500 años de la gesta de Fernando de Magallanes: «En el principio, fueron las especias»

Esta semana se cumplieron 500 años de la primera vuelta al mundo. El 6 de septiembre de 1522, llegaba al puerto de Sanlúcar de Barrameda la expedición de Fernando de Magallanes y Sebastián Elcano, que cambiaría el curso de la historia. Desde Salamanca, España, escribe Jesús Ruiz Nestosa en exclusiva para los lectores del Suplemento Cultural.

El estrecho de Magallanes, tormentoso, y las montañas nevadas a pesar de ser mediados de febrero (Foto de Jesús Ruiz Nestosa).
El estrecho de Magallanes, tormentoso, y las montañas nevadas a pesar de ser mediados de febrero (Foto de Jesús Ruiz Nestosa).GENTILEZA

«En el principio fueron las especias» es la frase con la que Stefan Zweig (1) inicia su apasionante y apasionada biografía de Fernando de Magallanes. El autor no solo se permitía parafrasear el evangelio de San Juan («En el principio era el Verbo, y el verbo se hizo carne») sino que además estaba señalando un detalle que con frecuencia le pasa desapercibido a la gente cuando habla del tema: el verdadero objetivo de lo que terminó convirtiéndose en una de las grandes gestas de la historia de la navegación sumando el nombre de Fernando de Magallanes a los otros dos grandes marineros: Cristóbal Colón y Vasco da Gama.

El objetivo principal de la expedición era encontrar un camino que llevara al oriente, donde poder obtener las especias que eran deseadas en Europa. Pimienta, nuez moscada, clavo de olor, jengibre, canela, se cotizaban a precios cuantiosos. Ejemplo de ello es el primer viaje que realizó Vasco da Gama al oriente, de donde regresó con un cargamento que, al venderlo en Europa, cubrió sesenta veces el costo de la pequeña armada que había organizado (1497-1499) con tal fin (2).

La Tierra siempre fue redonda

Este, y no otro, había sido el impulsor de la aventura, sin que nadie estuviera interesado en demostrar la esfericidad de la Tierra. Que era redonda se sabía desde mucho tiempo atrás. Desde la época de los griegos o quizá antes. Prueba de ello es que ya en 1507 se había construido un globo terráqueo en base a mapas del cartógrafo y geógrafo Martín Waldseemüller (Friburgo, Alemania, 1470-1520), donde por primera vez se utilizó la palabra América para nombrar a este continente (3).

Fernando de Magallanes, nacido posiblemente en la ciudad portuguesa de Oporto en 1480, había adquirido sólidos conocimientos de navegación durante el servicio militar que realizó en la India (1505-1512) y luego en África (1513), y también militares, pues participó en las guerras punitivas que llevaba Portugal contra los pueblos que no aceptaban sometérsele, especialmente en la India.

De regreso en Portugal, intentó convencer al rey, don Manuel I de Portugal (1469-1521), de que le financiara una expedición para buscar un paso entre el Atlántico y el Pacífico que permitiera llegar más fácilmente a las islas Molucas (actual Indonesia), conocidas entonces también como Islas de las Especias, porque era la única región donde se producía la nuez moscada y la única, junto con Madagascar, donde se recolectaba el clavo de olor.

Don Manuel I no solo rechazó el pedido sino que además lo destituyó de los cargos oficiales que tenía. Magallanes no se dio por vencido. Insistió varias veces, en las que ni siquiera fue recibido por el monarca. Convencido de que no prosperaría, decidió cruzar la frontera por Andalucía, donde tomó ciudadanía española. Hecho curioso: en la misma fecha en que Magallanes entraba en España, en el norte, en Santander, desembarcaba quien iba a convertirse en Carlos V, que venía de Flandes para hacerse con la corona de España.

Espías y saboteadores

Magallanes tuvo su primer encuentro con Carlos V en Valladolid y le expuso su idea, apoyando sus palabras en un libro (que nunca se supo cuál era) y en unos mapas, asegurándole que existía un paso en el extremo del continente americano. España estaba deseando encontrar un territorio no comprendido entre el meridiano fijado por el Tratado de Tordesillas y su opuesto, a fin de explotar el rico rubro de las especias. Lo que le prometía aquel marino portugués, hecho ya español, le agradó, y resolvió darle todo el apoyo que estaba pidiendo.

Cuando la noticia llegó a Lisboa, D. Manuel I no solo montó en cólera, sino que ordenó a su embajador en España que lo tuviera al tanto de aquellos tratos y creó toda una red de espías que debían informarle sobre lo que hacía Magallanes y, de ser posible, tratar de desbaratar dichos planes. Magallanes, a quien el rey de Portugal ni siquiera había querido recibir, pasó a ser considerado un traidor a su país.

La partida

Cinco barcos son puestos al servicio de Magallanes: Trinidad, Santiago, San Antonio, Concepción y Victoria, que el 10 de agosto de 1519 parten de Sevilla hacia Sanlúcar de Barrameda, donde se inicia la travesía el 20 de septiembre de ese mismo año.

De esa aventura no queda nada más que un testimonio escrito por uno de sus participantes, el italiano Antonio Pigafetta, de quien no se sabe gran cosa. Era de Vicenza, donde nació entre 1480 y 1491. Se embarcó, según él mismo cuenta, por amor a la aventura. Fue destinado a la nave Trinidad, que comandaba Magallanes. Por su propia cuenta y riesgo, llevó un diario, día por día, de todo el viaje. A él también se le deben datos importantes, como que Magallanes tenía conocimiento de que muy al sur existía un paso, muy estrecho, que le permitiría llegar al otro océano, aunque no se sabe dónde obtuvo esa información (4).

La travesía no fue fácil y estuvo llena de inconvenientes, como apunta Pigafetta: «A los peligros naturales inherentes a esta empresa, se unía aún una desventaja para él, y era que los comandantes de las otras cuatro naves, que debían hallarse bajo su mando, eran sus enemigos, por la sencilla razón de que eran españoles y Magallanes portugués» (5).

Puerto San Julián

Después de explorar el Río de la Plata, pensando que podría ser el paso buscado, salieron el 2 de febrero de 1520 dirigiéndose al puerto San Julián, al que llegan el 31 de marzo de ese mismo año, y Magallanes se enfrenta al primer gran problema: tres capitanes del rey, Juan de Cartagena, Gaspar Quesada y Antonio de Coca, comandados por el primero, Juan de Cartagena, se sublevan. Aquí aparece por primera vez el nombre de Juan Sebastián Elcano, a quien los rebeldes confían la nave San Antonio con indicaciones de entorpecer cualquier movimiento de Magallanes. Los otros barcos en manos de los rebeldes son el San Antonio, el Concepción y el Victoria.

La habilidad diplomática y militar de Magallanes hace que la sublevación sea abortada, y se forma un tribunal para juzgar a los rebeldes. Magallanes sabe que tiene que ofrecer un escarmiento para evitar futuros intentos similares, por lo que decide condenar a muerte al capitán Gaspar Quesada, quien había herido de muerte al piloto Elorriaga. El único beneficio que le otorga es que, en lugar de ser ejecutado en garrote vil, sea decapitado. A otros dos cabecillas, Juan de Cartagena y un sacerdote, se les perdona la vida, pero son abandonados en el lugar. Y Elcano es perdonado.

¡El estrecho!

El 21 de octubre llegan por fin a la entrada del estrecho. De nuevo Pigafetta nos informa: «La longitud de ese estrecho es de 110 leguas, o sea, 440 millas, como después pudimos apreciar. Tiene media legua de ancho, poco más o menos, y da paso a otro mar, al que llamamos Pacífico. Está rodeado de montañas altísimas, cubiertas de nieve. Su profundidad es considerable, pues no pudimos fondear sino teniendo la proa cuasi en tierra, y aun así era aquella de 25 a 30 brazas» (6).

A estas alturas, ya habían perdido un barco, el Santiago, que se había estrellado, a causa del fuerte viento, contra la costa, en la desembocadura del río Santa Cruz. Y muy pronto perderían la segunda nave, la San Antonio, que, aprovechando las numerosas islas y canales a la salida del estrecho, dio media vuelta, y regresaron a España, donde dijeron que Magallanes se había pasado a los portugueses y que todo lo que había dicho sobre el paso de un océano al otro era mentira.

Rumbo a las Molucas

Desde la actual Punta Arenas (Chile) la expedición se dirigió a las Molucas. Fue la parte más penosa de la travesía, en la que, según Pigafetta, «navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata» (7).

Por fin llegan a las primeras islas del Pacífico, isla de San Pablo, isla de los Tiburones, isla de los Ladrones y el 16 de marzo llegan a Filipinas. Este es el primer contacto de la isla con España, si bien no se convirtió en colonia hasta 1565, dominio que terminó en 1898 con la derrota de España en la Guerra Hispano-Estadounidense.

Enfrentados con los naturales del lugar, al querer desembarcar en la isla de Mactán se libró una batalla. El 26 de abril de 1521, Magallanes, al frente de sesenta hombres, desembarca en la isla, donde son recibidos por más de mil quinientos nativos que se lanzan contra ellos, que deciden regresar a los barcos. Anclados a cierta distancia de la costa a causa de los arrecifes de coral, la artillería no tiene tal alcance.

En medio del caos de la batalla, Magallanes decide cubrir a sus hombres, dándoles tiempo a que se reagrupen para huir en los botes. Y Pigafetta cuenta: «Un isleño consiguió herir al capitán en la cara con una lanza de bambú. Desesperado, este hundió su lanza en el pecho del indio y la dejó clavada. Quiso usar la espada, pero solo pudo desenvainarla a medias, a causa de una herida que recibió en el brazo derecho. Entonces los indios se abalanzaron sobre él con espadas y cimitarras y cuanta arma tenían y acabaron con él, con nuestro espejo, nuestra luz, nuestro consuelo, nuestro guía verdadero. Cuando lo hirieron, se volvió muchas veces para comprobar que estábamos todos a salvo en los barcos» (8). Su cuerpo nunca fue rescatado.

El 4 de mayo de 1521 es quemado el barco Concepción debido al mal estado en que se encontraba. Y el 18 de diciembre el Trinidad corrió la misma suerte. El último barco, el Victoria, sale de Tidore para regresar a España el 21 de diciembre, y es nombrado capitán Juan Sebastián Elcano. El 6 de septiembre de 1522 llegan a Sanlúcar de Barrameda y dos días después echan ancla en Sevilla. Hace de ello 500 años. Elcano se aprovechó de las circunstancias para aparecer como el héroe de la gesta, mientras Magallanes fue relegado al olvido. Su esposa y sus dos hijos pequeños habían muerto en su ausencia y, sin herederos, los bienes que le correspondían de acuerdo a las capitulaciones reales, no pudo recogerlos nadie.

En la actualidad, España construyó un velero de cuatro mástiles, una maravilla de la ingeniería náutica, que lleva el nombre de Elcano y está recorriendo diferentes puertos de Europa y América en conmemoración del quinto aniversario de aquella gesta que no hubiera existido de no haber habido un Fernando de Magallanes, que concibió la expedición, la armó, consiguió la financiación, encontró el paso, dificilísimo, del estrecho que lleva su nombre, superó sublevaciones de su tripulación y terminó dando su vida para defender la vida de su gente. En Portugal, donde no quisieron escucharle, se lo considera un traidor a su patria. Así, al que Pigafetta consideró «nuestro espejo, nuestra luz, nuestro consuelo, nuestro guía verdadero», hoy ya nadie lo recuerda.

Notas

(1) Zweig, Stefan, Magallanes, el hombre y su gesta, Barcelona, Editorial Juventud, 2010, p. 11.

(2) Soler, Isabel, Magallanes & Co., Barcelona, Editorial Acantilado, 2022, p. 56.

(3) Zweig, Stefan, Américo Vespucio, relato de un error histórico, Barcelona, Acantilado, 2019, p. 52.

(4) Pigafetta, Antonio, Primer viaje alrededor del mundo, Buenos Aires, Ediciones El Elefante Blanco, 2001, p. 48.

(5) Pigafetta, Antonio, Primer viaje en torno al globo, Madrid, Editorial Calpe, 1922, p. 18.

(6) Pigafetta, Antonio, Primer viaje alrededor del mundo, Buenos Aires, El Elefante Blanco, 2001, p. 48.

(7) Pigafetta, Antonio, Primer viaje en torno al globo, Madrid, Calpe, 1922, p. 31.

(8) Pigafetta, Antonio, Primer viaje alrededor del mundo, Buenos Aires, El Elefante Blanco, 2001, pp. 84, 85.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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