¿Crisis de gestión o rigor fiscal en un año electoral?

La reciente salida de Carlos Fernández Valdovinos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no debe leerse como un evento aislado, sino como el síntoma de una tensión estructural profunda en la administración del Estado paraguayo. A mi criterio, el núcleo del problema estriba en la falta de coherencia y control entre el presupuesto promulgado y los gastos totales efectivos.

El techo de cristal de la responsabilidad fiscal

Históricamente, el MEF ha funcionado como el “dique de contención” de las finanzas públicas. Una de sus principales funciones es regular y garantizar el cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Fiscal, especialmente cuando se gasta sistemáticamente más de lo que se recauda. El riesgo es claro: cualquier desregulación en este ámbito podría gatillar una crisis macroeconómica de proporciones reales. Sin embargo, esta labor técnica choca hoy con dos muros infranqueables:

1. Corrupción y clientelismo: estos siguen siendo las causas raíz de nuestra inestabilidad institucional. No es coincidencia que la ciudadanía, en las encuestas que realizamos desde ICA, identifique a la corrupción como el principal problema del país.

2. Ciclo político: estamos en un periodo electoral, un escenario donde la presión política sobre los fondos del Estado se intensifica, exigiendo una flexibilidad que el rigor técnico no puede (ni debe) permitir.

La paradoja de la “economía de guerra”

El panorama se vuelve más complejo al analizar los ingresos. La DNIT ha reportado una menor recaudación debido a la apreciación del guaraní, lo que genera una restricción aún mayor sobre el gasto público. Ante esto, la implementación de una “economía de guerra” en las finanzas del Estado no solo es válida, sino necesaria.

Lo curioso —y esperanzador— es que estamos ante una realidad mixta. Mientras las arcas públicas sufren restricciones, vemos señales de dinamismo en la economía real:

-Crecimiento en el sector comercial.

-Aumento en las tasas de empleo.

-Mejora en los ingresos percibidos por las personas.

Esta dualidad está respaldada tanto por las estadísticas oficiales del MEF y el INE, como por los datos de campo que recogemos en nuestras encuestas ciudadanas.

Un aprendizaje imperativo

La corta duración de los ministros de economía en Paraguay —una tendencia histórica que se repite— debe llevarnos a una reflexión introspectiva. El conflicto actual no es sobre nombres, sino sobre modelos de país.

¿Queremos seguir operando bajo la inercia del gasto político o estamos listos para construir instituciones fuertes?

El verdadero desarrollo sostenible a largo plazo solo será posible si respetamos las normas establecidas y priorizamos la salud fiscal por encima de las urgencias electorales. La salida de Fernández debe ser el punto de partida para decidir si apostamos por la institucionalidad o si seguiremos atrapados en el ciclo de la improvisación.

Presupuesto y gasto total

El núcleo del problema estriba en la falta de coherencia y control entre el presupuesto promulgado y los gastos totales efectivos.

(*) Directora de la Consultora ICA; economista, especialista en investigación social y de mercado.