El maleficio del caballo del comisario

Históricamente, al menos a partir del retorno a la democracia, ser “caballo del comisario” (es decir, candidato oficial del poder de turno) no fue muy redituable en el Partido Colorado. Casi siempre, los candidatos perdieron o, si ganaron, su victoria fue muy costosa o dudosa. Este año (a menos que alguno abandone a último momento) nuevamente tendremos el duelo electoral interno entre un candidato respaldado por el Presidente de la República y la estructura partidaria contra un “sublevado” que salió de las propias filas del cartismo.

Durante el gobierno de Andrés Rodríguez (1989-1993) se registró la primera gran disputa interna entre dos candidatos por la presidencia de la República. Juan Carlos Wasmosy (casi un “outsider” dentro del Partido Colorado) tenía el respaldo de la estructura y del presidente. Por su parte, Luis María Argaña era el candidato “opositor”. Ganó Argaña, aunque luego se perpetró un fraude monumental del que participaron, entre otros, Lino Oviedo y Juan Carlos Galaverna, para hacer ganar a Wasmosy, quien luego fue presidente.

Wasmosy apoyó en 1996 la candidatura a presidente del Partido Colorado de su entonces vicepresidente, Ángel Roberto Seifart, que perdió ampliamente contra Argaña. Más adelante, Wasmosy lanzó a su ministro de Hacienda Carlos Facetti como candidato a presidente de la República para las elecciones de 1998. Otro candidato era Argaña, presidente de la ANR. El tercer candidato (que competía así contra el candidato del Ejecutivo y contra el candidato del partido) era el excomandante del Ejército Lino César Oviedo. Ganó este último, aunque después lo sacaron de la carrera electoral.

En la administración de Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), para evitar sorpresas, en vez de hacer competir a “su” caballo en la interna por la presidencia del partido (en 2006), compitió el mismo comisario. Le ganó muy trabajosamente a Osvaldo Domínguez Dibb y, violando la Constitución, asumió por un rato la presidencia de la ANR. Luego, como no pudo lograr que se cambie la Constitución para intentar ser reelecto, lanzó como su “caballo” a Blanca Ovelar, ministra de Educación. En una disputada elección, Blanca se impuso a Luis Castiglioni, por un estrecho margen de votos. Castiglioni juró y rejuró que hubo fraude.

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En 2012, el Partido Colorado estaba en la llanura y sumido en una crisis de liderazgo interno, que facilitó la irrupción de Horacio Cartes. Aunque Lilian Samaniego era la presidenta, no podría decirse que hubo un “caballo del comisario”. Ganó la candidatura Cartes, en la práctica un “outsider” con algunos pocos años de afiliado a la ANR.

Menos de dos años después de haber asumido la presidencia, Cartes lanza ahora a un candidato que reconoce como suyo para disputar la presidencia del partido oficialista.

El escenario actual no se parece al de otras épocas donde competían líderes de reconocida influencia nacional. El “caballo del comisario”, diputado Pedro Hércules Aliana, es prácticamente un desconocido. Su rival, el senador Mario Abdo Benítez, más allá de su “ilustre” nombre y apellido, no tiene un rodaje partidario relevante.

El candidato “oficial” cuenta con la ventaja del respaldo del Presidente y el del aparato partidario, algo que, a primera vista, parecería decisivo. Sin embargo, Abdo Benítez tiene a su favor el inocultable malestar de buena parte de los dirigentes de base del partido, que se sienten abandonados y sin protagonismo en este “gobierno colorado”. Así lo admiten, fuera de micrófono, inclusive algunos dirigentes que dicen respaldar a Aliana.

No puede descartarse que en las elecciones internas de junio próximo un porcentaje importante del electorado colorado decida darle un mensaje a Cartes y a su candidato, haciendo que el maleficio que persigue a los “caballos del comisario” se vuelva a cumplir.

mcaceres@abc.com.py

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