Crecimiento y cultura de la prevención

El mercado de seguros está desarrollando un crecimiento lento pero sostenible en los últimos años. Pero estamos muy, pero muy lejos de otros países de la región. Más de treinta aseguradoras compiten en un mercado relativamente pequeño, generando esfuerzos comerciales y mucha creatividad para lograr un equilibrio entre primas y siniestros. Y a la vez poder sobrevivir a la compleja normativa existente como entidades reguladas por el Banco Central del Paraguay y bajo el manto de la Ley N° 827/96, de Seguros.

En este escenario, aseguradoras familiares tradicionales, conglomerados bancarios, multinacionales y entidades cooperativas se desenvuelven en un marco de productos tradicionales, como seguros de incendio, automóviles, caución, robo, transporte, vida y riesgos técnicos, brindando cobertura a un mercado consumidor de élite y criterio de prevención que constituye una minoría de la población y este es el punto al cual queremos detenernos.

El concepto de la prevención es tan antiguo como la misma vida humana. Cuando el ser humano conoce el riesgo, primero lo teme, luego lo desafía y por último lo vence o es vencido. Pero, así como creció el riesgo exponencialmente, creció a su vez el desinterés por el desafío y, finalmente, “lo relativo” alejó el temor. La prevención como herramienta de protección ante la adversidad –de lo incierto y desconocido– no es una materia de escuela y tampoco es parte de una conversación en las casas. Aceptar el riesgo –a lo que venga– es el denominador común. Se desconoce el principio de la prevención mediante el mecanismo de transferencia de ese riesgo. Se ignora el principio de la mutualidad, que permite entre pequeños aportantes generar una masa capaz de hacer frente a grandes catástrofes.

Entonces, el problema del crecimiento del sector no pasa por generar nuevos productos o achicar el mercado. Puede convivir perfectamente un restaurante de lujo y una casilla de empanadas en la misma cuadra. Hay quienes preferirán por razones económicas o de gusto comer en la casilla de empanadas y no en el restaurante y viceversa. Pero eso permite la libertad de elección, la diversidad de productos, la combinación de creatividad, la competencia sana a pesar del tamaño.

El crecimiento del sector pasa por el principio y la esencia de la cultura de la prevención. No es cultura de prevención salir con un vehículo sin contar con una cobertura de responsabilidad civil. No es cultura de prevención desafiar a la enfermedad y a la muerte y que se haga cargo “quien sea” de mis beneficiarios. No es cultura de prevención emprender un negocio y no protegerlo.

Por eso surge la asunción del riesgo a través de un mecanismo basado en la mutualidad y convertido en grandes empresas quienes asumen los riesgos transferidos a cambio de una prima, que varía de acuerdo al tamaño del riesgo absorbido. Esa transferencia es tan perfecta que no solo “retiene” una sino se dispersa y transfiere en otra y otra y más empresas llamadas reaseguradoras, construyéndose así una red que permite absorber los riesgos más complejos y catastróficos que pueda imaginarse.

Pero ese criterio de la prevención debe nacer en las escuelas, en las universidades, en la misma casa. Ese es un gran desafío postergado de generaciones pasadas y por supuesto del Estado como constructor del orden público a través del poder. La prevención no solo trae alivio, tranquilidad y equilibrio emocional en una sociedad insatisfecha, trae consigo el preocuparse por el otro, responsabilizarme por mis propios actos, por mi actividad o profesión, y además concientiza el principio fundamental del ahorro, lo que permea luego en la sociedad toda.

En definitiva, regular más un mercado de seguros de por sí, sobreregulado, no genera crecimiento del sector, sino todo lo contrario. El crecimiento pasa por la cultura de la prevención y es allí donde todos debemos colaborar, desde donde nos toque actuar. Recordemos: es mejor la certidumbre de la prima que la incertidumbre del riesgo incierto y desconocido.

Certidumbre de la prima

El crecimiento pasa por la cultura de la prevención: es mejor la certidumbre de la prima que la incertidumbre del riesgo incierto y desconocido.

(*) Abogado