Escuché sorprendido los elogios al presidente y expresidente del BCP, al ministro de Hacienda, al titular de IPS y a otros funcionarios, a quienes consideraron “héroes de la hazaña” lograda por el equipo económico del cartismo. ¡Es que lograron endeudar más al país, no es para menos!
Faltaba muy poco para que algún cartista planteara al Congreso nombrar hijos ilustres a los próceres de los bonos y que algunas calles de Asunción llevaran sus nombres. No existe ninguna diferencia entre la hazaña de los bonos del 2017 y la batalla de Curupayty del año 1866.
Pero como les decía, ya conozco esta obra dramática representada otra vez hoy, con diferentes personajes. En aquella época quedé gratamente sorprendido de la “habilidad, el patriotismo e inteligencia” de nuestros negociadores de los tratados de Itaipú y Yacyretá en 1973.
¿Y quién pagará todo este portento?, nos preguntábamos cuando nos enteramos del presupuesto de cada una de ellas frente a la evidencia de una esquelética economía nacional.
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“No se preocupen de eso, Paraguay solo tiene que poner el agua del río”, fue la respuesta. Después nos enteramos de que según el tratado los recursos complementarios necesarios a los estudios, construcción y operación de la central eléctrica y de las obras e instalaciones auxiliares, “serán aportados por las Altas Partes Contratantes u obtenidos por Itaipú mediante operaciones de crédito”.
En un abrir y cerrar de ojos nos metieron en sendas deudas dudosas y de nunca acabar. Demás está decir ahora (porque al comienzo decían: la mitad era todo nuestro) que casi toda la energía producida se llevan los vecinos, pagando precio irrisorio y casi nada de compensación. Todos los posibles reclamos de la parte paraguaya fueron acallados en los sucesivos gobiernos con soborno de los fondos sociales y todo tipo de corrupción para desviar la atención de la deuda y el precio de la energía.
El 24 de diciembre de 2015 publicamos que ese año se pagó US$ 2.047 millones pero el saldo deudor de Itaipú siguió en US$ 11.647 millones, que corresponden a capital más intereses. Sin embargo, para la Contraloría General de la República (CGR), unos US$ 4.193 millones son de origen ilegítimo. En cuanto a la deuda de Yacyretá prácticamente se desconoce el monto.
Lo cierto es que, al igual que la historia de los bonos/17 (“no se preocupen, son para obras”, “nosotros no ponemos nada, todo es llave en mano”) para que otros países puedan desarrollarse mejor, nosotros nos endeudamos por más de 50 años, recibiendo migajas, soborno, corrupción, inundación, cambio climático, mosquitos, etc., De paso contribuyeron a aumentar la desigualdad entre los paraguayos: los barones de Itaipú y Yacyretá vs. los varones y las mujeres de las campiñas y las barriadas; los funcionarios supernumerarios de las binacionales con privilegios de jeques árabes frente a los contrataditos por solamente algunos meses por menos del sueldo mínimo y obligados a portar pañuelo al cuello.
No tendría problema en apoyar que las calles de Asunción lleven los nombres de los “héroes” del cartismo si ellos consiguen eliminar el déficit presupuestario, si logran mejorar la calidad de los gastos eliminando los que sean superfluos y si destapan la enorme corrupción de manera que los bonos sean utilizados solamente en inversiones y no en una bicicleteada interminable, pagando con préstamos los préstamos anteriores.
ebritez@abc.com.py