El doctor Miguel Ángel Soler desapareció el 29 de noviembre de 1975. En el libro Fallos Judiciales sobre casos de violaciones de DD.HH., del doctor Rodolfo Manuel Aseretto, se relata que hasta ese día ejercía, en la clandestinidad, dentro de nuestro país, el cargo de secretario general del Partido Comunista Paraguayo (PCP).
Señala que los elementos de la represión consiguieron ubicar su domicilio (Villa Morra) y hasta allí se dirigieron en horas de la noche. Varios presos vieron cuando Soler ingresaba al Departamento de Investigaciones y escucharon las brutales torturas que sufrió este dirigente político. Pocas horas después de haber sido detenido, fue asesinado por el propio Pastor Coronel, jefe de Investigaciones.
A pesar de los pedidos y exigencias de los organismos internacionales, el gobierno nunca se hizo cargo de este arresto.
Soler fue líder estudiantil, ocupando los principales cargos de las organizaciones estudiantiles. Perteneció al Partido Revolucionario Febrerista, dentro del Bloque de Liberación Nacional, sector progresista del febrerismo. Posteriormente ingresó al Partido Comunista Paraguayo, donde luego de las divisiones internas de este partido pasó a ocupar la secretaría general.
Según su hijo, el doctor Adolfo Soler, su padre era una persona compleja. Tenía gran sentido del humor. Atrapaba la atención, decía cosas interesantes. “Lo conocí cuando le visitamos con mi madre y mi hermana Carol estando preso en la comisaría Tercera”.
“Estando confinado en el kilómetro 180 del Chaco paraguayo, logró escapar caminando cientos de kilómetros de desierto. Nos volvimos a encontrar en Clorinda, Argentina, en donde se reunificó la familia”, dice.
Vivía como pensaba, era austero. En otras circunstancias hubiera sido un monje trapense. Las posesiones familiares lo incordiaban. Padeció el exilio, fue amigo de Elvio Romero. a las 7 de la mañana ya participaba de reuniones políticas. Tenía una disciplina espartana. Tuvo gran apoyo de su hermana Carmen, poeta acerada; Lali, la constancia y el estoicismo que aún conserva; Yoyi, la ternura y el sostén de la madre en los años difíciles.
Soler leía mucho sobre política, filosofía y novelas, un paraguayo hasta la médula, acérrimo. Su esposa, Mercedes Soler, eterna enamorada, lo buscó infatigablemente hasta partir a la eternidad.
En este caso están condenados Pastor Coronel, Lucilo Benítez y Juan Martínez, a 16 años y 6 meses.
