Desde Bridgeport, en pleno estado de Connecticut, Camilo Villalba vive una etapa de transformación. El contraste es inmediato: mientras en Paraguay el calor agobia, él describe un clima mucho más amable.
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“Ahora mismo está en 10 grados, bastante agradable comparado con días anteriores. Acá es bastante frío… para mí”, comenta entre risas.

Instalado desde septiembre en la Universidad de Bridgeport, el joven atleta cursa Psicología y ya transita su segundo semestre. Aunque el tiempo pasó rápido –“perdí la cuenta”, admite–, el proceso de adaptación ha sido intenso.
“Es venir a vivir solo, hacer nuevos amigos, adaptarse a una nueva dinámica de entrenamiento y estudio… pero es superagradable. Creo que me adapté muy bien a mi primer año”.
La experiencia, sin embargo, no se limita al deporte. El cambio académico también fue significativo. “Hasta ahora todavía me cuesta adaptarme a algunas dinámicas de clase. Tienen una filosofía distinta. Algunas cosas los profesores asumen que sabemos y yo, por ejemplo, no sé. Y me quedo atrás del resto”, explica. Incluso, relata una situación puntual: “En un examen de matemática hablaban de una hoja de fórmulas… todos entendieron y yo me quedé atrás porque no estaba acostumbrado a eso”.
Un ritmo competitivo distinto
En lo deportivo, Villalba se encontró con un sistema completamente diferente. “Yo pensaba que acá las competencias estaban más alejadas, pero hay meses en los que competimos cada fin de semana. Es superagotador, pero divertido”, señala. A diferencia de Paraguay, donde los torneos se extienden por varios días, en Estados Unidos todo se concentra en una jornada.

“Podés nadar tres carreras en una tarde. Es muy exigente”. Especialista en velocidad, el paraguayo tiene como pruebas principales los 50 y 100 metros libre. “Hasta hace poco el 50 era mi prueba principal, pero ahora ya las dos son mis fuertes”, afirma. Además, incursionó en mariposa y en los 200 libres, ampliando su repertorio competitivo.
Uno de los cambios más notorios fue el paso de entrenar en pileta de 50 metros a una de 25. “Es totalmente diferente. Los entrenamientos son más cortos, pero más intensos. Y lo que más me gusta es la competencia interna: somos varios con tiempos similares y eso nos impulsa mucho”.
El camino hacia Estados Unidos
Su llegada al país norteamericano no fue casual. Villalba trabajó con la agencia Athletes USA para gestionar oportunidades. Inicialmente, su plan era viajar en 2024, pero decidió postergar un año. “Quise prepararme mejor con el inglés y rendir el SAT. Eso me ayudó bastante”, recuerda.

Finalmente, tras dialogar con distintos entrenadores, eligió la Universidad de Bridgeport, donde el programa de natación fue reabierto recientemente. “Es un caso especial. Todo el equipo es prácticamente nuevo. Nos conocimos todos al mismo tiempo y hay gente de Europa, Australia, Centroamérica… de todos lados”.
En ese contexto, la presencia de otro paraguayo fue clave. “Vino conmigo Maximiliano Pedroso, que nadaba conmigo en Paraguay. Eso hizo más fácil la adaptación”, cuenta.
De Barrio Obrero al mundo
Su historia con la natación comenzó temprano. “Mi mamá me llevaba desde bebé, pero competitivamente empecé a los 12 años”, recuerda. El salto se dio casi por casualidad: “Mi profesor me dijo que pruebe un mes en el equipo. Justo había un nacional… competí en 50 y 100 libres, gané oro en ambos y me gustó esa sensación. Desde ahí no paré más”.

Desde entonces, la disciplina se volvió parte de su rutina. “Primero entrenaba una hora, después una hora y media… luego dos horas, gimnasio, doble turno. Y así hasta hoy”.
Nacido en Barrio Obrero, no pierde el vínculo con sus raíces. Se declara olimpista y recuerda con nostalgia los sonidos del barrio. “Los partidos se escuchaban en casa. Los goles los gritaban antes de que aparezcan en la tele”, relata.
Vida universitaria y objetivos
Su rutina actual combina clases, entrenamientos y gimnasio en un campus donde todo está a pocos minutos.
“Lo máximo que camino son siete minutos”, dice. Durante la temporada, los días pueden comenzar temprano con pesas, continuar con clases y cerrar con entrenamientos en la tarde.
Además, cuenta con una beca deportiva que cubre gran parte de sus gastos, aunque también implica exigencias.
“Si logro ciertos objetivos, como clasificar a nacionales, me pueden aumentar la beca. Es un incentivo constante”.
De cara al futuro, su meta es clara: representar a Paraguay. “Ojalá pueda estar en el Team Paraguay. Tengo que clasificar primero, pero voy a dar lo mejor”, asegura. Su idea es regresar al país en mayo para competir y buscar esa oportunidad.
Mientras tanto, Villalba sigue construyendo su camino en Estados Unidos, entre desafíos, aprendizajes y crecimiento. Una experiencia que resume con una frase sencilla, pero contundente: “Es exigente, sí… pero se pasa muy bien”.