Haciendo un paralelismo podemos pensar que es posible armar una maqueta política del país; inclusive, con un poco más de esfuerzo podemos encontrar que algunos municipios o determinadas zonas del país ya cumplen el papel de maquetas construidas por un grupo de personas al frente de instituciones o enarbolando determinadas ideas de Estado. Tal como son actualmente estos municipios o regiones, son las maquetas de lo que se puede llegar a construir a nivel nacional en el futuro.
En política se pueden construir maquetas reales a escala reducida, o a dimensión macro. Son una prueba, un ensayo; pero como en la política el trabajo es con personas, instituciones y relaciones sociales, construcción de valores o destrucción de los mismos, la maqueta es –como en la arquitectura– también una representación real de algo ya construido, que tiene autores e inspiradores, no se construye por sí sola.
De ahí que el maquetista político no necesita tanto de la habilidad manual del maquetista de arquitectura sino de una capacidad de visión para ubicar los elementos de una sociedad a ser representados. En otras palabras, el maquetista político debe tener el talento de construir mentalmente un modelo de municipio, de región y de país, funcionando en un contexto internacional, en el marco de una cadena de valores, normas e instituciones democráticas.
Su habilidad debe consistir en armar una propuesta de “edificio humano” mediante una comunicación clara de modo que quienes lo siguen puedan ver, sin tener nada a la vista, una maqueta construida con la palabra y sus herramientas, el discurso, los medios de comunicación, las redes sociales. Es decir, debe poder construir el sueño de una nación que busca vivir en paz, en libertad, en desarrollo y con justicia y oportunidades para todos, de modo que cada uno pueda tomar la decisión correcta de encontrar el camino de llegar a esa meta.
Hace 27 años nuestro país está en refacción permanente, consecuencia de malas decisiones tomadas en el pasado por un solo constructor, que se autodenominó reconstructor. Desde la caída de la dictadura han mejorado aspectos de la construcción, especialmente la fachada, aunque algunos espacios son aún compartidos por elementos comunes del pasado y otros que francamente han desmejorado, como por ejemplo en el aspecto de la seguridad ciudadana.
En todo este tiempo de refacción, hay municipios que se han convertido en verdaderas maquetas fallidas de lo que podría llegar a ser el país, como por ejemplo los casos de Capitán Bado, Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero, ciudades con maquetas teledirigidas por familias vinculadas al narcotráfico u otros negocios turbios de la frontera.
En estas pequeñas, medianas y grandes ciudades, la ciudadanía tiene la maqueta de lo que puede llegar a ser la República del Paraguay en los próximos años si persiste en su actitud permisiva con respecto al uso discrecional del poder por parte de personas elegidas para gobernar, para impartir justicia o controlar.
Es hora de poner fin al proceso precario de refacción institucional del Paraguay donde gana terreno la violencia, la ilegalidad, la desigualdad y la indecencia. La ciudadanía de hoy ya está en condiciones de exigir un ambiente saludable y moderno, en base a una maqueta hecha por políticos de talento con visión democrática y conducta ética. De eso se trata nuestro próximo desafío, el de saber elegir el modelo de país que queremos, y premiar con nuestros votos a quienes sean capaces de hacerlo en representación de la sociedad. La arquitectura política de nuestro país depende de si queremos seguir refaccionando o construir algo nuevo, como debe ser.
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