Los desequilibrios de Brasil en Itaipú

El pasado 24 de febrero de 2015 la Moody’s, una agencia calificadora de riesgos, redujo los pronósticos para el repago de la deuda de Petrobras de Brasil a una calificación de bonos basura –junk–. El 15 de abril de 2015 el director financiero paraguayo de la IB, Miguel Gómez, anunció que la perspectiva de calificación de la IB fue revisada por la Fitch, que pasó de estable a negativa, aunque manteniendo la calificación de grado de inversión. Cuando cambia la perspectiva –outlook– el paso siguiente es bajar o mantener la calificación. En una calificación de riesgo tiene importancia quién es el accionista mayoritario, si es un holding de empresas o un país soberano. En este caso, la situación brasileña tras el escándalo de la Petrobras y las perspectivas poco alentadoras de crecimiento de su economía afectan la calificación.

Las altas tasas de interés prevalecientes en el Brasil tienen un efecto sobre el consumo interno, pero el temor a la inflación descontrolada hace que las autoridades del Banco Central se muestren reticentes a adoptar la medida de reducirlas. Eso supone que los consumidores sentirán el encarecimiento. Existen pocas otras fuentes para compensar a la demanda interna y a las inversiones que podría haber generado Petrobras, cuyo efecto sería del 1% en la reducción del PIB.

El caso no es que Brasil tenga un mal año, sino que quede estancado en el proceso. La calificadora de riesgo Fitch colocó a Brasil un punto por encima de la categoría de junk, aunque tiene mayor deuda, mayores déficits y tasa de interés más alta que los países en esa categoría. Si el crecimiento se desvanece, una reducción de la categoría es muy posible; elevando los costos de la deuda aún más. Por el lado de las empresas brasileñas, que incrementaron su nivel de endeudamiento en un 23% en los últimos 5 años, una quinta parte se enfrenta a una disminución de su calificación, en muchos casos, en forma inminente.

En caso de que el real se siga depreciando, afectará el tipo de cambio y afectará la tarifa de la Itaipú, que se mantiene estable desde hace más de 5 años, con anuncio de ajustes para el ejercicio 2016, dada la situación generada por el tipo de cambio (con una mayor devaluación del real se requieren más dólares para cubrir los gastos operativos del lado brasileño; en el lado paraguayo, se requieren menos dólares).

En este frágil escenario, la IB plantea la búsqueda de recursos para financiar la actualización tecnológica, una acción que debería formar parte de su estructura de costos. Sin embargo, el argumento utilizado para no hacerlo es para no afectar el precio de la tarifa –y el cronograma para el pago de la deuda–.

¿Qué significa “no aumentar la tarifa” y endeudarse?

Aproximadamente US$ 500 millones requiere la IB para realizar la actualización tecnológica de los equipos que han cumplido su vida útil. Entre las alternativas de endeudamiento que se discuten se encuentra la contratación de un préstamo o la emisión de bonos en el mercado internacional. Previendo esta alternativa, la IB solicitó la calificación de su grado de inversión, que según Fitch es BBB para moneda extranjera, con tendencia negativa.

En este caso, y considerando lo expuesto anteriormente, no parece ser el momento para salir a emitir bonos, pues la sombra del frágil desempeño de la economía brasileña genera interrogantes a los inversionistas extranjeros, no muy contentos con el escándalo de Petrobras. Si pese a este escenario las autoridades persistiesen en la idea de lanzar los bonos, la hidroeléctrica volverá a cargar al proyecto de adecuación tecnológica el “costo Brasil”, aunque la hidroeléctrica tenga riesgo cero como entidad. El riesgo país de Brasil es factor fundamental para la tasa de interés. Un efecto castigo importante, que se sumaría a la “experiencia de vida” de la hidroeléctrica, donde las altas tasas han sido la constante.

gladysbenegas@tigo.com.py

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