Los 21 años de vigencia de nuestra Carta Magna, cumplidos el jueves, pasaron en silencio como suelen pasar los aniversarios de acontecimientos relevantes.
La Convención Nacional Constituyente de 1992 tiene, entre sus hechos memorables, haber dado al país la primera Constitución debatida en libertad después de la de 1870, aunque esta se llevó adelante bajo la mirada de los ejércitos de ocupación y una patria humeante que procuraba sacudirse de la tragedia, que fue inmensa. No obstante, la ciudadanía recuperó sus derechos de ser libre.
La Constitución de 1870 fue sustituida por la de 1940 después del autogolpe de Estado del 18 de febrero del mismo año. No se convocó al pueblo para instalar una Convención Nacional Constituyente. La nueva Constitución se promulgó por decreto del 10 de julio y sometida a un plebiscito el 4 de agosto. Su juramento fue el 15 de agosto de 1940 y su vigencia estuvo precedida por estas palabras:
“Yo, José Félix Estigarribia, presidente de la República del Paraguay, decreto y sanciono: Art. 1º etc., etc.
Esta Constitución, conocida también como Carta Política del 40, fue sustituida por la de 1967 en la que intervinieron los representantes de los cuatro partidos políticos reconocidos por el Gobierno: Colorado, Liberal, Liberal Radical, Revolucionario Febrerista.
Dos cosas sobre esta Constitución: 1) La elección de convencionales para la magna asamblea y los debates se llevaron a cabo sin que el Gobierno de Stroessner levantara el estado de sitio; 2) El estado de sitio, establecido en el artículo 79, anulaba todos los derechos y garantías del ciudadano; pues en virtud de ese artículo, la autoridad administrativa sometía a la autoridad judicial que se declaraba incapaz de intervenir a favor de las víctimas.
Una década después, el 10 de marzo de 1977, otra Convención Nacional Constituyente –esta vez sin la participación de los opositores– modificó el artículo 173 para que Stroessner gobernase a perpetuidad.
Ahora, como otras veces, reaparece la intención de una nueva Carta Magna. Se quiere otra cuando somos incapaces de cumplir la actual ni acordarnos siquiera de su aniversario. Es más, es posible que muchos ciudadanos desconozcan la Constitución por lo que ignoran sus derechos y obligaciones.
¿Una nueva Constitución? Tal vez algunos de sus postulados necesiten ser actualizados o suprimidos, pero no como, al parecer, pretende el presidente electo, Horacio Cartes. En su edición del sábado 15 pasado, este diario nos informaba que “HC cedería Diputados (la presidencia) al PLRA por Constituyente”. El periodista menciona como fuente a voceros de dicho partido político.
El señor Cartes desea una nueva Constitución por la vía del prebendarismo; y si el PLRA quiere un cargo en el Congreso, o en cualquier otra entidad del Estado, bajo esas condiciones, comprometería los destinos nacionales marcados por la Constitución.
Cuando se llegue a un acuerdo para la Asamblea Constituyente, que sea por el camino del convencimiento libremente expresado. Si ahora el PLRA se empeña, por algunos cargos, a patrocinar la idea de Cartes, es de suponer que en la Asamblea comprometerá sus votos por cualquier disposición que se le dicte a cambio de otros privilegios.
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