La doctora Isis Benítez, veterinaria, refiere que “es importante realizar los controles anuales en el can añoso, o por lo menos dos veces al año, a través de un estudio de perfil renal con el cual se miden los parámetros de urea y creatinina. Así también serán necesarios un ecocardiograma, un electrocardiograma y un hemograma completo para saber cómo se encuentra la salud general del animal”.
“También se aconseja un análisis de orina para paliar cualquier pérdida de proteína que puede ser un indicativo de daño renal”, opina.
En el can anciano “las dosis de las medicaciones serán mínimas y los intervalos mayores, cada 12 horas”, añade.
Por su parte, la doctora Lorna Muñoz, veterinaria, indica que “en el mundo animal el término geronte da un parámetro variable, ya que las razas pequeñas y en miniatura son más longevas, alcanzan 15 a 20 años de vida con facilidad, así que un canino con esta característica y que posee cerca de ocho años es más bien maduro antes que geronte”.
Mientras que las razas medianas, grandes y gigantes “envejecen de otro modo, pues su ciclo de vida no suele exceder los 12 a 15 años de edad. Un paciente gigante de ocho años es considerado geronte, y las complicaciones que pudieran surgir serán un poco más serias. En todos los casos se recomienda que a partir de los siete a ocho años de vida los controles veterinarios se hagan al menos cada tres meses. En ningún caso se suspenden las vacunas y la dieta será adecuada”, finaliza.
