Ángel de mi guarda, dulce compañía,
no me desampares, ni de noche ni de día.
No me dejes solo que me perdería,
hasta que me pongas en paz y alegría,
con todos los santos, Jesús, José y María.
Amén.
Aquella primera oración que de niño repetíamos tal vez nos ayudaba con seguridad a tener dulces sueños, a soñar con los angelitos. Pero el mundo ideal de esos seres que habitan entre las nubes, las estrellas, el cielo y el paraíso toman cuerpo en una exposición que marca la línea del tiempo desde la antigüedad hasta nuestros días.
La Fuerza de los Ángeles presenta piezas arqueológicas, tallas barrocas, pinturas, imágenes, objetos únicos que se exhiben por primera vez en Asunción y que forman parte de la colección del mecenas Nicolás Latourrette Bo.
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El recorrido empieza cuando los ojos tropiezan contra el fragmento de un friso proveniente de Herculano, ciudad italiana que junto a Pompeya fue sepultada por la erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C.

“Pero hay una cuestión clave que aclarar…”, dice el museólogo Luis Lataza, curador de la exposición: “No todas las figuras con alas son ángeles cristianos. De hecho, el cristianismo toma esa idea de representar a seres espirituales con alas. Es una tradición muy antigua. Básicamente los griegos y los romanos representaban a sus dioses mensajeros con alas. Por tanto, por definición misma Ángel significa mensajero”.
Inmediatamente, Lataza aclara que hay “seres espirituales” que nosotros llamanos “ángeles”, pero que no son tal. Un ejemplo son los querubines, considerados “partes de Dios”. Por eso, la temática de la muestra son figuras angélicas que llevaron al surgimiento del ángel cristiano.
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Lo que se ve en la pieza arqueológica de Herculano son “cupidos” que originalmente formaban parte del cortejo a Venus, la diosa romana del amor, la belleza y el deseo.
Siguiendo en la antigüedad tenemos a Isis con alas, Neftis alada, en un fragmento del estucado de una momia egipcia del siglo VI a.C. “Esto nos da la idea de la fascinación del ser humano por volar desde las más antiguas civilizaciones, como las aves, liberarse de la estación terrestre, volar y estar en todos lados”, dice Lataza.
A un lado, una urna etrusca del siglo V a.C. originaria de la necrópolis de Cerveteri (Italia) que también forma parte de la colección Latourrette Bo es admirable. En sus cuatro caras presenta seres alados, que tampoco precisamente son ángeles. En una se ilustra el mito griego del Rapto de Europa en el que Zeus, metamorfoseado en toro, seduce a la princesa y se la lleva, no con violencia, sino con la cualidad amorosa del rapto. En el dorso, el caballo alado Pegaso y en los laterales dos esfinges aladas que representan el peligro latente de caer en la bestialidad humana, con monstruos que salen de la lógica natural y exceden la lógica humana: “Del mismo modo es cuando representamos el demonio, que es un ángel al que sumamos cualidades animales como cuernos, colas de serpiente y alas de murciélago, para simbolizar lo feo que se antepone a lo bello”. Lo concreto es que ninguno de esos seres alados concebidos en la antigüedad eran ángeles.
El ángel cristiano
La figura más antigua de un ángel que aparece en la exposición es parte de un pergamino de la iglesia Copta de Egipto y que data del siglo VI d.C. en la que aparece Miguel, el Arcángel, jefe de los ejércitos de Dios, según las religiones judía, cristiana e islámica. Las primeras menciones del arcángel datan del siglo III a.C. representado siempre con espada en alto.
El museólogo recuerda que los arcángeles ya están presentes en el Antiguo Testamento, desde el Génesis. “La tradición de angélica, básicamente toda la teología angélica, es judía. Nosotros, los cristianos, tomamos eso y reelaboramos con imágenes porque los judíos no representan figuras sacras”.
Todo lo que haga referencia a una representación angélica es cristiana. En la vida de Jesús hay un batallón de ángeles, un arcángel anuncia su encarnación y un ángel anuncia a María Magdalena, a las mujeres y a los discípulos que ha resucitado.
Entonces, la idea de los ángeles desarrollada por judíos, cristianos e islámicos es la de espíritus que están entre los hombres y Dios.
Pero no todos los ángeles tienen la misma descripción en la Biblia. Por ejemplo, en el Génesis, a Abraham se le presentan como tres hombres a los que da mucha hospitalidad y le anuncian que Sara, a pesar de su vejez, concebirá a Isaac. Y en Ezequiel, los ángeles son seres celestiales muy complejos que parecen brasas ardientes, relámpagos y poseen una belleza y fuerza extraordinarias que simbolizan la creación (león, el hombre, el buey, el águila).
Querubines
Los ángeles de Ezequiel no son los ángeles mensajeros, son los querubines. Son seres espirituales que son parte de Dios. Por eso, en el arte no se los representa con cuerpos, sino simplemente con sus rostros angelicales y alas. “Están más cerca de Dios que los propios ángeles. Son espíritus que son parte de Dios. Y eso viene de la teología judía. Los serafines, los querubines, los tronos, las dominaciones... Después vienen los arcángeles y los ángeles, según la jerarquía”, aclara Luis Lataza.
Los querubines aparecen en la peana de las tallas de María como impulsándola hacia el cielo, porque representan al mismo Dios que la eleva hacia lo alto. “Si los querubines no son mensajeros y son parte de Dios, y se los representan a los pies de María, es porque Dios mismo se la lleva a María al cielo. Esa es la lectura correcta del símbolo”, apunta.
El ángel más poderoso
La representación de los ángeles en el cristianismo se encuentra de diversas formas. Una de las majestuosas piezas, probablemente de altar, expuestas es El Ángel más poderoso, óleo sobre tela del Barroco cuzqueño del siglo XVII que muestra al arcángel Miguel, el arcángel guerrero, mencionado en el libro de Daniel en el Antiguo Testamento y en el Apocalipsis en el Nuevo Testamento, como el ángel que vencerá al demonio en el día final. Es el invocado para pedir fuerzas contra el mal.
En la tradición cristiana, los arcángeles son siete, pero en la Biblia solamente hay mencionados tres: Miguel, Gabriel y Rafael. Pero en los apócrifos, como el Libro de Enoc, se cita también a Uriel, Chamuel, Jofiel y Zadquiel.
“En la tradición cristiana es importante invocar a los ángeles y arcángeles con sus nombres. Si vos no mencionás con nombre podrías estar invocando o rezando a los demonios, que también son espíritus”, advierte Lataza.
Las interpretaciones del arcángel Miguel varían según el lugar donde se han aparecido, como en Cuzco (Perú), México o Europa, de ahí que las tallas van desde un soldado quijotesco en plata, hasta una pintura contemporánea con su espada flamígera en el día del juicio final cuando elegirá las almas que irán al cielo y al infierno, como lo interpreta la artista paraguaya Susana Romero.
El barroco hispano-guaraní ha interpretado muy bien de forma natural, ordenada y respetuosa a los ángeles. Por eso aparecen en las tallas con tanta belleza y detalles. Es una fusión de la lógica academicista europea y la simbólica guaraní que jerarquizan las figuras.
Muchos santos están acompañados de ángeles, como San Ignacio de Loyola, fundador de la Orden de los Jesuitas, a quien un ángel entrega la constitución jesuita para enaltecerlo. O bien, Santa Rita de Casia, para quien es una cuestión mística, pues ella decía que el estigma de la corona de Cristo clavada en la frente, la sostenían los ángeles como consuelo y alivio a su sufrimiento.
La exposición confluye en el Niño custodiado por un ángel de la guarda, un espíritu protector, como parte de un conjunto escultórico del Barroco.
En lo profano
El Renacimiento, luego el neoclásico y el historicismo europeos, retoman con fuerza la representación de los ángeles. Los putti, conocidos comúnmente como Amorcillos, también querubines o angelotes en el arte, son representados como niños pequeños, alados. Aunque parecen ángeles, no lo son, sino son los erotes, genios o secuaces de Cupido, partes del cortejo de Venus, simbolizando el amor.
Una bella pieza en porcelana muestra a los putti trabajando para atrapar el amor de las más variadas formas: prensando un corazón, atravesándolo con una flecha en un trabajo metalúrgico de fuerza.
Aunque muchos lo confundan, Cupido no es un ángel. Cupido es el mismo dios romano del deseo amoroso, hijo de Venus y Marte, equivalente al Eros griego. Y aunque se lo represente hoy día como un niño angelical alado con arco y flecha persiguiendo corazones, en la antigüedad clásica más bien había sido representado como un joven buen mozo y musculoso. Y bueno, por algo ya decíamos que era el dueño del amor.
Para agendar
La exposición La fuerza de los Ángeles puede ser visitada en el Museo de Arte Sacro de la Fundación Nicolás Latourrette Bo, todos los días de 9:00 a 18:00 hasta el 11 de abril (Manuel Domínguez esq. Paraguarí).
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