Un nombre y un apellido
se emboscan como una lanza
ocultos en estos versos:
¡adivina, adivinanza!
Con geométrica armonía
han llegado reunidos
desde su épico universo:
¡la paz de la simetría!
En octosílabo vibrante
ambas voces belicosas
se concilian elegantes.
(Si descubrirlas anhelas,
no abandones la esperanza,
que será tu mejor guía
en las pistas paralelas
de las siguientes estrofas).
¿Qué palabras misteriosas,
paroxítonas gemelas,
resonantes como un coro
–¡adivina, adivinanza!–
forman este nombre sonoro?
De sangre y fuego venablos
por sus vigorosos sones,
¿cuáles son estos vocablos
que agitan los corazones?
***
¿Quién sin sospechar que su hora
estaría tan cercana
fundó la revista Aurora
en su juventud lozana?
¿Quién extremó la virtud
al grado del sacrificio
y solo halló la quietud
como caído en servicio?
[Natalicio]
***
¿Quién a la guerra partió
–como dicen de Mambrú–,
de periodista ofició
y cayó en Paso Pucú?
¿Quién del rifle hizo laúd
para cantar a la bandera?
¿Quién llevó su juventud
a extinguirse en la trinchera?
[Talavera]
***
¿Quién, amando la belleza,
fue a parar sin un lamento
al barro del campamento
y aceptó tal paradoja
sin agachar la cabeza?
¿Quién caminó en esta tierra
de sangre y arcilla roja
cantando versos de guerra?
Con belicosa emoción,
¿quién insufló en sus palabras
latidos del corazón?
¿Quién a su temprana edad
siendo poeta y soldado
tenía ya dos oficios
y de los dos jubilado
fue por la fatalidad?
¿Quién abandonó la función
estando apenas al inicio?
[Natalicio]
***
¿Quién desafió el embate
del miedo a la muerte cierta
y lo tornó en acicate
para su mente despierta,
silencioso centinela,
la víspera del combate?
¿Quién buscando la verdad
se pasó la noche en vela
y solo en la oscuridad
descubrió que el alma vuela
y las balas no la abaten
si toma la delantera?
[Talavera]

