La canasta mecánica

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La canasta mecánica
La canasta mecánicaArchivo, ABC Color

OCIO Y TRABAJO – Los antiguos griegos fueron los creadores del ocio, que no era solo un tiempo de descanso para poder seguir trabajando después. Era un tiempo libre de recreación que tenía como fin desarrollar los talentos naturales, adquirir nuevas destrezas y tomado como medio para procurar un amplio crecimiento intelectual, cultural, político y espiritual.

Por eso, las actividades dedicadas al ocio significaban paz, tranquilidad, estudio, investigación, y también era un estado de liberación de la necesidad de trabajar, que se convertía en primordial para la búsqueda de la sabiduría y la práctica del mejor modo de vida.

A los romanos les encantaba el tiempo de ocio, y lo usaban, sobre todo, para realizar actividades divertidas y placenteras y para socializar entre ellos. Pero ¿cómo es que los romanos tenían tanto tiempo para el placer? Sencillo: ellos vivían de fiesta porque el trabajo lo hacían sus esclavos.

Para los romanos ni ocio ni esclavos eran malas palabras. Y el tiempo robado al ocio, era para sacar ganancias, por ejemplo, comprando mejores esclavos.

Dice la historia que el negocio surge con los romanos ya que según ellos, su pueblo entendía mejor el trabajo que el placer. En la actualidad, como una continuación de la postura romana, existe la creencia de que el negocio es más bien, un aspecto virtuoso en las personas; sin embargo, los griegos consideraban al ocio como uno de los caminos hacia la sabiduría.

Hoy, quienes nos hablan de la cultura del trabajo suelen ser algunos políticos y ciertos empresarios que no tienen ni idea de lo que es madrugar, hacer horas extras, esperar un colectivo que nunca aparece o inclusive tener dos o tres trabajos porque con uno no se llega a final del mes, ni se pagan las cuentas.

Es muy común desde la mirada de los negocios el hecho de asociar el término ocio al de la pereza o la desidia, pretendiendo asimilarlo a la ausencia de productividad o ineficiencia, cosa que nos llevó a acostumbrarnos a ver al ocio como ese lugar pasivo, como un paréntesis de lo laboral, cuando en realidad es o debiera ser algo muy diferente. Tanto el ocio como el negocio son parte de la vida del ser humano, y deberían coexistir en equilibrio, sin necesidad de demonizar a ninguno, porque moralmente ninguno es bueno ni malo en sí mismo; la diferencia está en cómo los vivimos.

En su libro La sociedad del Cansancio, el filósofo Byung Chul-Han sugiere que la sociedad contemporánea terminó por fragmentar la vida humana en pedazos inconexos. La sensación de que vivimos muy de prisa no se debe en realidad a que nos falte tiempo, sino a la desconexión entre los diversos ámbitos de nuestra historia. Esta falta de unidad provoca una sensación de locura donde la avalancha de las actividades diarias, al llegar la noche nos deja con la lengua afuera.

¿Será cierto que somos lo que hacemos con nuestro tiempo libre?

carlafabri@abc.com.py