10 de octubre de 2026
Desde hace años se ha venido derrochando el dinero público a diestra y siniestra, sin que se haya tomado nota de la necesidad recogida en parte por la Ley Nº 6622/20, que establece medidas de racionalización del gasto público. El nombre de esta normativa –promulgada a raíz de la pandemia del coronavirus– implicó la admisión de que el malgasto es irracional, considerando el bien común. Pese a ella, el grosero malgasto continuó como siempre, en función de los intereses de los que mandan, de sus respectivas clientelas y de sus socios del sector privado.

El creador de contenido argentino José “Pato” Bonato, quien es conocido por hacer relatos de viajes en todo el mundo, hizo un comentario sobre el Paraguay y criticó a los extranjeros porque opinan sin saber los potenciales del país que está por encima del promedio de la región. “Todo paraguayo que critique a su país es porque nunca ha salido de ahí a ver cómo realmente viven los demás países”, expresó el influencer al cuestionar también a los locales. Ciudadanos fustigaron su comentario y algunos insinuaron si es uno de los influencers pagados por el gobierno de Santiago Peña con dinero de Itaipú, como se denunció semanas atrás.
La más grave falencia de Santiago Peña ha sido no haber aprovechado su envión inicial y las condiciones inmejorables que le tocaron para realizar reformas profundas que, de haberse concretado con firmeza en tiempo y forma, hoy el escenario habría sido muy diferente. Mientras viajaba alegremente por el mundo, permitió que los políticos le manejaran la agenda, le hicieran postergar las medidas más complicadas y le relajaran sus principales proyectos de ley al punto de convertirlos, casi sin excepción, en “reformas light” que cambian algo para no cambiar nada.

El Parque Tecnológico Itaipú (PTI-PY), entre abril y mayo, apunta 13 llamados por más de US$ 10 millones, sin la “transparencia total” pintada por Santiago Peña. Contratos apuntan a obras en el Hospital Rigoberto Caballero y compra de polígrafos para la Policía Nacional, propaganda en redes sociales con influencers, la terminal de buses eléctricos en San Lorenzo, entre otras.
En nombre del sector empresarial, la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (Feprinco) emitió un enjundioso manifiesto, por boca de su presidente, Enrique Duarte, en el que abordó cuestiones de suma relevancia para la marcha del país, en compañía de decenas de grandes referentes de la producción, industria y comercio que lo respaldaron. El documento reconoce logros “importantes”, sobre todo en materia legislativa, pero apunta más aún a reiterados “problemas estructurales” que afectarían a la población, a las empresas y al desarrollo. De entrada, se habla del “prebendarismo galopante” y del “cálculo egoísta” que atentarían contra la igualdad y el saneamiento presupuestario; sin duda, el clientelismo de la clase política, también propensa al nepotismo, contribuye al déficit, junto con el gasto superfluo.