La “tijera” de Hacienda

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La Universidad Nacional ha sufrido un recorte en el Presupuesto General de la Nación para el año próximo. La ministra Lea Giménez afirmó que no es un recorte, pero sí lo es en la medida que la UNA no podrá invertir, realizar contrataciones ni ajustar los salarios en un país donde, como ironizó editorialmente 5 Días, gran parte de los funcionarios sin cualificación (por ejemplo un “gerente de fotocopias”) ganan más que un catedrático.

El PGN es mucho más que un instrumento administrativo y político; constituye una señal inequívoca de qué temas son prioridad y cuáles otros no les interesan a los gobiernos que los elaboran y a los parlamentos que los corrigen y aprueban. 

Miren a dónde va la “tijera de Hacienda” y sabrán qué es insignificante para el gobierno de turno. Miren donde los parlamentarios no inflan el presupuesto y sabrán qué es lo que no les preocupa a la mayoría de los legisladores. Es obvio que la enseñanza universitaria no es una prioridad para ellos, sino todo lo contrario. 

Por desgracia, desde el 2015 las autoridades académicas de la Universidad Nacional han perdido autoridad moral para protestar eficazmente, tras haber conseguido ahogar en el oparei las demandas de “UNA, no te calles” sin atender cabalmente ni una sola de las reformas propuestas por los estudiantes. 

Resulta inevitable que, con tales antecedentes, el ciudadano medio piense con buenos motivos que los estudiantes estaban pidiendo más calidad de educación y menos corrupción; pero en cambio los responsables de conducir la más importante institución de educación superior del país solamente quieren más dinero, a ser posible sin nada de control. 

Sin embargo, es una desgracia que desde el poder político se esté propiciando y promoviendo que la enseñanza superior del Paraguay, que ya es una de las peores del mundo, siga descendiendo en caída libre. Es un crimen, por más que las autoridades académicas sean, en mayor o menor medida, cómplices y corresponsables de tal deterioro. 

Sabemos todos que sin una educación de calidad no existe desarrollo económico ni bienestar social sostenible. Lo saben incluso los más ignorantes de nuestros políticos, que por eso no paran de mencionarlo en sus discursos, pero evitan a toda costa responder preguntas o realizar propuestas de verdad sobre políticas educativas, preguntas que de todas formas los periodistas tampoco realizan a menudo. 

La educación, por desgracia, aunque con honrosas excepciones, no es tampoco una prioridad en la agenda del periodismo paraguayo que, más preocupado por lo urgente que por lo importante, solo se ocupa cuando hay noticias puntuales, escándalos de malversación, derrumbe de techos, etc., que son importantes, pero no hacen al fondo del problema educativo que está poniendo en riesgo el futuro del país. 

Hasta al ministro de Educación le preguntan más veces por los entretelones de las campañas electorales y los internismos de los movimientos políticos que sobre educación. Los políticos jóvenes y que (al menos según sus currículum) tienen ellos mismos una buena formación académica, como es el caso de Mario Abdo y Santiago Peña, tampoco dan la más mínima señal de estar preocupados por la educación y solo dicen vaguedades del estilo “la mejoraremos” o “hay que dignificar a los docentes”… ni un “cómo”, ni un “cuándo”, ni un “con qué recursos” ni un “esto es lo que voy a hacer cuando gane”. 

La educación no les interesa ni siquiera lo suficiente para mentir eficazmente sobre ella, como lo hacen con la salud pública, con la política de vivienda o con la inseguridad ciudadana; se limitan a repetir como loros ñoñerías insignificantes, frases hechas adocenadas y sin contenido. 

El Paraguay necesita una buena universidad, el Paraguay necesita una educación superior de calidad, el Paraguay necesita más y no menos recursos destinados a la universidad (también más control y que unos cuantos malversadores se vayan a la cárcel unos cuantos días más de los que estuvo Froilán Peralta). 

En consecuencia, cualquier recorte a los presupuestos es un daño grave al porvenir del país, que podría calificarse en el mejor de los casos como negligencia y en el peor como un verdadero atentado contra los intereses y el futuro de todos los paraguayos.

rolandoniella@abc.com.py