«Una vida fecunda en obras provechosas para el país»: con estas palabras recordaba un periódico asunceno la trayectoria vital del doctor Andrés José Camilo Barbero Crosa el 14 de febrero de 1951, hace 75 años, al anunciar su fallecimiento.
A lo largo de esa «fecunda vida» el doctor Andrés Barbero construyó una serie de instituciones que hasta hoy mantienen vivo su legado y contribuyen al desarrollo del país en diversos ámbitos. Nacido en Asunción el 28 de julio de 1877, fue hijo de los piamonteses Juan Barbero y Carolina Crosa, que migraron al Paraguay luego de finalizada la «Guerra Guasu» (1865-1870) y tuvieron en total cinco vástagos, cuatro mujeres y un solo varón. Fue bautizado el 30 de septiembre de 1877 en la Iglesia de La Encarnación, con Francisco Frachia y Rosa Trucco de Frachia como padrinos.
Gracias a la tarea de constructor del padre, Juan Barbero, que además tenía un establecimiento ganadero, la familia Barbero Crosa gozaba de una posición acomodada. Destaca el historiador Carlos Gómez Florentín (1) la dedicación al trabajo de todos sus miembros, acostumbrados a estar «…en pie antes de que salga el sol. En tanto la alimentación y la bebida era frugal, las actividades diarias eran intensas y demandaban volver al descanso apenas entrado el sol para recuperar las energías para volver a comenzar todo de nuevo al día siguiente».
Andrés Barbero, al igual que sus hermanas, aprendió las primeras letras en casa; luego asistió a la escuela privada del francés Eugene Bertoin, y después ingresó al Colegio Nacional de la Capital. Allí destacó en ciencias, a tal punto que pocos años más tarde ya estaba a cargo del laboratorio de Física y dictaba clases en él.
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Su vocación era la medicina, pero como esta carrera, pese a haber sido creada, no se encontraba todavía en funcionamiento, se inscribió en la Escuela de Farmacia de la Universidad Nacional de Asunción, donde obtuvo el título de químico farmacéutico en 1898. Al año siguiente la Facultad de Medicina fue habilitada, y Andrés Barbero se recibió con el diploma número 1 de doctor en Medicina y Cirugía en 1903, siendo parte de la primera promoción de médicos de la Universidad Nacional de Asunción. Su tesis doctoral se tituló Los Rayos X y sus aplicaciones en la medicina.
Uno de sus biógrafos subraya que el doctor Barbero no habilitó un consultorio particular y que se dedicó desde muy joven a atender a los obreros y trabajadores rurales de las empresas familiares.
Desde muy niño destacó por su inteligencia. Tímido y de pocas palabras, afirma Carlos Gómez que era adicto al trabajo y recorría personalmente todas las obras, fueran trabajos rentables o caridades puestas en marcha por la familia.
La gripe española, la docencia y el servicio público
El doctor Barbero supo compaginar la dedicación a los negocios particulares con el estudio y el servicio público. Ocupó diversos cargos desde 1899, año en el que fue nombrado director de la Oficina Química Municipal. Posteriormente, dirigió el Museo de Historia Natural del Colegio Nacional, así como el Conservatorio Nacional de la Vacuna. En su larga trayectoria, ocupó el decanato de la Facultad de Medicina en 1905, además de dedicarse a la docencia, tanto en el Colegio Nacional, donde enseñaba Física y Química, como en la Universidad Nacional, donde enseñaba Física Médica e Histología Normal.
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En 1918 fue nombrado director del Departamento de Higiene y Asistencia Pública, y durante su gestión impulsó importantes medidas orientadas a fomentar la salud de la población. Durante los últimos meses de 1918, la llamada «gripe española» llegó al país, y el doctor Barbero implementó medidas para combatirla tanto en la capital como en las poblaciones del interior. A comienzos de 1919, elevó su informe sobre el combate contra la pandemia, en el que podemos leer: «No obstante la dificultad ocasionada por la falta de médicos, muchos de los cuales también cayeron víctima de la enfermedad en el ejercicio de sus obligaciones y otros estaban desempeñando comisiones en la campaña, como queda expresado, se establecieron puestos de socorro en Loma Clavel, Loma San Gerónimo, Chacarita, Tuyucua y Pinozá».
En 1920, el doctor Barbero asumió la Intendencia Municipal de la ciudad de Asunción, desde la que impulsó diversas obras para mejorar los accesos a la capital y la higiene de sus mercados, entre otras cosas. Dejó el cargo el 1 de diciembre de 1921, algunas semanas después de la crisis política que concluyó con la renuncia del presidente Manuel Gondra. Fue miembro del Consejo Nacional de Educación, del Consejo de Agricultura e Industrias y del directorio del Banco Agrícola, y en 1937 asumió como ministro de Economía, tomando desde ese cargo medidas para mejorar la productividad de los pequeños agricultores.
La Cruz Roja, la Sociedad Científica, el Museo Etnográfico y la Asociación Indigenista
Pero la labor del doctor Andrés Barbero no se circunscribió al ámbito público. Con sus propios recursos financieros, más lo obtenido en algunas colectas organizadas para recaudar fondos, el 12 de noviembre de 1919 fundó la Cruz Roja Paraguaya, la organización de ayuda humanitaria de carácter voluntario más antigua y de mayor cobertura territorial de nuestro país, que cumplió una destacada labor en muchas de las principales vicisitudes que afectaron la vida de la República, como la guerra civil de 1922, el ciclón que arrasó Encarnación en 1926 o la Guerra del Chaco (1932-1935).
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No mucho después, en la mañana del 9 de enero de 1921, un grupo de destacados científicos e intelectuales –como Guillermo Tell Bertoni, Rodolfo Ritter, Emilio Hassler, Luis Migone, Pedro Bruno Guggiari, Arnoldo de Winkelried Bertoni, Manuel Domínguez, Pedro Jörgensen, Carlos Fiebrig y varios otros– se reunió en la casa del doctor Andrés Barbero. Allí fundaron, ese día, la Sociedad Científica del Paraguay, cuya revista se sigue publicando hasta hoy, luego de 105 años, constituyéndose en la publicación científica más antigua de nuestro país. El doctor Barbero fue presidente de la Sociedad Científica del Paraguay hasta su muerte.
En 1929, junto con las autoridades del Gimnasio Paraguayo y de la Asociación Cultura Guaraní, se fundó el Museo Etnográfico, cuya primera directiva estuvo presidida por el doctor Barbero e integrada por Pablo Alborno, Tomás Osuna, María Cristina Gaona, Guillermo Tell Bertoni y Silvio Maldonado. A través del Museo Etnográfico y de la Sociedad Científica del Paraguay, el doctor Barbero impulsó las investigaciones del etnógrafo Max Schmidt, que ejerció también la dirección del Museo. Su preocupación por la situación de los pueblos indígenas del país le llevó, además, a fundar la Asociación Indigenista del Paraguay en 1942.
Un legado que perdura
La labor científica del doctor Barbero quedó plasmada en sus artículos publicados en la Revista de la Sociedad Científica del Paraguay, pero también en sus acciones para crear conocimiento, incluyendo su apoyo a la fundación del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas, así como a la Escuela de Visitadoras, que luego sería el Instituto de Trabajo Social.
En una nota necrológica publicada en febrero de 1951 se podía leer: «…un hombre que hacía el bien desinteresadamente fundando instituciones de beneficencia de trascendencia en el porvenir de la nación y colaborando en su sostenimiento con un tesón y entusiasmo dignos de encomio».
El legado del doctor Andrés Barbero sigue vivo gracias a la labor de la Fundación La Piedad, que sostiene a las entidades fundadas por su iniciativa.
Notas
(1) Gómez Florentín, Carlos. Andrés Barbero, el filántropo. Editorial Atlas, 2020.
*Herib Caballero Campos (Asunción, 1975) es doctor en Historia por la Universidad Nacional de Asunción, miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas y presidente de la Sociedad Científica del Paraguay. Ha publicado La Revolución de los Comuneros, 1721-1735 (El Lector, 2013), La contrarrevolución de 1811 (Atlas, 2021) y Festejar, erigir y consagrar a la nación (Arandurã, 2022), entre otros libros.
