¿Vendrá Neneco?

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Ningún gobierno como el actual ha recibido tanta presión con respecto a la narcopolítica, no porque el fenómeno sea nuevo o haya surgido en coincidencia con su período sino porque el asesinato de nuestro corresponsal Pablo Medina hizo que la atención se focalizara sobre el tema. Es por eso que mientras Cartes no ponga todo el esfuerzo, la voluntad y la inteligencia necesarias para solucionar el caso, su gestión se verá aún más opacada, cuestionada y finalmente agotada.

No obstante es oportunista sostener que este es el gobierno de la narcopolítica o que la democracia permitió el desarrollo de la misma, pero es una gran verdad afirmar que la narcopolítica sobrevivió a todos los gobiernos, democráticos y no democráticos, colorados o no y si bien compromete mucho más que a otros al partido de gobierno, tampoco se puede decir que los gobiernos no colorados procuraron por todos los medios combatirla, porque no fue así.

Vayamos por parte; desde el año 1965 Paraguay aparece ligado al tráfico de drogas cuando se supo que Lucien Darguelles (Joseph Ricord) era el jefe de la Conexión Latina en el contrabando de heroína. Su cargamento destinado a Estados Unidos tenía protección de autoridades paraguayas a través del contacto Enio Varela que operaba en el hampa.

Las investigaciones divulgadas al respecto vinculan a ambos personajes y a generales paraguayos de la dictadura en el contrabando de cigarrillos, whisky, electrodomésticos, armas livianas, prendas, a los que finalmente se sumó droga en aviones y pistas particulares de militares.

Ricord vivía en Asunción desde fines de 1967, y en Nueva York cayó un cargamento de Enio Varela cuyo abogado Cecilio Fleitas, en 1971 llevó el dinero para la fuga. Varela eludió los controles de aeropuertos y aduanas, volvió a Asunción y fue a parar a Tacumbú. Contrató como abogado al diputado Roberto Velázquez Escobar y se inició entonces un proceso con trasfondo político.

Paraguay detuvo a Ricord pero se negó a entregarlo a la justicia norteamericana que lo reclamaba por introducir heroína por valor de 2.500 millones de dólares. Pero como Stroessner no se decidía se le vino encima la influyente prensa norteamericana con la denuncia del prestigioso columnista Jack Anderson, quien involucró a ministros y altos jefes militares de Paraguay con la Conexión Latina.

Anderson vinculó con el negocio de las drogas al entonces canciller Raúl Sapena Pastor, Andrés Rodríguez, Pastor Coronel, Patricio Colmán, Sabino Montanaro, Francisco Alcibiades Brítez, Leodegar Cabello, Hugo González, Vicente Quiñónez, entre otros. (Crimen organizado en Paraguay. A.Miranda).

El periodista, quien afirmó que su informe se basa en datos de la CIA, dijo haber entregado la lista personalmente al embajador paraguayo en Washington, Roque Ávila, debido al interés manifestado por el presidente Stroessner en supuestamente desbaratar el tráfico de narcóticos.

Ante la posibilidad de que Nixon cortara la asistencia militar, Stroessner metió la mano en la justicia e hizo que Ricord fuera extraditado finalmente. Sin embargo, pese al informe de la CIA filtrado por Anderson, sobre la complicidad de altos funcionarios, ninguno de estos fue procesado solo porque EE.UU. no estaba interesado en hundir a un buen aliado anticomunista.

Hoy, la película es diferente pero parecida. Somos nosotros lo que necesitamos la extradición de un bandido desde Brasil y tal como lo vimos en la experiencia histórica, el tráfico de drogas es un tema transversal en las relaciones exteriores. A un pez gordo no se lo entrega así tan fácilmente sin que vomite antes todo lo que sabe y sin hacer un repaso de los intereses que están en juego entre ambos países, menos aún cuando de un lado se sabe a ciencia cierta cuán grave es el involucramiento de líderes políticos en la cuestión a ser resuelta.

Por eso no creo que Neneco sea entregado tan fácilmente sin que antes la embajada de Brasil en Paraguay opine ante el Planalto y desde ahí se den las orientaciones a seguir.