Las consecuencias trascienden el ámbito educativo. El Banco Mundial (BM) estima que esta generación podría perder en conjunto US$ 21 billones en ingresos a lo largo de su vida, equivalentes al 17% del PIB mundial actual, por encima de los US$ 17 billones calculados previamente en 2021. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas educativos adquiere también una dimensión económica, debido a que las capacidades desarrolladas durante la infancia y la adolescencia inciden posteriormente en la productividad, las posibilidades de empleo y la generación de ingresos.
En Paraguay, los indicadores de asistencia escolar presentan niveles elevados en términos generales, aunque los datos muestran diferencias importantes a medida que aumenta la edad de los estudiantes y entre las áreas urbana y rural. Los últimos datos disponibles de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) Anual del Instituto Nacional de Estadística (INE) estima una población de 1.365.162 personas de entre 5 y 17 años, de las cuales 1.302.063 asisten a una institución educativa. Esto representa una tasa de asistencia del 95,4%, frente a un 4,6% que no asiste, equivalente a 63.099 personas.

La cobertura es particularmente alta durante los primeros años. Entre los niños de 5 a 9 años, cuya población total asciende a 538.594 personas, 524.191 asisten a una institución educativa, equivalente al 97,3%, y el 2,7% no asiste. En la franja de 10 a 14 años, la concurrencia aumenta al 98,0%, el porcentaje más elevado entre los grupos analizados. De las 526.370 personas que integran esta franja etaria, 515.714 se encuentran dentro del sistema educativo.
El panorama cambia entre los adolescentes de 15 a 17 años. En este segmento, la población asciende a 300.198 personas, pero solamente 262.158 asisten a una institución educativa. La tasa de concurrencia disminuye hasta el 87,3%, 10,7 puntos porcentuales por debajo de la correspondiente al grupo de 10 a 14 años. Al mismo tiempo, el porcentaje que no asiste aumenta hasta el 12,7%.
En términos absolutos, alrededor de 38.040 jóvenes de entre 15 y 17 años no concurren a una institución educativa. La cifra concentra una parte importante de las 63.099 personas de entre 5 y 17 años que se encuentran fuera del sistema. En comparación, la inasistencia comprende a 14.403 niños de 5 a 9 años y a 10.656 personas de 10 a 14 años.
Brecha se amplía en las zonas rurales

Las diferencias se vuelven más marcadas al analizar la asistencia por área de residencia. De una población urbana de 794.971 personas de entre 5 y 17 años, 768.463 asisten a una institución educativa, equivalente al 96,7%. En el área rural, la población alcanza 570.191 personas, de las cuales 533.600 asisten, con una tasa del 93,6%.
En las edades iniciales, las diferencias son relativamente menores. Entre los niños de 5 a 9 años, la asistencia llega al 98,2% en las ciudades y al 96,1% en las zonas rurales. Para la población de 10 a 14 años, las tasas corresponden al 98,4% y 97,4%, respectivamente.
La distancia aumenta considerablemente entre los 15 y 17 años. En las zonas urbanas, la tasa de asistencia se ubica en 91,1%, frente a solo 81,7% en las áreas rurales, una diferencia de 9,4 puntos porcentuales.
De los 120.555 adolescentes rurales comprendidos en esta franja etaria, 98.509 permanecen dentro del sistema educativo y 22.046 no asisten. En las ciudades, 163.649 de los 179.643 jóvenes de la misma edad asisten a una institución educativa, por lo que 15.994 permanecen fuera.
A este escenario se suma una mayor incidencia de la pobreza entre niños y adolescentes residentes en zonas rurales. La EPHC 2024 estima una población de 1.846.879 personas de 0 a 17 años. A nivel nacional, el 6,7% se encuentra en pobreza extrema y el 22,8% en pobreza no extrema, mientras que el 70,5% corresponde a población no pobre. En conjunto, la pobreza afecta al 29,5% de esta población.
La diferencia territorial es relevante. En las zonas urbanas, el 3,5% de la población de 0 a 17 años se encuentra en pobreza extrema y otro 23,0% en pobreza no extrema, lo que representa un 26,5% en condición de pobreza.
En el área rural, la incidencia total asciende al 33,6%, compuesta por 11,1% de pobreza extrema y 22,5% de pobreza no extrema.
Los indicadores no permiten establecer que la pobreza sea la causa directa de la menor asistencia escolar, pero muestran que la menor asistencia entre los adolescentes coincide con una mayor incidencia de pobreza en las zonas rurales. Esta combinación representa un desafío para la acumulación de capital humano, especialmente en una etapa cercana al ingreso de los jóvenes a la educación superior, la formación técnica o el mercado laboral.
Desde una perspectiva económica, el desafío para Paraguay no pasa solamente por mantener una elevada cobertura educativa durante la infancia, sino también por reducir la pérdida de estudiantes a medida que avanzan hacia la adolescencia. Los datos muestran que la tasa nacional supera el 95%, pero desciende al 87,3% entre los jóvenes de 15 a 17 años y al 81,7% para este mismo grupo en las zonas rurales.
Frente a la evidencia internacional sobre la relación entre educación, ingresos y productividad, sostener la trayectoria educativa de los jóvenes constituye un componente central para fortalecer el capital humano y las posibilidades de crecimiento económico del país.
Tasa de asistencia
INE estima una población de 1.302.063, de entre 5 y 17 años, que asiste a un centro educativo. La tasa de concurrencia es del 95,4%, frente al 4,6% que no asiste.
El desafío para Paraguay
El desafío para Paraguay no pasa solo por mantener alta cobertura educativa en la infancia, sino también por reducir la pérdida de alumnos en la adolescencia.
Crecimiento económico
Sostener la trayectoria educativa de jóvenes es un componente central para fortalecer el capital humano y posibilidades de crecimiento económico del país.
Trayectoria educativa
Frente a la evidencia internacional sobre la relación entre educación, ingresos y productividad, sostener la trayectoria educativa es un componente central.

