Mafioso no es solo el que tiene un arma, también puede ser un juez

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CIUDAD DEL ESTE. La imagen habitual de un mafioso está asociada con un hombre con armas en la mano. En realidad, el comportamiento determina la integridad de una persona. Un juez que libera a narcotraficantes a cambio de un pago ilegal es un mafioso; lo mismo un magistrado que extorsiona a cambio de dinero. La prostitución de la justicia fortalece la mafia en CDE.

Ciudad del Este atraviesa una grave crisis económica; los compradores brasileños ya no vienen en el número en que lo hacían, y las calles se encuentran vacías.

Los negocios están repletos de mercaderías que no tienen salida. Una vuelta por las calles principales es suficiente para comprender la magnitud del problema.

Seis meses atrás, en coincidencia con el endurecimiento de controles en el Brasil, se pensó que era cuestión de esperar que se retiren los agentes federales para que todo vuelva a la normalidad.

El paso de las semanas se está encargando de demostrar que la situación actual es completamente diferente a otras anteriores. El Gobierno brasileño tomó una decisión simple: bajó los impuestos a teléfonos celulares y equipos de informática.

En estas condiciones, Ciudad del Este pierde su principal atractivo. Ya no existe una diferencia de precio que justifique llegar hasta el Paraguay.

¿El fin de Ciudad del Este? No, pero indudablemente hay señales claras de su declive y en estas condiciones la crisis golpea por igual a santos y pecadores.

Una ciudad bajo control mafioso

La disminución de las ventas significa que los funcionarios de Dinac no tienen el mismo movimiento de mercaderías en el aeropuerto Guaraní; tampoco los inspectores de Aduanas pueden negociar en las mismas cantidades los productos que salen en frío.

Los agentes de la Policía Nacional no tienen suficientes turistas para extorsionar y los inspectores de la Policía Municipal de Tránsito tienen menos víctimas para estafar con las multas.

Algo similar está sucediendo con los magistrados del Poder Judicial que se nutren de las extorsiones de abogados que defienden marcas, quienes se enriquecen gracias al chantaje impuesto a través de la ley.

Los funcionarios públicos que llegan a Ciudad del Este lo hacen con la misión de enriquecerse y también acrecentar el dinero de sus padrinos en Asunción.

No se llega a Ciudad del Este para trabajar, se llega para juntar plata como sea y de donde sea, sin importar los medios.

El resultado es la imposición de un sistema mafioso y la consecuencia es la pérdida de soberanía por parte del Estado paraguayo.

Cada juez, cada policía, cada militar que pacta con la mafia, termina siendo parte de un grupo mafioso que se fortalece con la ausencia del Estado.

Fortalecimiento de la mafia

La perversión llega a tal punto que la misma dirigencia política nacional instala a dirigentes cercanos al poder en puestos claves en Ciudad del Este. La fidelidad y la obsecuencia partidaria se premian con la posibilidad de enriquecimiento ilícito.

En este contexto, Ciudad del Este se convierte en tierra de nadie: aquellos funcionarios que tienen la misión de defender las instituciones de la República llegan aquí para dedicarse a ilícitos.

Los principales aliados en las actividades mafiosas son los mismos funcionarios encargados de combatirlas. Las instituciones no pasan de una mera presencia formal porque sus funcionarios tienen un comportamiento abiertamente delictivo.

Lo peor es que los mismos funcionarios del Poder Judicial, responsables de imponer la ley, obtienen beneficios con la extorsión y cuanta actividad ilegal pueda imaginarse.

Corrupción y funcionarios venales siempre existirán, pero un sistema mafioso que retira la fuerza del Estado termina siendo un cáncer dentro de las mismas instituciones.

¿Reconvertir a Ciudad del Este? ¿En qué? Mientras la ley y la justicia sigan ausentes, es imposible esperar que esta urbe pueda tener una oportunidad.

¿Acaso el cáncer de la mafia se limitará a Ciudad del Este? Cuando esta ciudad no rinda los mismos frutos, simplemente irán a Asunción. Es cuestión de tiempo.

roque@abc.com.py