Financiación criminal mediante activos virtuales

Se observa una gran variedad de nociones técnicas que debemos incorporar al sentido gnoseológico, siguiendo la nomenclatura del sector internacional que advierte una nueva secuencia del lavado de activos y del financiamiento del terrorismo, con especial alusión a los activos virtuales. Es que nos estamos adentrando a la nueva era, donde los activos se manejan remotamente y con ello surge el indudable debate sobre el uso efectivo de los activos virtuales, así como aquello relacionado al criptolavado que se potencia desde los diversos sistemas comerciales online, que, a su vez, se relaciona con servicios ilícitos dentro de la Dark web o Darknet.

En varias investigaciones fuimos advirtiendo respecto a este sector de internet al que cualquier persona puede llegar a vincularse mediante la utilización de aplicaciones que potencian la navegación anónima, tal como ocurre desde el lidiado sistema TOR. Por otro lado, hemos de ratificar que, ante una evolución de la sociedad de riesgo, el fenómeno de la criminalidad organizada también se va adecuando a los extremos tecnológicos, y ante ello, desde la aparición del criptoactivo, se habilitó una nueva posibilidad de congeniar el anonimato con el factor de los mercados oscuros, es decir, lo que conlleva a un nuevo método de pago, en principio, desde la clandestinidad.

Según los lineamientos del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), se tiene como antecedente el caso paradigmático de inicios del año 2011, a través del Silk Road, en donde se evidencia un ámbito transaccional irregular, puesto que estos mercados oscuros se perfeccionaron con la amplitud de la red y en tal efecto las asociaciones criminales han invertido sus fuentes ilícitas cambiando hacia el sector de los activos virtuales. En otras palabras, toda operación y/o activo se ha trasladado a lo remoto, desde las diversas transacciones, y bajo la esencia particular de los activos virtuales, pues el lavado actual se genera en “plataformas” de intercambio de criptomonedas.

Además de lo anterior, y según los últimos datos proporcionados por los organismos internacionales, el terrorismo se encuentra invirtiendo en los activos virtuales para buscar normalizar aquellas fuentes ilícitas adquiridas de delitos precedentes, como el ramsonware, fraudes informáticos, estafas Plus Token, venta de armas, etc.

Entonces, todo el esquema criminal ha resuelto invertir en variantes financieros, aprovechando el circuito tecnológico, evidenciando el criptolavado bajo las mismas tres etapas que el lavado tradicional (colocación, estratificación e integración). No obstante, la naturaleza de los activos virtuales determinan sus características propias como la relación entre la moneda fiduciaria o directamente en criptomonedas.

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Ahora bien, la fase de colocación se apoya normalmente en un Proveedor de Servicios de Activos Virtuales (PSAV), lo que se traduce en una plataforma de intercambio de criptomonedas para convertir la moneda fiduciaria en algún activo virtual. Es por tanto que, la secuencia resulta similar al lavado tradicional, pero bajo una fragmentación constante para romper toda posible trazabilidad, así como la implicancia de múltiples transacciones y saltos entre plataformas.

Por consiguiente, en el año 2019 el GAFI ha actualizado dentro de sus 40 Recomendaciones aquello concerniente a la Recomendación 15, exigiendo a todos los PSAV que registren a sus clientes, como también el inmediato reporte ante cualquier operación sospechosa realizada en la plataforma. Sin embargo, de igual forma, se ha advertido que el sistema criminal ha procurado otros métodos, tal como la utilidad de la figura de testaferros o mulas virtuales, apoyándose en el circuito transnacional de la internet. Por ende, queda claro que los PSAV resultan clave desde la estratificación, porque se potencia con servicios que reducen trazabilidad mixing, y atendiendo a que si los PSAV tienen controles débiles, el riesgo se vuelve transfronterizo y sistémico.

También se debe razonar sobre el parámetro de estratificación, en vista a la ocurrencia de una serie de transacciones entre monederos de activos virtuales, pues, se debe tener presente que las criptomonedas admiten que los usuarios mantengan un número indefinido de direcciones, concretándose transferencias a una mayor velocidad, que inciden en la estratificación, cuestión que involucra al perfeccionamiento del criptolavado para el financiamiento del terrorismo.

Es por tanto que la secuencia de convertir una moneda fiduciaria en criptomonedas y posteriormente dirigirlas mediante el anonimato del ciberespacio permite que ciertas células terroristas recurran a estos métodos, inclusive para evidenciar fondos por vía de donaciones anónimas en activos virtuales y, en consecuencia, se adquieren armas u otros elementos en los mercados virtuales de la Dark web y/o se invierte en la integración bajo diversas fuentes económicas. Definitivamente se precisa de una mayor eficacia de las políticas ALA/CFT, bajo el control de activos virtuales, dimensionando la debida diligencia de los PSAV, y el mejor alcance de las medidas proporcionales al riesgo, ponderando un fortalecimiento del monitoreo, y la trazabilidad de todo activo virtual.

Se manejan remotamente

Nos adentramos a la nueva era donde los activos se manejan remotamente, y con ello surge el indudable debate sobre el uso efectivo de los activos virtuales.

Cualquier persona

Fuimos advirtiendo sobre este sector de internet al que cualquier persona puede llegar a vincularse mediante uso de aplicación que potencia la navegación anónima.

(*) Docente Investigador de la Carrera de Derecho de la Universidad Americana. Doctor en Derecho Universidad Nacional de Rosario - Argentina (UNR). Doctor en Ciencias Jurídicas UNA. Posdoctor en Ciencias (PD Cs.) - Mención Investigación Científica. Magíster en Ciencias Penales. X: @MatiasGarceteP