Los beneficios de las terapias espirituales

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Casi todas las culturas tienen sus métodos de sanación espiritual. Las diferentes religiones que se profesan en el mundo también practican verdaderas terapias, a través de ayunos, oraciones y vigilias. Los Pentecostales, por ejemplo, dedican los viernes para la liberación y la sanación. Quienes asisten a esos cultos, hablan de increíbles milagros. La Iglesia Católica, igualmente, realiza rituales parecidos, con el fin de curar enfermedades de toda índole.

Ya se trate de religión, filosofía, psicología, medicina, mentalismo o parasicología, estas terapias existieron y existirán siempre. Más todavía hoy día en que, por el ritmo de vida que se lleva, las personas están más estresadas, ansiosas y angustiosas que nunca. Así, aparecen en el mercado miles de curaciones fantásticas, casi todas, con fines comerciales. Astrólogos, mentalistas, espiritistas y otros charlatanes aprovechan la oportunidad para hacer su agosto. Sin embargo, la terapia espiritual que verdaderamente funciona es gratis y no cuesta nada. Solo se necesitan de una profunda fe, aceptar a Dios y practicar todos los días.

La mayoría de los cristianos, que se guían por la Santa Biblia, sabemos que las sanaciones suceden todos los días. Basta leer la palabra, hacer las peticiones a Dios y confiar en el resultado. Las promesas de Jesús se cumplen indefectiblemente.

Ahora bien, en Hawaii se practica el Ho oponopono, un arte ancestral de sanación, que en la actualidad se difunde por todo el mundo. Un tesoro viviente de Hawaii, Mornah Nalamaku Simeona, fue quien presentó en 1983, ante la ONU, esta sabiduría, de más de 5.000 años. A partir de entonces, este método ha recorrido el planeta, siendo muchos los beneficiados.

¿En qué consiste el ho oponopono, básicamente? Es una técnica muy sencilla que se basa en viajar hacia nuestro interior, procurando borrar todos los recuerdos del pasado, que nos hacen daño. Se trata de limpiar y purificar el alma de elementos tóxicos que nos impiden ser libres, auténticos y felices. Esos lazos kármicos, que marcan nuestra identidad, tienen que ser borrados para vivir una existencia más plena. Todos los días hay que realizar un ejercicio usando las cuatro palabras: perdóname, lo siento, gracias, te amo. En síntesis, al ponernos en conexión con la Divinidad, Dios o energía cósmica, sentimos una paz y una salud espiritual extraordinaria. Para ello hay que pedir perdón por las faltas, los errores y los pecados cometidos, con el prójimo y con Dios. Agradecer profundamente por todas las cosas y manifestar, con la boca y el corazón, el amor.

Incorporar este arte de sanación tan simple trae grandes beneficios personales. Cura las heridas emocionales y mentales que pudieron dejarnos los antepasados. Miedos, fobias, traumas, complejos, culpas o fracasos. Con energía saludable y positiva podemos ser nuevas criaturas. Buscando la verdad, la libertad, la identidad, para crecer y evolucionar como seres humanos. Tenemos que entender que somos un continente y no islas. No podemos vivir separados uno del otro, porque Dios nos creó a su imagen y semejanza. Para llegar a la perfección y la armonía debemos abrir el alma, sacando todo lo impuro y llenando el espacio, con vital energía. Todo el ser se renueva con esta terapia y el espíritu salta de alegría, paz y gozo. Perdóname, lo siento, gracias, te amo.

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