El encuentro, motivado, preparado y desarrollado por el director de la Senad, fue en noviembre del año pasado pero solo ahora sale a la luz, después del escándalo de los combustibles en la Policía, de la detención del supuesto narco Carlos Sánchez y las dudas sobre las circunstancias de la muerte del capitán Enrique Piñánez en el norte, tres eventos que desnudan el altísimo nivel de corrupción en la Policía y la Senad, dos instituciones encargadas de la seguridad.
Rojas armó la reunión en la sede de la Senad con presencia de los senadores Arnaldo Giuzzio, del opositor PDP, y Arnoldo Wiens, de la disidencia colorada, pero en ningún momento consideró oportuno poner al tanto a la Fiscalía o por lo menos informar a su superior directo, el presidente Horacio Cartes. Le pareció más conveniente hacer todo por fuera, justificando su decisión en una supuesta autonomía para hacer este tipo de operativos.
Más allá de que es altamente cuestionable que Rojas mantenga cautivo en un centro de detención irregular a un procesado, lo que no está claro es cómo un subordinado no informa de un encuentro de este tipo, altamente comprometedor, a la máxima autoridad del país, del cual depende directamente.
Todo indica que Rojas juega sus propias cartas sin responder a nadie y que de algún modo sostenía alianzas con sectores de la oposición. Solo así se explica que la reunión haya sido mantenida en secreto.
De hecho, el día en que se conoció la grabación el viceministro de seguridad acusó a Rojas de operar libremente y de pretender quedarse con el Ministerio del Interior.
Solo eso explica también por qué dos senadores, que deberían haber puesto al tanto del encuentro a la Fiscalía, operaron por fuera y, aún cuando grabaron la conversación donde se hacían graves acusaciones, no informaron a la justicia de todo lo tratado. Dos senadores de la República incumplieron claramente su deber de informar sobre hechos ilícitos y, lo que es peor, optaron por mantenerlos en secreto. De hecho, hasta hoy el senador Giuzzio, quien en sus tiempos de fiscal era un cruzado de la transparencia, se niega a hacer pública toda la grabación. Claramente hoy las necesidades políticas son diferentes para el exfiscal.
Está claro que el objetivo de la conversación era recabar información para, llegado el momento, utilizarla como un arma política. Eso explica por qué solo ahora, después de casi siete meses, se conocen de la reunión y parte de lo conversado.
De hecho la entrevista no hubiera salido a la luz si no fuera por Carlos Sánchez, el supuesto narco detenido semanas atrás, quien, apretado por la situación, optó por mostrar cómo realmente operaba el narcotráfico en la política y en el Gobierno.
La administración del presidente Cartes camina al filo del precipicio. La filtración de la reunión secreta de funcionarios del Gobierno con sectores de la oposición es apenas la punta de la enorme serie de contradicciones internas que amenazan seriamente su futuro. La maniobra de Rojas guiando a un narcotraficante para implicar a un funcionario del Gobierno es una muestra de las decenas de disputas internas que se repiten a diario en distintas instituciones.
La fuga de presos en Pedro Juan Caballero y el ataque en pleno día a un móvil que trasladaba a presos de Ciudad del Este en la mañana de ayer no son hechos aislados. Todo forma parte de un esquema que busca crear una situación de conflicto y zozobra permanente, poniendo en duda la capacidad de los organismos de seguridad.
Todo apunta a maniatar al Gobierno para obligarlo a negociar. En ese esquema la presión permanente desde el Congreso es fundamental.
El Ejecutivo hasta ahora parece no dimensionar realmente los alcances de la enorme maquinaria de presión que empezó a operar desde hace algún tiempo. Eso explica cómo situaciones tan explosivas, como el caso de la grabación, siguen sin tener una respuesta contundente.
El entorno más cercano al Presidente de la República vive ensimismado en su buena imagen internacional y en los anuncios de obras inmensas que en la práctica no existen. Optan por aislar a Cartes para mostrarle solo lo bueno, dejando de lado los temas que pudieran irritarlo.
No comprenden los tiempos de la administración del Estado y lo confunden con la gestión empresarial.
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