Onda expansiva

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Usualmente queremos culpar a las circunstancias de la vida por la situación en la que estamos, así cuando “la suerte” no nos acompaña, encontramos la justificación a nuestra situación en los problemas que nos rodean. Es más, daría la impresión de que cuando un hecho negativo nos afecta, inmediatamente nos convertimos en un imán de mala onda, en lugar de resolverse la situación, nos suceden cada vez más problemas, como si se multiplicaran en contra nuestra.

Pero estoy convencida de que no es solo lo que sucede a su alrededor lo que condiciona a las personas. Las circunstancias son simplemente hechos de la vida que pueden ser favorables o desfavorables, todos atravesamos situaciones adversas o tenemos problemas que nos aquejan. La diferencia no está en los hechos que nos toca vivir, sino en la forma en la que los observamos e interpretamos para definir nuestra actitud frente a los mismos.

Amigos en las buenas

Parecería que andar con una sonrisa es como desentonar con todo el mundo; desconfiamos de aquel que dice ser feliz en su empleo y creemos que levantarse cada día para ir a trabajar debería ser considerado como un castigo al que se somete al que ha nacido pobre y desafortunado.

Pero esto no es así precisamente, pues se tratan de creencias, no de hechos. Heredar una fortuna no asegura el saber mantenerla, el nacer pobre no condiciona el camino ni el final, somos nosotros quienes definimos el destino en base a conocimiento, experiencia, decisiones y de las interpretaciones que le damos a lo que nos sucede o nos rodea.

El trabajar para obtener dinero dignifica al ser humano que encuentra complacencia en el logro de lo conseguido como resultado de su esfuerzo y dedicación. Quien necesita de recursos financieros, muchas veces confunde el trabajar para conseguir dinero con la insatisfacción sin valorar adecuadamente la experiencia y el aprendizaje que consigue en el proceso.

Quizás el hecho de que tantos anden por la vida quejándose de su empleo, o de que sin importar el monto de sus ingresos nunca alcance lo suficiente para satisfacer todas sus necesidades, nos lleve a entrar a la vorágine de vivir para trabajar (en lugar de trabajar para vivir) y por ello perdamos el equilibrio que precisamos para disfrutar de los logros obtenidos.

Sin plata no se puede hacer nada

Compartir un almuerzo dominguero en familia, salir con amigos, festejar un cumpleaños, participar de un curso de capacitación, visitar a una tía que vive en otra ciudad, o cualquier otra cosa que quisiéramos realizar pareciera necesitar del uso de dinero.

Entonces, es bastante común para quien anda corto de dinero que inmediatamente evite actividades sociales. Sin embargo, esta actitud podría aumentar el efecto negativo de la situación, pues al aislarse deja de tener presencia entre quienes lo conocen, entonces es probable que también quede rezagado de oportunidades laborales o profesionales que pudieran surgir en su entorno.

Una persona con problemas de dinero está preocupada y por lo tanto su humor se ve incidido por el negativismo, pudiendo sufrir de estrés e incluso caer en depresión. En esta situación el apoyo y contención afectiva se tornan fundamentales para encontrar la fuerza de recobrar ánimos y buscar salidas efectivas de manera entusiasta.

Lastimosamente quien atraviesa problemas de dinero suele ver agravada su situación por su misma actitud, pues como una onda expansiva su preocupación se nota en el trabajo con desgano y mal humor, lo que produce mal ambiente laboral corriendo riesgo de suspensión o despido.

Siendo también común que se opte por rematar, vender o devolver bienes de uso doméstico y esto además podría afectar el bienestar del hogar al verse afectada su calidad de vida; al llegar a ese extremo, será difícil mantener un ambiente familiar sin conflictos.

Sin embargo, el espiral negativo podría invertirse para generar una energía distinta que ayude al individuo a mejorar su situación financiera. Para ello, es importante comprender que el problema de dinero generalmente tiene su origen en el campo emocional, en la forma en que se han tomado las decisiones de consumo y de endeudamiento.

Esto quizás se deba mayormente al desconocimiento sobre el manejo de finanzas personales, que abarca desde las conversaciones familiares para el desarrollo, aplicación y control del presupuesto proyectado, hasta las herramientas financieras necesarias para tomar decisiones eficientes como podrían ser las condiciones crediticias y las inversiones que generan ingresos pasivos.

Incluso, un simple cambio de paradigma o creencia puede tener aplicación directa en la vida social, por ejemplo: una forma sencilla de compartir buenos momentos con amigos, sería conciliar intereses comunes que no precisen de dinero para ser realizados. Un encuentro entre amigos no debe ser necesariamente un banquete gourmet ni ser disfrutado solo en ambientes palaciegos, por lo tanto turnarse entre casas, ranchos o palacios debería ser normal siendo la compañía el motivo de reunión.

Las empresas pueden desarrollar programas internos de apoyo a la educación financiera de forma a que los colaboradores y sus familias mejoren la manera en la que utilizan mensualmente sus salarios, para mejorar sus condiciones de vida haciéndose cargo de los beneficios y responsabilidades que representan los instrumentos financieros.

La mirada dual emocional y financiera encarada de manera responsable con programas de capacitaciones y acompañamiento práctico, pueden resultar en transformaciones profundas en los esquemas familiares de los colaboradores, llevando a las empresas a contar con personas enfocadas en la productividad empresarial y no sólo centradas en la solución inmediata de sus propios problemas financieros.

Es fácil cambiar el mundo que te rodea, sólo tenes que cambiar vos. ¿Cómo hacerlo? dejando de buscar culpables y desarrollando soluciones sustentables. Sigamos hablando de dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.

gloria@ayalaperson.com.py