La vivienda constituye uno de los pilares fundamentales del bienestar humano. Desde la perspectiva económica y social, no solo representa un activo físico, sino también un espacio de reproducción de la vida, de seguridad, de integración social y de desarrollo de capacidades. Autores como Amartya Sen (Premio Nobel de Economía en 1998) han subrayado que el bienestar no puede medirse únicamente por el ingreso, sino por las oportunidades reales que tienen las personas para llevar la vida que valoran, y en ese marco la vivienda ocupa un lugar central. Contar con un hogar adecuado incide directamente en la salud, la educación, la productividad laboral y la estabilidad emocional de los hogares. La literatura sobre desarrollo humano y urbano muestra que el acceso a una vivienda digna es un determinante estructural de la movilidad social, dado que condiciona el acceso a servicios básicos, la inserción en el mercado laboral y la calidad de las relaciones comunitarias.
Desde la economía urbana, la vivienda también es entendida como un bien con múltiples dimensiones. Por un lado, es un bien de consumo, indispensable para la subsistencia cotidiana. Por otro, es un bien de inversión, que concentra una parte significativa del patrimonio de los hogares. Además, cumple una función macroeconómica relevante, al dinamizar sectores como la construcción, los servicios financieros, la provisión de infraestructura y el empleo. En contextos de países en desarrollo, donde los procesos de urbanización suelen ser acelerados y desiguales, la evolución del parque habitacional se convierte en un indicador clave de las transformaciones económicas y sociales de largo plazo.
La experiencia latinoamericana muestra que el aumento en la cantidad de viviendas no siempre viene acompañado de mejoras equivalentes en la calidad habitacional. Diversos estudios del Banco Mundial, la Cepal y ONU-Hábitat advierten que el crecimiento urbano, cuando no está acompañado de planificación y políticas públicas integrales, tiende a reproducir desigualdades en el acceso a servicios básicos, en la calidad constructiva y en la localización de las viviendas. Por ello, analizar la dinámica de la vivienda implica observar no solo cuántos hogares acceden a una unidad habitacional, sino también bajo qué condiciones lo hacen.
En el caso paraguayo, la evolución de la vivienda refleja con claridad los cambios demográficos, económicos y sociales ocurridos a lo largo de más de siete décadas. A partir de los datos de los Censos Nacionales de Población y Viviendas dados a conocer por el INE, es posible reconstruir una trayectoria que combina una expansión sostenida del número de viviendas ocupadas, una reducción progresiva del tamaño promedio de los hogares, una transformación en los tipos de vivienda y una mejora gradual en el acceso a los servicios básicos. Este conjunto de indicadores permite dimensionar el avance cuantitativo del parque habitacional, aunque también deja planteados interrogantes sobre su calidad y sostenibilidad en el tiempo.
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Casas en nuestro país

En 1950, la cantidad de viviendas particulares ocupadas en Paraguay era de 244.742; en 1962 ascendía a 328.308; en 1972, a 428.111; en 1982, a 578.714; en 1992, a 855.547; en 2002, a 1.098.005; y en 2012, a 1.223.165. El mayor salto absoluto se observa entre 2012 y 2022, cuando el parque habitacional creció en más de 526.000 unidades, reflejando una aceleración significativa en la construcción y ocupación de viviendas.
Este crecimiento está estrechamente vinculado con la evolución demográfica, pero también con cambios estructurales en la forma de organización de los hogares. El promedio de ocupantes por vivienda muestra una tendencia descendente clara. En 1950, 1962 y 1972 el promedio se ubicaba en 5,4 personas por vivienda. En 1982 bajó a 5,2; en 1992 a 4,8; en 2002 a 4,7; en 2012 a 3,9; y en 2022 alcanzó 3,5 personas. La reducción refleja transformaciones profundas en la estructura familiar, como la disminución del tamaño de los hogares, el aumento de hogares unipersonales, la postergación de la maternidad y paternidad, y una transición demográfica más avanzada. Desde una perspectiva económica, esto implica que la expansión del número de viviendas no responde únicamente al aumento poblacional, sino también a la necesidad de más unidades habitacionales para albergar a hogares cada vez más pequeños.
El análisis por tipo de vivienda, disponible para el período 1992–2022 muestra que la vivienda predominante en Paraguay sigue siendo la casa o rancho. En 1992 se registraban 817.137 casas de este tipo, cifra que ascendió a 1.041.095 en 2002, a 1.173.210 en 2012 y a 1.621.209 en 2022. El crecimiento confirma que la expansión habitacional se apoyó, principalmente, en la vivienda unifamiliar, tanto en áreas urbanas como rurales. Sin embargo, el dinamismo más acelerado se observa en otras modalidades.
El número de departamentos o pisos pasó de 7.997 en 1992 a 18.470 en 2002, a 19.567 en 2012 y a 44.145 en 2022. Aunque en términos relativos sigue siendo un segmento pequeño dentro del total, su expansión reciente resulta significativa y está asociada al proceso de verticalización urbana, particularmente en Asunción y su Área Metropolitana. Este fenómeno responde a cambios en el uso del suelo, al encarecimiento relativo de los terrenos urbanos y a una mayor demanda de soluciones habitacionales en zonas con alta densidad económica.
Las piezas de inquilinato también muestran una evolución relevante. En 1992 se contabilizaban 22.735, cifra que subió a 32.393 en 2002, descendió a 25.797 en 2012 y luego se incrementó con fuerza hasta 68.402 en 2022, comportamiento que sugiere una reconfiguración del mercado de alquiler informal y semiformal, posiblemente asociada a procesos de migración interna, precarización laboral y dificultades de acceso a la vivienda propia para ciertos segmentos de la población. Por su parte, las viviendas clasificadas como “otras particulares”, que incluyen viviendas improvisadas, se redujeron entre 1992 y 2012, pero volvieron a crecer en 2022, al pasar de 4.591 a 15.580, lo que podría reflejar tensiones persistentes en el acceso a soluciones habitacionales adecuadas.
Evolución del acceso a servicios básicos

La expansión cuantitativa de la vivienda también estuvo acompañada por una mejora progresiva en el acceso a servicios básicos. En 2002, el 89,1% de las viviendas contaba con energía eléctrica; en 2012, el 96,4%; y en 2022, el 98,6%. Este indicador muestra un nivel de cobertura cercano a la universalización, lo que posiciona al Paraguay con un avance notable en materia de electrificación residencial. La electricidad constituye un insumo esencial para la calidad de vida, la educación, la productividad doméstica y la integración tecnológica.
El acceso al agua corriente también exhibe una mejora sostenida. En 2002, solo el 52,7% de las viviendas disponía de este servicio; en 2012 la cobertura alcanzó el 72,4%; y en 2022 llegó al 79,3%. Aunque el avance es significativo, la brecha que persiste evidencia desafíos estructurales en materia de infraestructura sanitaria, especialmente en áreas rurales y periurbanas. La provisión de agua segura es uno de los factores más determinantes para la salud pública y la reducción de desigualdades.
En cuanto al desagüe sanitario, la cobertura pasó del 63,0% en 2002 al 73,4% en 2012 y al 85,7% en 2022. Este progreso refleja una expansión de las redes formales y de soluciones alternativas, como pozos ciegos con y sin cámara séptica. No obstante, la calidad y sostenibilidad ambiental de estas soluciones sigue siendo un tema central para la planificación urbana y rural. El acceso a sistemas de saneamiento adecuados es un componente crítico de la calidad habitacional, ya que incide directamente en la salud y en la preservación del entorno.
La recolección de basura es el servicio con mayor rezago relativo, aunque también presenta avances importantes. En 2002 solo el 33,6% de las viviendas contaba con este servicio, cifra que subió al 38,3% en 2012 y al 55,2% en 2022. A pesar de la mejora, casi la mitad de los hogares paraguayos aún no dispone de un sistema formal de recolección, lo que plantea problemas ambientales y sanitarios de gran magnitud. Este indicador pone de manifiesto que el crecimiento habitacional no siempre se acompaña de una expansión equivalente de los servicios urbanos.
En conjunto, los datos muestran que Paraguay experimentó una expansión sostenida de su parque habitacional, acompañada de una reducción en el tamaño promedio de los hogares, una diversificación gradual en los tipos de vivienda y una mejora progresiva en el acceso a servicios básicos. Desde una perspectiva económica, estos avances reflejan una mayor capacidad de los hogares para acceder a una vivienda propia o alquilada, una expansión de la inversión en infraestructura y un proceso de modernización gradual del espacio residencial.
Sin embargo, el aumento en la cantidad de viviendas no debe confundirse automáticamente con una mejora integral de las condiciones de vida. La experiencia internacional advierte que la tenencia de una casa es solo una dimensión del bienestar habitacional. La calidad constructiva, la localización, el acceso efectivo a servicios, la seguridad jurídica de la propiedad y la integración urbana son aspectos igualmente determinantes. Una vivienda puede existir estadísticamente, pero no necesariamente cumplir con los estándares mínimos de habitabilidad. En este sentido, la evolución observada en Paraguay plantea una pregunta central: ¿hasta qué punto la expansión cuantitativa del parque habitacional se tradujo en una mejora real de la calidad de vida de los hogares? La persistencia de viviendas improvisadas, el crecimiento de las piezas de inquilinato y brechas en servicios como agua corriente y recolección de basura sugieren que el problema habitacional no se agota en la disponibilidad de unidades, sino que involucra condiciones estructurales más profundas. Por ello, el análisis de la vivienda en Paraguay requiere avanzar hacia una mirada más integral, que combine cantidad, calidad y equidad territorial. En la próxima edición, el foco estará puesto en el déficit habitacional, un concepto que va más allá de la simple falta de viviendas y que incorpora dimensiones como hacinamiento, precariedad constructiva, ausencia de servicios básicos y la inseguridad en la tenencia.
Hacia una mirada integral
El análisis de la vivienda en Paraguay requiere avanzar hacia una mirada más integral, que combine cantidad, calidad y equidad territorial.

