalidades más elevadas de nuestra cultura en general”, dice parte de su texto feisbukero. Dice también González Delvalle que a nadie se le ocurrió pensar que un hombre culto tiene necesidades económicas que atender. “El libro se lee, no se come. Alimenta el intelecto, no el estómago. Era, entonces, trágicamente natural que muriese como murió (...) ¿A qué vienen las tardías lamentaciones? ¿Se les va a culpar a unos enfermeros del IPS que ni idea habrán tenido de quién era el paciente (...) Podía haber gritado ‘¡Yo soy Ramiro Domínguez’! sin que nadie se inmutase por ello. Si ahora, después de muerto, se sabe qué tenía que haberse hecho con Ramiro, ¿por qué nunca se hizo?”.

La pegunta es simple y triste retórica.

Paraguay es tan exótico que debe ser uno de los pocos países en los que los enfermos tienen que pagar durante toda su vida para que, llegado el momento, lo único seguro que reciban en el servicio sanitario sea el maltrato y el ninguneo infame que te quita la vida.

Ayer se cumplieron 29 años del derrocamiento de Alfredo Stroessner sin mucho que festejar. Hace unos meses, el presidente Horacio Cartes nos decía que el IPS es el mejor seguro del universo a la par que sigue tratando de convencernos de que en este país se vive en plena democracia. Analizando desde lo sucedido a Domínguez, hasta podríamos darle la razón a Cartes, porque es tan democrático ese seguro en el que tanto un ilustre intelectual que dio su vida a la cultura paraguaya como un Juan Pueblo son ninguneados y maltratados por igual.

Viva la “dictacracia” sanitaria.

mescurra@abc.com.py