Y entonces, ¿qué es política?

Este artículo tiene 12 años de antigüedad

Si política fuera lo que hacen los políticos, al ver lo que están haciendo muchos de nuestros políticos, tendríamos que incluir en el diccionario de la política un nuevo concepto.

Porque lo que están haciendo muchos de nuestros políticos es luchar para conquistar el poder, instalarse en el poder y usar el poder para aprovecharse fraudulentamente del poder y del dinero del Estado para su propio beneficio, el de sus familiares y el de aquellos a quienes deben o quieren regalarles favores y servicios personales. Y eso no está como concepto de política en ningún diccionario, ni monografía sobre qué es política.

Esos delitos están en los análisis sobre la ética política y están calificados simple y directamente como corrupción y perversión de la política, que deben ser corregidas enérgicamente en toda sociedad o comunidad donde se haya infiltrado ese cáncer demoledor de la justicia, la equidad y la convivencia pacífica.

La historia del pensamiento político es apasionante. Revela paso a paso a través de los años y los siglos la búsqueda de la humanidad por encontrar el mejor sistema de organización de los seres humanos reunidos en comunidades, en ciudades, en naciones, en regiones y en convivencia mundial para gozar las máximas ventajas de la convivencia con los menores problemas y conflictos posibles, en beneficio de todos.

Los documentos más antiguos conocidos sobre política pertenecen a la antigua civilización egipcia. Hacia el año 2.200 antes de Cristo, los faraones Merikara y Amenemes I dejaron por escrito a sus hijos enseñanzas sobre el arte de gobernar.

Y el tratado más antiguo sobre el arte de gobernar fue compilado por Kamandaki, en la India, en el siglo VIII antes de Cristo (Ennio Pintakuda, 1994, 17ss).

Desde entonces hasta ahora hay una cadena continua de sabios pensadores que han ido enriqueciendo con elementos sustanciales la comprensión de la política en sí misma y de múltiples formas de analizar sus posibles formas de realizarla. La trascendencia de la política para la vida y felicidad de los pueblos ha provocado la investigación y el apoyo de otras ciencias que contribuyen a descubrir su valor y sus implicancias para la vida de los ciudadanos. Por eso hablamos no sólo de la política como ciencia, sino de las ciencias políticas que la refuerzan interdisciplinarmente.

Inspirándose en el núcleo germinal del concepto de política, hace apenas un siglo, Maximilien Emile Littré definió la política como “ciencia del gobierno de los estados”. Como comenta Pintacuda (1994,84), Littré entiende por gobierno los instrumentos del mismo, junto con los organismos del aparato estatal.

Más todavía, el gobierno conlleva la lucha por conseguirlo, el proyecto político y el modo de llevarlo a cabo, las fuerzas opuestas a las que hay que vencer y la búsqueda del consenso que hay que obtener.

Entre las conquistas de la ciencia política se ha logrado incorporar explícitamente en el concepto de política la dedicación al desarrollo y servicio del bien común, de los bienes que son de todos y para todos.

El parcial despegue de cierta y limitada transparencia que en las últimas semanas se está logrando, gracias a la presión de la ciudadanía y al servicio de los medios de comunicación social, está demostrando que el nivel de nuestra cultura general en el ámbito de la política es muy pobre.

No tendría por qué ser de otra manera teniendo en cuenta nuestros antecedentes educativos. Los años de dictadura han dejado su huella, impidiendo la organización de la ciudadanía, la información, la formación política, hasta el extremo de estar prohibido enseñar la Constitución Nacional en las escuelas. Se cerraron las facultades de sociología y ciencias políticas.

Estamos tardando en tomarnos en serio dentro del sistema educativo la educación cívica y ética y nos hemos acostumbrado a llamar político a cualquiera que trabaja como operador político para conseguir votos y con ese mérito y con aporte de dinero ya tiene buen pasaporte para entrar en las listas sábanas de candidatos a cargos políticos, incluso nada menos que en el Congreso Nacional.

¿Con qué formación política? ¿Con qué conocimientos y competencias verdaderamente políticas? Lo que hacen muchos de nuestros políticos, ciertamente no es política.