«Yo no quiero que nadie me presente: Biófilo presenta a Panclasta». Así comienza Siete años enterrado vivo en las mazmorras de Gomezuela de Biófilo Panclasta, leyenda del anarquismo colombiano nacido el 26 de octubre de 1879 en Chinácota. Cerca de su pueblo natal se tropezó con el escritor Honorio Mora Sánchez, que relata así su encuentro:
Viajando yo de Chinácota a Cúcuta un día de marzo de 1941, conduciendo un camión cargado de madera aserrada, hallé frente al Halache, a inmediaciones de las carboneras que allí existen, un enorme pedruzco caído en medio de la vía y que impedía el paso de vehículos. Envié a mi «secretario» a La Donjuana a llamar a los camineros para que removieran el obstáculo, y mientras llegaban me paré al borde de la carretera a fumar tabaco y mirar correr en la hondonada las cristalinas aguas del río Pamplonita. Y cuando más abstraído me hallaba en la contemplación del paisaje, oí de pronto a mis espaldas una voz varonil que saludaba:
–Buenos días, compañero.
Giré sobre los talones y vi, a tres pasos, al más insólito personaje. Era un sujeto como de sesenta años, regularmente vestido, de nariz aguileña, ojos vivos, frente ancha, barba escasa y estatura mediana. No portaba sombrero, y aparecía cubierto de polvo de pies a cabeza, con trazas de haber andado mucho a pie.
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–¿De dónde viaja, compañero? –volvió a preguntar el extraño viandante. Y al informarle que de Chinácota, exclamó:
–Chinácota es mi pueblo. Allá nací hace más de medio siglo. Mi nombre de pila es Vicente Lizcano, pero soy más conocido en el mundo con el de Biófilo Panclasta, el anarquista.
–¿Usted es Biófilo? –inquirí yo dando un salto.
–El mismo, en cuerpo y alma –dijo él.
Así se inicio una amistad con el temible anarquista, cuyo solo nombre hizo temblar de espanto muchas veces a los poderosos monarcas de la vieja Europa.

Biófilo Panclasta fue hijo de Bernardo Rojas y la obrera Simona Lizcano. Su verdadero nombre fue Vicente R. Lizcano. En 1904 empezó a firmar con su paradójico seudónimo compuesto con cuatro raíces griegas: Biófilo (el que ama la vida) Panclasta (el que destroza todo). José Antonio Osorio Lizarazo, cronista de la Bogotá de comienzos del siglo XX, lo pinta así: «Su apellido auténtico es Lizcano. Nació en Chinácota, Santander, hace una cantidad de años que él no quiere recordar pero que puede aproximarse a las siete décadas. Hizo, como le correspondía a todo ciudadano colombiano del último siglo, la guerra civil y en la adolescencia alternó el fusil con la férula que usaban entonces los maestros de escuela. Cuando le preguntaban su nombre y profesión, respondía invariablemente: “Panclasta, anarquista”».
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Cuenta también Osorio que Panclasta fue delegado de los anarquistas colombianos al Congreso Anarquista de 1907 en Ámsterdam y pronunció un discurso contra los burgueses reunidos en el Congreso de Paz en La Haya en esos mismos días:
–Vosotros –decía el anarquista de Chinácota– sois enviados por los gobiernos burgueses del mundo para colocar los cimientos de la paz, pero de vuestras gestiones solo podrán salir incontables y sangrientas guerras en el futuro.
Carlos Lozano lo relata así: de Italia, Biófilo va a «Holanda para asistir a un congreso anarquista convocado por el príncipe Kropotkin en Amsterdam. Simultáneamente se celebra en La Haya una Convención por la Paz, a la cual el gobierno colombiano, presidido por el general Reyes, había enviado como delegado a Santiago Pérez Triana, un zipaquireño burgués de raca mandaca. No bien se iniciaron las deliberaciones del congreso anarquista, cuando fueron clausuradas por la policía holandesa y nuestro amigo Panclasta fue a parar a una prisión sin tulipanes. La noticia fue dada en forma un tanto confusa por diarios europeos, y llegó a Bogotá traducida así: “Preso delegado colombiano en Holanda”. Al llegar a oídos del presidente Reyes, éste casi sufre un ataque de apoplejía; ordenó a su canciller que protestara en enérgicos términos por el atropello cometido contra el honor nacional, las costumbres civilizadas y los tratados internacionales. El gobierno holandés, un tanto perplejo con el alboroto, no tuvo otra salida que dejar en libertad a Biófilo, quien en seguida lió bártulos con destino a Rusia».
Viajar era el sino de Panclasta. En 1908 fue desterrado de España por petición del presidente colombiano Rafael Reyes. Se refugió en Panamá, de donde fue desterrado de nuevo por orden de Reyes y entregado como preso a las autoridades colombianas. En adelante saldrá de una cárcel para entrar en otra.
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«Fue admirado por Carmen Silva, la reina poetisa de Rumania; perseguido por Guillermina, la reina de los Países Bajos; trotamundos con Santos Chocano, Vargas Vila, Clemenceau, Máximo Gorki, Rubén Darío, Lenin, con quien hizo vida de camaradería socialista», relata Mora Sánchez. «George Clemenceau le decretó diez francos diarios como subvención del gobierno francés por sus servicios prestados a Francia, los que Biófilo rechazó. Paseó por América, por Europa y por África su orgullosa vida de anarquista. Cuando el doctor Eduardo Santos le ofreció la dirección de un penal, rechazó el nombramiento para poderle gritar al presidente Santos: “Yo, que he sido un despojo de las cárceles, ¿aceptar un puesto de carcelero, cuando soy enemigo de todos los gobiernos por el hecho de tener cárceles?” ». Después de mil viajes y aventuras, el trotamundos Biófilo regresó a Bogotá «envejecido, hecho una ruina humana, más miserable que nunca», tan solo para «desembocar definitivamente, medio enloquecido, en la bohemia crapulosa y abyecta, e ir a morir más tarde en el hospital de Pamplona». En 1940 intentó suicidarse en Barranquilla. En diciembre del mismo año, la policía de Bucaramanga lo expulsó de esa ciudad por vago y alcohólico. Fue a dar al asilo de ancianos en Pamplona, donde un paro cardíaco lo fulminó a las diez de la mañana del 1 de marzo de 1943.
Más leyenda que individuo, mitad historia y mitad literatura, Biófilo Panclasta ha inspirado obras de teatro y novelas y hasta dado nombre a un grupo de punk porteño. Gracias a un hallazgo del investigador colombiano Miguel Galindo, confirmado en archivos paraguayos por el historiador argentino Mariano Montero, desde hoy su figura, una de las más misteriosas del siglo XX, queda imbricada con la historia del anarquismo en Paraguay (1).

Notas
(1) Ver, en esta misma edición (04/01/25) de El Suplemento Cultural, el artículo del historiador Mariano Damián Montero «Historias perdidas del anarquismo paraguayo (XIV / Yapa). 1906: El despertar ácrata de Biófilo Panclasta en el Paraguay».
Referencias
Honorio Mora Sánchez: Crónicas y Cuentos. Memorias de un exiliado. Rescatado de: https://ccsubversion.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/07/mora-sc3a1nchez-honorio-bic3b3filo-panclasta-el-anarquista.pdf
Guido Pérez Arévalo: Chinácota. Encuentros con la historia (2011). Rescatado de: https://www.guidoperezarevalo.org/CHINACOTA/BIOFILO_PANCLASTA/BIOFILO_PANCLASTA.html
Carlos Lozano en Credencial, Bogotá, No 35, octubre de 1989, pp. 37-38.
José Antonio Osorio Lizarazo: «Biófilo Panclasta, el anarquista colombiano amigo y compañero de Lenin, que conoció los horrores de la estepa de Siberia», periódico El Tiempo, 12 de febrero de 1940.

