-En la práctica solemos ver que la educación financiera suele postergarse hasta la adultez. ¿Cómo influye el involucrar activamente a los niños en metas tangibles —como su carrera universitaria o el viaje de colación— en la construcción de una mentalidad de ahorro y responsabilidad económica a largo plazo?
-La educación financiera sin disciplina tiene un impacto limitado. Un niño difícilmente comprenderá conceptos cómo inflación, presupuesto o interés compuesto si no los conecta con sus actividades cotidianas. Por eso, involucrarlo en metas tangibles como un paseo, viaje de graduación o universidad resulta poderoso.
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-¿Cómo impacta este proceso?
-Cuando un niño participa en el proceso de ahorro para alcanzar una meta, aprende tres lecciones fundamentales: que los recursos son limitados, que las decisiones tienen consecuencias y que la gratificación puede ser postergada en beneficio de un objetivo mayor. Está demostrado que estas habilidades son predictoras de un mejor comportamiento financiero en la adultez. Los países que lideran los indicadores de educación financiera, como Singapur, han incorporado desde edades tempranas conceptos como diferenciar necesidades de deseos, ahorro para objetivos específicos y planificación de largo plazo en sus programas educativos. En Paraguay podríamos replicar algo muy sencillo: que cada familia defina una meta visible y concreta para sus hijos. Por ejemplo, si un viaje de colación cuesta Gs. 10 millones y faltan cinco años, el niño puede visualizar cuánto falta ahorrar cada mes y observar el progreso. Esto transforma el ahorro en una historia familiar compartida y no en una obligación abstracta.
Celebrar hitos
-Más allá del saldo acumulado, ¿de qué manera el proceso de planificar, monitorear metas y celebrar hitos financieros compartidos puede convertirse en un puente pedagógico que fortalezca la comunicación y el vínculo entre padres e hijos?
-El verdadero valor de la planificación no está únicamente en el monto acumulado, sino en el proceso. Un niño que ve cómo sus padres planifican, ajustan gastos y celebran avances aprende comportamientos que difícilmente podría adquirir solamente en la escuela. De ahí que las finanzas personales son, en realidad, una herramienta de conversación familiar. Cuando padres e hijos planifican juntos una meta, se generan espacios de diálogo sobre prioridades, esfuerzo, toma de decisiones y administración de recursos. Celebrar hitos también es importante. No hace falta esperar a alcanzar la meta final. Llegar al 25%, 50% o 75% del objetivo puede convertirse en un momento de reconocimiento familiar. Esto fortalece la motivación y genera una asociación positiva con el ahorro. Además, el seguimiento periódico enseña una habilidad muy demandada en la vida adulta: monitorear objetivos y corregir el rumbo cuando es necesario. Es exactamente lo que hacen las personas exitosas con sus finanzas, sus estudios o sus emprendimientos. En Paraguay sería muy útil instaurar una “reunión financiera familiar” mensual de 15 minutos, donde los hijos vean el avance de las metas y participen de pequeñas decisiones relacionadas con ellas.

-Desde el punto de vista de las finanzas personales, ¿cuál es la edad oportuna para empezar a hacer partícipes a los hijos en estas dinámicas de ahorro y de qué forma se debe adaptar el lenguaje financiero a medida que van creciendo?
-Cuanto antes, mejor. Organismos internacionales como la OCDE y la Unión Europea han desarrollado marcos de competencias financieras que comienzan desde los 6 años y adaptan los contenidos según la edad. Tomando como referencia la experiencia de Singapur, una guía práctica progresiva podría ser:
- De 3 a 6 años: Diferenciar necesidades y deseos, aprender que el dinero es limitado, utilizar alcancías visuales.
- De 7 a 12 años: Presupuesto básico, metas de Ahorro, comparación de precios, concepto de esperar para comprar.
- De 13 a 17 años: Inflación, interés compuesto, riesgo y rentabilidad, uso responsable de medios de pago.
- Desde los 18 años: Conceptos más complejos como inversión, crédito, endeudamiento responsable y planificación patrimonial.
-Para metas a largo plazo, como la universidad a 10 o 15 años vista, ¿cuál es el verdadero impacto matemático de empezar en los primeros años de vida del niño? ¿Cómo opera el interés compuesto en este tipo de horizontes temporales en comparación con un ahorro tardío?
-La variable más poderosa en cualquier plan financiero no es la tasa de interés, sino el tiempo. El interés compuesto permite que los rendimientos generen nuevos rendimientos, creando un efecto acumulativo que se acelera con los años. La OCDE considera el ahorro y la inversión de largo plazo como elementos centrales del bienestar financiero de las familias. Un ejemplo sencillo: Si una familia ahorra el equivalente a Gs. 500 mil cada mes durante 15 años, con una rentabilidad promedio del 9% anual, podría acumular más de Gs. 180 millones. Si espera cinco años para comenzar y ahorra durante solamente 10 años, podrá acumular cerca de la mitad del monto anterior o, lo que es equivalente, necesitará aportar significativamente más dinero cada mes para llegar al mismo resultado. La diferencia no está tanto en cuánto se ahorra, sino en cuánto tiempo trabaja el dinero. Por eso suele decirse que el mejor momento para empezar a ahorrar para la universidad de un hijo es cuando nace; el segundo mejor momento es hoy.
Más allá de la alcancía
-Tradicionalmente las familias recurren a la alcancía o a la cuenta de ahorro convencional. En el escenario actual, ¿qué instrumentos de inversión o esquemas de ahorro programado ofrecen la mejor relación entre seguridad, rendimiento y protección contra la inflación para el futuro de un hijo?
-Para objetivos superiores a cinco años, dejar todo el dinero en efectivo o en una cuenta de ahorro tradicional suele implicar perder poder adquisitivo frente a la inflación. La estrategia ideal depende del plazo y del perfil de riesgo, pero generalmente se recomienda diversificación. En Paraguay se podrían considerar:
- Fondos mutuos conservadores para objetivos de corto plazo.
- Fondos mutuos menos conservadores para inversiones de largo plazo.
- Bonos o instrumentos de renta fija para perfiles conservadores.
- Planes de ahorro programado que automaticen los aportes.
- Carteras diversificadas que combinen renta fija y activos de crecimiento para plazos de 10 a15 años.
La clave no es buscar la máxima rentabilidad, sino una combinación adecuada entre seguridad, liquidez y protección del poder adquisitivo. Para muchos padres, el mayor error es dejar el ahorro “para cuando sobre dinero”. Lo más efectivo es definir cuánto quiero ahorrar cada mes y, luego, ajustar los gastos de acuerdo con el dinero que quede.

-Cuando el objetivo es un hito de alto costo emocional como un viaje a Disney o de graduación, ¿cómo pueden los padres equilibrar el entusiasmo e impaciencia de los chicos con la disciplina y constancia que exige un plan financiero plurianual?
-Los niños viven en una cultura de inmediatez, mientras que las finanzas personales recompensan la constancia. Por eso es importante transformar una meta lejana en pequeños logros visibles. Por ejemplo, si el objetivo es un viaje a Disney, este objetivo ofrece una oportunidad extraordinaria para enseñar paciencia y planificación. Algunas estrategias podrían ser: Dividir la meta en etapas. Mostrar cómo cada aporte acerca al objetivo. Permitir que el propio niño contribuya con una parte simbólica de sus regalos o ahorros. Llevar un tablero visual de avance. El mensaje debe ser que los sueños no solamente se desean: se planifican. Un viaje de graduación puede convertirse en la primera gran lección de gestión de proyectos financieros de una persona.
-Para aquellos padres que desean comenzar hoy un plan de ahorro programado para sus hijos pero perciben que su presupuesto familiar es reducido, ¿cuáles son las recomendaciones clave para estructurar un fondo inicial sin comprometer la estabilidad del hogar?
-Uno de los mayores mitos es creer que se necesita mucho dinero para empezar. La educación financiera no comienza con grandes montos; comienza con hábitos. Mis recomendaciones serían:
- Empezar con un monto sostenible, aunque sea pequeño.
- Automatizar el ahorro el mismo día del cobro.
- Separar el fondo del resto del dinero familiar.
- Priorizar primero un fondo de emergencia familiar.
- Incrementar gradualmente los aportes cuando aumenten los ingresos.
Si una familia ahorra apenas el equivalente a un pequeño gasto cotidiano y mantiene la disciplina durante años, el resultado acumulado puede ser sorprendente. Lo importante no es la cantidad inicial. Lo importante es la regularidad.
Comenzar lo antes posible
-En su experiencia ¿cuáles son los errores más comunes que se cometen al planificar el futuro financiero de los hijos y qué mecanismos se pueden implementar desde el día uno para evitarlos?
-Los errores más frecuentes son:
- Empezar demasiado tarde. Cada año que se posterga el ahorro obliga a realizar aportes más elevados en el futuro. No definir objetivos concretos: “Ahorrar para mi hijo” es una meta muy vaga. “Financiar las cuotas de la universidad” es una meta clara.
- No considerar la inflación: El costo futuro de la educación suele crecer con el tiempo.
- Mantener todo el dinero inmóvil: Los objetivos de largo plazo requieren instrumentos que permitan preservar o aumentar el poder adquisitivo.
- No involucrar al hijo en el proceso: Se pierde la oportunidad educativa más valiosa. Depender exclusivamente de ingresos extraordinarios: Los planes exitosos descansan en aportes regulares y sostenibles.
Para evitar estos errores, recomiendo que desde el primer día exista un objetivo definido, aportes automáticos, revisiones periódicas y participación gradual de los hijos en el proceso. Más allá del dinero acumulado, el verdadero legado es formar ciudadanos capaces de administrar recursos, planificar su futuro y tomar decisiones responsables.
A nivel país, una población financieramente educada no solo mejora su bienestar individual; también impulsa el ahorro, la inversión y el desarrollo económico sostenible. Esa es la razón por la cual las economías más avanzadas del mundo están incorporando la educación financiera desde la infancia.
