La Pascua desde sus orígenes

La celebración en torno a la Pascua cristiana quedó fijada en el Concilio de Jerusalén entre los años 50 y 51 de nuestra era. Desde entonces es una de las mayores celebraciones de la cristiandad. Ahora el motivo de alegría es doble por la vuelta presencial a los templos tras dos años de restricciones por la pandemia. ¡Aleluya!

El Señor de las Palmas durante la celebración del Domingo de Ramos en Luque.
El Señor de las Palmas durante la celebración del Domingo de Ramos en Luque.NERY SANABRIA

El Domingo de Ramos marcó el inicio de la Semana Santa con la celebración de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Una multitud se agolpó a los templos de Asunción y en diferentes ciudades del interior con los penachos de palma entrelazados con siemprevivas y romero. Las calles se llenaron de espíritu juvenil y creatividad con las representaciones de las escenas de la vida y pasión de Cristo a cargo de los estudiantes.

La Pascua cristiana tiene su origen en la Pascua judía, cuando los israelitas festejan la salida del pueblo judío del largo periodo de esclavitud en Egipto. Ahora bien, ¿cuándo se estableció esta solemne celebración?

Fue en el “Concilio de Jerusalén”, que es el “primer Concilio de la Iglesia, celebrado en los años 49 ó 50″, en que primó la idea de que “no debía imponerse a los conversos cristianos la observancia de la Ley de Moisés y así lo anunció expresamente el jefe de los Apóstoles, Pedro, y fue aprobado por todos. Era el principio de la libertad cristiana”, dice el P. Bernardino Llorca, S.J. en su libro Compendio de la Historia de la Iglesia Católica.

Celebración móvil vs. fija

Stephan Vysokolán, en un artículo publicado en los años setenta en ABC Color, refiere que la conmemoración se estableció en el Concilio Apostólico del año 51 para celebrar la resurrección de Cristo y defendió su carácter móvil. El texto obedeció a una idea que había sido propuesta en ese tiempo para establecer una fecha fija citando que la idea fue lanzada por el entonces presidente del Secretariado para la Unión de los Cristianos, cardenal Ian Willenbrands (1909-2006), quien propuso la festividad para el domingo después del segundo sábado de abril.

“Extraña e inadmisible recomendación del alto prelado de la Iglesia Católica”, dice Vysokolán y detalla sus argumentos evidenciando su erudición en temas del calendario.

“La fecha de Pascuas fue establecida con toda precisión y por todos los siglos en el Concilio Apostólico celebrado en Jerusalén en el año 51 en que asistían los apóstoles de Cristo y la Virgen María. En ese concilio se ordenó festejar la Pascua de Resurrección del Señor Jesucristo el domingo inmediato después de la Pascua hebrea”, escribe.

Con referencia a la Pascua judía, menciona que la solemne fiesta dura ocho días: “Comienza el viernes 14 de Nisan, con la puesta del sol, en el calendario lunar hebreo y en el calendario solar juliano. Estas fechas pueden caer entre el 21 de marzo y 24 de abril, y en el calendario gregoriano, entre el 4 de abril y el 7 de mayo”.

Explica que “la Pascalia hebrea fue establecida por Moisés y su fecha se basa en la fase de la luna, que debe ser idéntica como en aquella noche de viernes a sábado cuando Israel salió de Egipto. Quiere decir luna creciente y la luna llena no debe caer en los días miércoles, jueves, viernes ni sábado. Y de esta forma los judíos festejan su Pascua desde su aparición en Sinaí (...). Corría el mes de marzo del año 33 en el calendario juliano cuando el Señor Jesucristo fue a Jerusalén para conmemorar la Pascua”.

El escrito de Vysokolán añade que “el sábado 22 de marzo, sábado de Lázaro, después de resucitar en Betania a Lázaro, muerto cuatro días antes, nuestro Señor Jesucristo hizo su triunfal entrada en Jerusalén, vitoreado por el pueblo: Hossana, hossana, hijo de David. El miércoles 26 de marzo, Judas Iscariote recibe 30 denarios de los jerarcas judíos para entregar a ellos a su maestro. El jueves 27 de marzo, Jesucristo come con sus apóstoles en la última cena. Ese mismo día establece el sacramento de la Eucaristía y en Getsemaní es entregado por Iscariote a los guardias de Annas y Caifás”.

En sus estudios del calendario, el autor describe que “el día viernes 28 de marzo del año 33, no obstante todos los esfuerzos de Pilatos en poner en libertad al Nazareno, ante los gritos de crucificatur, sangre de él está sobre nosotros e hijos nuestros, el tetrarca romano entrega a Cristo para que sea crucificado en el monte Gólgota. El Cristo expiró en la cruz, alrededor de las cuatro de la tarde”.

“El tercer día domingo 30 de marzo, Cristo resucitó de los muertos, constituyéndose este hecho en la pieza inconmovible de la fe cristiana. ¿Cuál era la razón del Concilio Apostólico del año 51 recordado solemnemente por la Iglesia Católica en 1951. Después de Pentecostés la fe cristiana se difundía por el mundo y en Palestina miles de judíos abrazaron la fe de Cristo, pero se festejaba el culto de la Pascua mosaica. Y así nació la idea entre los apóstoles y primeros cristianos de legalizar la Pascua cristiana y la forma de realizarla mediante un Congreso llamado posteriormente Concilio Apostólico”, continúa relatando.

Dice Stephan Vysokolan que “a la consideración del Concilio fueron puestos dos problemas: El primero: ¿Qué festejar? ¿Éxodo de Egipto o resurrección de Cristo? El Concilio ordenó por todos los siglos –secula seculorum– festejar la resurrección de Cristo y no el éxodo de Egipto que ya cumplió su misión y no tiene lugar en el Nuevo Testamento. Segundo: ¿Cómo festejar la Pascua cristiana, en qué fecha y de qué forma? Fue ordenado festejar la Pascua cristiana por todos los siglos en la misma forma en que sucedió en tiempo y hechos evangélicos. Esta decisión constituye real inspiración del Espíritu Santo. Frente a estos hechos y datos, cómo se puede atrever a buscar fecha de Pascua ‘más moderna’: monótona e irreal, sin fundamentos históricos y religiosos?”

Tradición de los huevos pintados

Aparte del lado religioso, la Pascua conlleva tradiciones sobre todo entre las más tradicionales familias asuncenas y entre los descendientes de inmigrantes.

Mirtha Schoutten menciona que las pascuas de nuestra infancia eran más bien muy simples y se limitaba a la expresión de la mayor de las alegrías y con huevos de gallinas bien cocinados y luego pintados. “No existían los huevos de chocolate como los hay ahora, sino los huevos duros pintados en colores variados, algunos con florecillas. Nuestros padres los escondían en el enorme jardín y a las 11:00 de la mañana del domingo de pascua salíamos todos en tropel a buscar nuestros huevos. No sabés el jolgorio y a veces peleas que era entre los niños... Uno encontraba primero, otro no, se aplastaban los huevitos. Ya bien entrada en la juventud aparecieron los primeros bombones de chocolate y después recién los huevos de chocolate para la pascua que actualmente hay un montón”.

Schoutten cuenta que muchas veces estos huevos de chocolate, décadas atrás, se traían de Buenos Aires u otro país. “Incluso, mi familia era muy amiga de los Vertúa, pero en principio, ellos tampoco tenían esos huevos”.

Entre los menonitas

Natalia Ortiz, corresponsal de ABC en el Chaco Central, cuenta que para la mayoría de los colonos menonitas de esta zona del país desde hace casi cien años, la temporada de Pascuas representa, más que unos días libres, un momento de mucha reflexión y de programaciones repletas en la gran cantidad de iglesias de las ciudades y aldeas pobladas por germano descendientes, que aunque son minoría, marcan muchas pautas sociales en la región.

Una de las costumbres más extendidas que “vino en barco” con ellos es la búsqueda de los huevos de pascua, los cuales son previamente escondidos en puntos estratégicos de la casa o el patio y mediante una serie de pistas los más pequeños van buscando. Estos huevos en la actualidad son los de chocolate y los niños tratan de alzarse con la mayor cantidad posible.

Cuando comenzó la colonización del Chaco, las mamás con todo el ingenio juntaban durante semanas huevos de gallinas, después de vaciarlos y secarlos cuidadosamente lo rellenaban con maní, dulces y otras golosinas sencillas (los chocolates eran todo un lujo unas décadas atrás) para luego sellar los huevos, era muy común que los niños ayudasen a pintar los mismos de colores. De hecho hasta la fecha es una actividad familiar muy extendida.

Cuando la búsqueda de los huevos ha terminado, todos los recolectados se reparten entre los participantes, para que nadie se quede con un gran botín, la diversión está en buscar y encontrar, no solo acumular huevos de chocolate. Compartir con gran alegría y felicidad es la consigna.

Entre los colonos del Sur

Juan Augusto Roa, corresponsal de ABC en Encarnación, cuenta que los huevos de Pascua forman parte de una tradición “importada” por los inmigrantes alemanes

Regalar huevos de Pascua en Itapúa vino de la mano de la colectividad cuando los alemanes comenzaron a instalarse en la zona a principios del 1900. La primera colonia fundada fue Hohenau, a la que le siguieron Bella Vista, Obligado, Capitán Meza, y luego otras.

De profundas raíces cristianas, los alemanes y sus descendientes celebran con especial intensidad las fiestas religiosas. La ciudad de Bella Vista, fundada en el año 1918 a 50 km de Encarnación, se caracteriza particularmente por sus celebraciones tanto de la Navidad como de la Pascua de Resurrección.

La Pascua es una celebración más íntima en las familias. Está dominada por una tradición que consiste en la elaboración casera de los huevos de pascua, exquisitamente pintados y adornados con colores alegres y brillantes, con flores y figuras de animales.

Para elaborar estos huevos de pascua, semanas antes de la celebración, las madres ya vienen guardando las cáscaras vacías de los huevos. La clara y la yema se le extraen con pequeños agujeros en los extremos para mantener el cascarón intacto.

Una vez secas, estas cáscaras son pintadas con diversos colores entre los que predominan el rojo, amarillo y verde, a través de los cuales se busca transmitir fuerza, alegría y esperanza.

Una de las técnicas para pintar pequeñas florecillas en la cáscara es colocar la flor que se quiere pintar sobre el cascarón y sujetarlo con un trozo de media fina. Sobre ella se pulveriza la pintura y, una vez seca, se retira la malla y la flor queda impregnada en la superficie a modo de silueta. Esa cáscara luego es rellenada con una mezcla de maní con azúcar. Anteriormente, en ausencia del chocolate, el manicu’i azucarado vino a convertirse en el relleno ideal. Pero hoy día se elaboran también con pequeños trozos de chocolate o chocolate derretido a fuego lento, que posterior a su enfriado se solidifica en el interior del cascarón.

Estos huevos usualmente son escondidos en diferentes sitios de la casa y en la mañana del domingo, la algarabía de los niños se mezcla con la festividad de la resurrección buscando su huevo de pascua.

En algunas ciudades, como Encarnación, entre las actividades de celebración de Semana Santa organizadas por la Dirección de Turismo, se prevé una jornada de la búsqueda de los huevos de pascua, hoy domingo 17, a las 10:00 y a las 17:00, en la playa San José.

pgomez@abc.com.py

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