Una energía especial se siente en estos sectores que conviven con el agua de la piscina y las plantas que cubren el patio con pétalos de labios de señorita, santarrita, jazmín, azaleas, petunias, sinesias, hortensias, y también helechos, palmeras, y las hiedras que pronto cubrirán la muralla que se pintó de tono verde.
La arquitecta Lolia Zaldívar de Aranda realizó las transformaciones que aprovecharon los espacios y le confieren un toque distinguido a esta residencia. Además diseñó el jardín y agregó las orquídeas en cada lugar donde era posible.
El equipamiento es de Yumiko Udagawa, quien colocó también faroles con velas led, sillones de jardín y reposeras de Market Place junto a la pileta.
El sonido relajante del agua en movimiento y la brisa que mece la hamaca de Itauguá, tendida en el corredor, conforman un paraíso en plena ciudad. Junto al pilar revestido de piedras basálticas se encuentra una poltrona y sorprenden las orquídeas hermosas en maceta.
A la dueña de casa le encanta preparar comidas ricas, por eso su cocina es amplia, con detalles y electrodomésticos dotados de tecnología, realizada por Achon, muy práctica y limpia al extremo.
El quincho tiene muebles macizos, una mesa frailera y sus bancos artesanales, adquiridos en San Bernardino.
El estar donde se ve televisión es también un área de ocio y diversión, posee alfombra de coco y mantas en los apoyabrazos de los sofás. Es una casa joven, dinámica y al mismo tiempo adornada con una sobriedad que deslumbra a cada paso.
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