«El arte es un trabajo como cualquier otro»: un encuentro con Rosario Ramos

Desde su primera exposición individual, Hombre, del 2008, resultó inconfundible el estilo rico en color y movimiento de esta pintora obsesionada con los ojos y cuyos cuadros vibran con una extraña, hipnótica energía. Conversamos brevemente con la artista Rosario Ramos, en exclusiva para el Suplemento Cultural.

Rosario Ramos, Sin título, acrílico sobre lienzo, 2009.
Rosario Ramos, Sin título, acrílico sobre lienzo, 2009.

¿Cuándo decidiste que querías ser pintora? ¿Por qué? ¿Qué esperabas lograr o hacer al elegir ser pintora, qué querías hacer?

Yo me preparé en varias disciplinas artísticas y pasé por un largo periodo de experimentación. En ese trayecto, descubrí las artes visuales, y empezó un enamoramiento, por tratarse de algo que me hacía sentir cómoda y llena para emprender el mundo de la expresión.

Estaba estudiando en el Instituto Municipal de Arte (IMA), y en el probatorio teníamos, como materia, Plástica. Un tiempo después ingresé a la Escuela de Bellas Artes y luego pasé al Instituto Superior de Artes Visuales (ISA). Dentro de ese complejo, me sentí muy atraída por la pintura, en particular, por sus múltiples virtudes: me impactó su capacidad de transformación y su nivel de abstracción, así se tratase de una producción realista.

Quería tomar la pintura como un reto, aprovechando su constante metamorfosis, en contraposición al arte conceptual, más inclinado a las instalaciones y otros tipos de manifestaciones más contemporáneas.

¿Cómo es ser pintora en Paraguay? ¿Te parece que hay repercusión, que hay público, que hay crítica?

Actualmente existe en Paraguay toda una estructura, se puede acceder al nivel universitario y contar con diferentes puntos de apoyo, como las organizaciones que estimulan y organizan la producción artística, cosa impensable hace unas pocas décadas.

No es fácil, pero ya no estamos tan huérfanos como antes. Eso hace que tanto el público y la repercusión como la buena crítica vayan creciendo.

Lo que si estaría faltando a esta altura serían centros de investigación para que el proceso del conocimiento intelectual no termine en la licenciatura y se pueda dar un crecimiento más profundo en todo sentido.

Desde que te conozco, siempre dijiste que la pasión era todo. Y hace poco comentaste que ya no tenías tanta pasión. «Pisé tierra», fue tu frase. Cuéntanos un poco más de esta experiencia tuya. ¿Qué cambió?

La pasión es algo muy importante porque te da fuerzas para emprender el trayecto, pero, llegado el momento, una plenitud racional también es indispensable.

Yo pisé tierra hace unos años: me di cuenta de que ya había llegado a completar el círculo inicial y de que ahora eran otras las metas, de que ahora tendría que concretar conclusiones, más que emprender búsquedas.

Me comentabas que antes creías que el arte era algo casi místico y que ya no lo veías así: «El arte es un trabajo como cualquier otro», dijiste. «Más sufrido, quizá». ¿Es un desencanto del arte? ¿O un cambio en tu pensamiento, en tus ideas sobre el arte?

Veo ahora al arte como algo más tangible y un trabajo como cualquier otro, y más sufrido por ser bastante demandante. Yo me encuentro en un cambio de paradigmas, un desencanto positivo a nivel intelectual.

Es una etapa de conclusiones. La base del trabajo ya se dio satisfactoriamente y lo que resta es un encuentro más tangible, donde la obra se explaya.

Se supone que los cuadros están para ser mirados, pero los tuyos miran fijamente al que los mira: he ahí su paradoja. ¿Qué buscan esos ojos que siempre estás pintando? ¿Qué quieren ver?

El ojo es un elemento muy significativo; en este caso expresan la multiplicidad de la mirada y quieren ver esos múltiples enfoques que merodean al mismo tiempo la existencia.

¿En qué estás trabajando ahora? Han pasado cuatro años desde tu última exposición. ¿Estás pensando en otra?

Sí, estoy preparando mi próxima muestra, que posiblemente será el año que viene, y si todo se agiliza, se concretará a fines del año en curso. Está prevista una muestra en Asunción y otra en San Bernardino, primeramente.

¿Te has arrepentido alguna vez?

Muchas veces.

Cada tanto hago un recuento para proseguir. Reasigno los pros y los contras sobre lo producido, y siempre hay cosas que me llenan de orgullo y otras que no tanto, o que considero innecesarias. Entonces, enmiendo y sigo adelante.

juliansorel20@gmail.com