En una gala que por momentos respiró solemnidad y por momentos espectacularidad, la comunidad japonesa y la colectividad nikkei celebraron el pasado domingo 26 de julio el evento “Gratitud y Respeto, un lazo de 90 años”.
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La organización, liderada por el Comité Organizador del 90° Aniversario de la Inmigración Japonesa al Paraguay y la Federación de Asociaciones Japonesas de Asunción y Clubes, logró congregar a una multitud ávida de cultura. El contexto no fue menor: se rindió homenaje a casi un siglo de integración, donde la vestimenta tradicional sirvió como puente entre el pasado de los ancestros y el presente de las nuevas generaciones.

El embajador de Japón en Paraguay, Katsumi Itagaki, destacó la trascendencia del acto al expresar que el kimono no es solo una prenda, sino un contenedor de valores. Según sus palabras, esta muestra representó un tributo a la resiliencia de los primeros inmigrantes que llegaron a estas tierras.
Por su parte, Cristina Tanaka, integrante de la organización, resaltó la emoción palpable en el teatro, señalando que el objetivo fue “honrar el legado de gratitud hacia el Paraguay” a través de una expresión estética que define la identidad nipona desde sus raíces.

La pasarela se iluminó primero con los Kodomo, kimonos destinados a los niños que simbolizan el crecimiento y la esperanza. Estas piezas suelen ser vibrantes y se utilizan en festividades específicas que celebran la salud de los más pequeños de la familia.
Posteriormente, el público apreció la elegancia de los Houmongi, o “kimonos de visita”, caracterizados por tener patrones que fluyen continuamente a través de las costuras de los hombros y mangas. Es una prenda semiformal versátil, utilizada tanto por mujeres casadas como solteras en ceremonias o reuniones sociales.
La frescura llegó de la mano de los tradicionales Yukata, kimonos de algodón sin forro que son el sello distintivo de los festivales de verano y espectáculos de fuegos artificiales. Al ser más ligeros y fáciles de llevar, se acompañan comúnmente con sandalias de madera conocidas como geta.

Seguidamente, los imponentes Furisode deslumbraron con sus mangas extremadamente largas, que pueden medir entre 75 y 110 centímetros. Reservados para las jóvenes solteras, estos kimonos de seda fina son la máxima expresión de gala en ceremonias de mayoría de edad.
El desfile también presentó los solemnes Hakama, una suerte de pantalones anchos que se visten sobre el kimono y que históricamente estaban vinculados a la clase samurái y a la utilidad en el movimiento. Hoy en día, su uso es común en ceremonias de graduación y ritos religiosos, aportando una silueta estructurada y digna.

Como broche de oro, la representación de una boda tradicional japonesa conmovió a los asistentes, mostrando el Shiromuku, un kimono blanco puro que simboliza la pureza y la nueva vida de la novia.
Historia del kimono
La historia de esta prenda, cuyo nombre significa literalmente “cosa para usar” (ki: usar; mono: cosa), comenzó a gestarse en el siglo VII bajo la influencia de la vestimenta china de la dinastía Wu. Sin embargo, fue durante el periodo Heian (794-1185) cuando se estableció el estilo japonés de capas de seda. El método de “corte en línea recta” permitió que la prenda se adaptara a cualquier silueta sin necesidad de moldes complejos, facilitando su plegado y almacenamiento.
Un kimono auténtico se confecciona a partir de un único rollo de tela llamado tanmono, que mide aproximadamente 38 centímetrosde ancho por 12,5 a13 metrosde largo. Los materiales principales son la seda, reservada para las piezas más formales, aunque también se utilizan el algodón, el lino, el cáñamo y, más recientemente, mezclas sintéticas. La tela se divide en ocho partes rectangulares que se cosen con puntadas rectas, preservando la integridad del tejido original.

El cuidado del kimono es una disciplina en sí misma. Tradicionalmente se lavan mediante el proceso de arai-hari, que consiste en descoser completamente la prenda para lavar cada panel de tela por separado. Tras el lavado, la tela se estira en marcos de bambú o tablas largas para secarse antes de ser cosida nuevamente, asegurando que la seda no pierda su forma.
Para guardarlos, se deben doblar siguiendo líneas precisas para evitar arrugas y se envuelven en papel especial llamado tatoishi para protegerlos de la humedad.
Existen curiosidades que a menudo pasan desapercibidas para el ojo occidental, como la regla de oro del cruce: el lado izquierdo siempre debe ir sobre el derecho. El cruce inverso (derecha sobre izquierda) está estrictamente reservado para vestir a los difuntos en sus funerales, por lo que usarlo así en vida es un error cultural importante.

Asimismo, el cinturón u obi siempre debe atarse en la espalda; históricamente, llevar el nudo al frente era una marca distintiva de las cortesanas de los distritos de entretenimiento.
Otro aspecto fascinante es la conexión profunda con las estaciones del año. Los patrones y colores de un kimono no son aleatorios; por ejemplo, un diseño con flores de cerezo (sakura) solo debe vestirse durante la primavera, mientras que los colores oscuros y motivos de hojas de arce son para el otoño.
Además, la formalidad de un kimono puede identificarse por la cantidad de blasones familiares o mon que posee: uno, tres o cinco, siendo este último el nivel máximo de gala para eventos oficiales.

Es interesante notar que, tras el terremoto de Kanto en 1923, el uso del kimono como prenda diaria comenzó a declinar debido a que su diseño restrictivo dificultaba la huida rápida de los ciudadanos. Esto impulsó la adopción de la ropa occidental, dejando al kimono como una vestimenta para ocasiones especiales y ritos de paso. Aun así, especialistas en Japón continúan restaurando piezas antiguas para que puedan ser heredadas hasta por tres generaciones, manteniendo viva la historia familiar.
El kimono ha trascendido fronteras influenciando incluso la cultura pop global. Diseñadores de renombre y producciones cinematográficas, como la saga Star Wars, han tomado inspiración de sus líneas y estructura para crear estéticas futuristas. Esta prenda no es solo tela; es un lienzo donde se plasman la naturaleza, la jerarquía social y el alma de un pueblo que, como se vio en Paraguay, sigue honrando sus raíces con absoluta elegancia.

El Kimono Show en el BCP no fue solo un desfile de modas, sino una lección de historia viviente. Al cerrar la velada, el eco de los aplausos reafirmó que el lazo de 90 años entre Japón y Paraguay está más fuerte que nunca, sostenido por la seda de la gratitud y la firmeza del respeto mutuo.
@marta_escurra
