El único animal que ama con el corazón

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Todo el mundo habla de amor. Es realmente un tema inagotable. Ha sido punto de inspiración para poetas, músicos, filósofos y psicólogos. Tanto se ha escrito, analizado e investigado el amor, que todavía quedan mares de tintas para usar al respecto. No queda duda de que este sentimiento, exclusivo del ser humano, sigue acaparando el interés de todos y todas.

El amor es una fuerza poderosa; capaz de realizar cosas maravillosas. Tiene también una esencia contradictoria; porque Eros, el dios del amor, se enfrenta con Thanatos, el desintegrador. Tanto es así, que hay “amores que matan”, pasiones turbulentas y devastadoras, capaces de los mayores desastres y tragedias. Se ha desvirtuado tanto el verdadero amor, para convertirlo en simple genitalidad. Por eso se confunde el amor con el simple deseo físico. Como consecuencia, hay tantos fracasos y tantas decepciones. Cada vez, las relaciones son más cortas, superficiales y conflictivas. Es que ambas personas, en vez de darse tiempo para conocerse, se apresuran, van al sexo y piensan que eso es “hacer el amor”.

La sociedad de consumo y los medios de comunicación también colaboran en ese sentido. Dan un valor excesivo a la belleza del cuerpo y olvidan la parte espiritual. Fomentan todo lo relacionado a la faceta sexual y omiten el área de la afectividad. El hombre es el único animal que ama con el corazón. Es cuerpo, pero también es mente-espíritu. Y las relaciones más ricas y duraderas se sustentan con valores morales como el respeto, la tolerancia y la amistad. Es que amar es servir, preocuparse y cuidar del bienestar de la otra persona. Es dar libertad y espacios, sin controlar ni asfixiar al otro. Es aceptar al otro con sus virtudes y defectos, sin intentar cambiarlo o transformarlo a nuestra manera.

Como se ve, no es tarea fácil. Nadie nos enseña a amar, es algo que debemos aprender por nuestra propia cuenta. Pero vale la pena que leamos algunos libros valiosos y escuchar sanos consejos. Sobre todo, es importante crecer espiritualmente, ser buena persona y tener capacidad para amar.

Hoy día, vemos que las parejas se matan por celos, infidelidades o simples sospechas. ¿Por qué ocurre esto? Sencillamente porque ambos están enfermos emocionalmente. No tienen seguridad ni autoestima suficiente como para hablar y resolver estas situaciones. Hay mucho egoísmo, porque cada cual piensa solo en si mismo, sin detenerse a pensar en lo que sucede a su media naranja. En estos casos, no se busca la felicidad, sino la destrucción, el aniquilamiento.

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Aparte del egoísmo, también conspira en contra del amor, el materialismo excesivo, el querer tener cada vez más posesiones materiales, poder, dinero, fama y gloria. El narcisista, que mira solo su imagen, cae al agua, muere ahogado, sin poder entregarse al amor verdadero. Y sin conocer lo que significa ese don, ese sentimiento sublime que viene de Dios.

En primera de Corintios, Cap. 13, vers. 1 al 10 dice: “Si yo hablase todas las lenguas de los hombres y los ángeles, y me faltara el amor, no seria más que el bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de la profecía, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y le entrego hasta mi cuerpo, pero no por amor, sino para recibir alabanzas, de nada me sirve. El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo. Todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta”.

blila.gayoso@hotmail.com