Inflación es causada por ideas erróneas administradas por políticos y tecnócratas

Resulta llamativo que ante el lento avance del proceso inflacionario no se le esté dando la debida importancia. Se considera que estamos ante un aumento de los precios que, por cierto, ocurre en estos momentos con varios productos y servicios.

Víctor Pavón (*)
Víctor Pavón (*)ABC COLOR

Si hablamos de incremento de precios, los bienes y servicios suben y con ello la demanda de los consumidores disminuye y así pueden volver a bajar en permanente oscilación.

En toda la cadena de una economía libre, por ejemplo, que desde el productor pasa al comerciante y este a su vez emite una señal, los precios recaen en los consumidores que finalmente deciden qué comprar o vender.

Si los precios son bajos aumentará la demanda de los productos y servicios. Y cuando los precios aumentan, los productores se percatarán de ello y de esa manera se eleva la producción con la consecuente estampida de las ventas.

Lo que llamamos empresa tiene como propósito la satisfacción de los gustos y necesidades de las personas. Si lo hace de modo eficiente pues obtendrá ganancias y con las utilidades se crearán puestos de trabajo e incluso se elevarán los salarios.

Si el producto o servicio que ofrece una empresa no es deseado, la gente emite una señal a sus dueños por lo que deberán hacer cambios para acomodarse a las exigencias de sus consumidores. Si no hace caso a su clientela, los dueños y gerentes harán incurrir en pérdidas a su negocio acarreándoles quebrantos.

Esta sencilla secuencia explica por qué la economía libre no sólo es más eficiente sino también moralmente correcta. Otro ejemplo tenemos con las curvas de la oferta y la demanda. Dichas curvas no son más que consecuencias de algo todavía superior, esto es, un amplio orden de cooperación social llevados a cabo por las personas intercambiando sus respectivas propiedades privadas.

De manera que puede ocurrir que los precios de productos y servicios suban, pero no necesariamente se estará ante un proceso inflacionario. Y no habrá inflación mientras el Banco Central del Paraguay (BCP) no efectué emisiones inorgánicas de monedas y dinero. Se podrá encarecer ciertamente el costo de vida, pero el aumento de los precios no reduce el valor de la moneda; lo reduce el Estado mediante su gobierno y desde la banca central.

Dinero del pueblo

Cuando el dinero del pueblo –que es lo mismo que decir de la gente que vivimos en el país, nacionales y extranjeros– no se garantiza por hacerse lugar al mal gasto público aparece pronto el déficit fiscal que no es más que gastar por encima de lo que se recauda.

Como a los dirigentes electos como administrativos les da igual que siga el despilfarro, entonces no tienen otra forma de financiar el déficit con dinero artificial. Y hasta se les puede ocurrir no solo solventar ese déficit que de por sí está mal, sino también empiezan a tomar con una política pública hasta llegar incluso a pagar la deuda pública.

Disponer según el capricho y antojo de unos del dinero de otros en absoluta discreción conlleva al clientelismo político. La corrupción campea por todos lados y es porque no hay corrupción sin financiamiento previo que la mantenga. ¡Y les funciona a la perfección!

Seguir contratando cada vez más gente, crear subsidios, mantener oficinas y pasos burocráticos mediante una clientela de funcionarios que no se preocupa un ápice por la calidad del servicio que deberían prestar, a lo que se suma que nadie pueda hacer algo porque todos se encuentran con la misma intención, y me refiero a los partidos políticos, provoca un efecto dañino.

El maridaje perverso del mal gasto e ineficiencia termina por ser pagado por los que ni tan siquiera conocen a sus representantes, y si los conocen es porque le vieron alguna vez en fotos o afiches durante la época electoral. Esta es la verdadera y gran maldición del estatismo que cae todavía más fuerte sobre los más pobres.

Se viene y no se irá rápido

Cuando el Estado mediante su respectivo gobierno (cualquiera sea su signo político) conjuntamente con la banca central disponen lo que consideran una “urgencia” o una “necesidad impostergable” emitir dinero artificial para intentar apagar el fuego que ellos mismos crearon, entonces es evidente que algo no está bien.

De modo que lo que se llama inflación no es precisamente el aumento general de los precios como se dice usualmente. Esta conceptualización equivocada conlleva a desconsiderar su origen y sus efectos. Es preciso, y cuanto antes la población debería tomar nota de esto, que una cosa es el aumento de precios y otra la inflación.

Esta última es la expansión de dinero por causas exógenas provenientes de la acción estatal que distorsiona los precios relativos, lo cual hace que existan desequilibrios entre los precios y los salarios. Y digo en particular los salarios de los trabajadores en general como los que perciben el jornal diario porque sobre ellos cae el peso de esta perversa forma de política llevada a cabo por los técnicos econometristas con el aval de políticos despojados de todo tipo de patriotismo, abyectos, de escasas luces y corruptos hasta la médula.

Causantes

¡Son ellos –los políticos populistas y tecnócratas– los que le sacan a la gente y a las familias el pan de sus bocas! Con la suba de los precios de productos y servicios, mucha gente les culpa a los productores, comerciantes y empresarios de que sus salarios ya no les alcanzan. No saben que los males que sufren se deben a los que ellos mismos han votado. Es la daga en la espalda del hombre y la mujer corriente de la calle.

Por fortuna se conoce con absoluta claridad y esto sí es un tema de carácter educativo y hasta cultural de directa relación con las instituciones de la República y de su futuro, la inflación como fenómeno monetario no es la mejor política a seguir ni tan siquiera como alternativa para lograr el crecimiento con gasto público, conocida propuesta de los keynesianos que no dudan en persistir en tan malsana idea.

Los precios son los mejores y únicos indicadores para conocer cómo funciona la economía, siendo la cantidad de billetes y monedas en circulación una alteración artificial que causa inflación evitando la formación del ahorro y del capital.

Más temprano que tarde la inflación instalada como una forma de política por parte del establishment arrasa con todo. La inflación es pobreza, desempleo e inseguridad.

Precios

Los precios son los mejores y únicos indicadores para saber cómo funciona la economía, siendo la cantidad de billetes en circulación una alteración artificial que causa inflación.

Pobreza

Más temprano que tarde la inflación instalada como forma de política por parte del establishment arrasa con todo. La inflación es pobreza, desempleo e inseguridad.

(*) Catedrático de materias jurídicas y económicas en UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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