Una amiga me comentaba con tristeza que la están obligando a podar un gran lapacho que tiene en su casa, porque el vecindario se queja de que echa demasiadas hojas y, además, tienen miedo de que lo tumbe una tormenta y provoque daños materiales. Mi amiga susurraba lagrimeando: siento que ese tajy que florece cada año me dice “quiero vivir”.
Es prioridad impedir el maltrato diario a nuestros árboles. Cada día, con nuestros pequeños actos cotidianos y en muchos casos inconscientes, maltratamos al verde que nos rodea. Continuamente y de forma generalizada los árboles son ignorados, golpeados, dañados y ni tan siquiera nos damos cuenta. Muchos árboles enferman y mueren cada año por culpa directa de las drásticas y mal hechas podas que les practicamos. Hay que acabar con la creencia de que la poda es beneficiosa para los árboles.
Me uno a la proclama de los derechos arbóreos, no como un capricho, sino como una necesidad humana. Si queremos seguir disfrutando de nuestro derecho a la vida tenemos que entender que eso solo será posible si defendemos a quien nos da vida. Defender a los árboles también es defendernos a nosotros mismos. Los árboles nos dan tanto sin pedir nada a cambio. Nos dan alimento aunque ello suponga su muerte, nos dan sombra, nos dan medicinas, nos dan regulación térmica. Regulan los cursos hidráulicos y nos dan agua provocando la lluvia; retienen el suelo, evitan el empobrecimiento de nuestra tierra nutriendo con sus hojas y reteniendo con sus raíces, dan cobijo a mamíferos, insectos y aves que regulan nuestras plagas, hacen la vida posible en las ciudades, embellecen nuestras calles y jardines. Limpian el aire que contaminamos fijando en sus tejidos el CO2 y otras substancias tóxicas para los humanos, nos dan el aire puro que necesitamos para respirar. Oxígeno a cambio de dióxido de carbono. Reducen y atenúan el ruido de las ciudades y carreteras. Proveen de efectos beneficiosos a nuestro, cuerpo, mente y a nuestras emociones. Está comprobado que su presencia, y no solo por sus substancias volátiles, tiene beneficios en el estado anímico y en la psicología de las personas. Reducen la agresividad, mejoran la concentración, mejoran el sueño, aumentan nuestra creatividad y acortan el periodo de recuperación. Dan cobijo a la fauna y flora necesarias para nuestro ecosistema. Esta propiedad aumenta proporcionalmente con la edad del árbol.
No hemos sido capaces hasta ahora de hacer ninguna máquina ni existe AI, que yo sepa, que pueda brindarnos los beneficios vitales que nos dan los árboles. Nuestra mejor tecnología no ha podido superar a las plantas. ¿Qué más necesitamos para reconocer que tenemos que proteger a los árboles? Sería una maravillosa forma de salvarnos la vida. ¿Eso importa?
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