El FMI afirma también que todo crecimiento crediticio, para que sea sostenible con el transcurso de los años, debe ir acompañado de un fortalecimiento de la supervisión financiera, utilizando de ejemplos las crisis provocadas por flexibilizaciones en el acceso de productos financieros; como los casos de la crisis de microfinanzas en India, y también la crisis hipotecaria de Estados Unidos. Esta última motivó la recesión global del 2008, con efectos a escala global inclusive. En este sentido, los beneficios de la inclusión financiera aumentan cuando un país cuenta con un monitoreo eficiente del sistema financiero, lo cual da lugar finalmente a una mejora de la estabilidad del sistema.
Según el último Programa de Evaluación del Sector Financiero (PESF), realizado en el 2010 por el FMI y el Banco Mundial, el sistema financiero paraguayo ha mejorado en cuanto a la calidad de supervisión y se adhiere a un 63% de los 25 principios básicos de Basilea, siendo que en el penúltimo informe del 2005, el cumplimiento fue de solo el 17%.
Los principios de Basilea sugieren buenas prácticas de supervisión y manejo de riesgos a entidades bancarias y financieras, que de ser aplicados promueven una mejor imagen de las mismas a nivel global y que por ser estandarizadas, permiten comparar sistemas financieros de diversos países y la calidad de gobierno de las mismas. Esta mejora en la adecuación del sistema financiero a los principios de Basilea vino de la mano con adecuaciones de las legislaciones nacionales, acompañadas de una coyuntura económica favorable que permitió asimismo resultados en general favorables.
En el último informe del PESF al sistema financiero nacional, se mencionaba también la necesidad de una revisión de la Ley de Bancos por el creciente dinamismo de la economía paraguaya y por el rápido crecimiento de la cartera de créditos, que de continuar con dicha tendencia, podrían existir algunos riesgos de repetir crisis financieras ocurridas en el país a principios de la década de los años 90 y del 2000.
En lo que refiere a la evolución de la cartera de créditos de bancos y financieras en los últimos siete años, la misma ha tenido un crecimiento promedio del 17,2% en términos reales, cerrando el año 2015 con un crecimiento del 18,1%. Al mes de junio del 2016, el total de la cartera colocada ha tenido un incremento del 5,2% en términos reales, comparado con el valor de un año atrás. Es decir, si bien en la última década el comportamiento de la cartera de créditos fue creciente, se observa una menor dinámica en el primer semestre del año, aun a tasas positivas. En este aspecto, el desempeño de la cartera de créditos muestra un comportamiento similar a la economía del país, que ha venido creciendo a tasas relativamente altas en los últimos años, pero que se desaceleró en 2014 y 2015. Durante la última década diversos sectores económicos han experimentado procesos sostenidos de expansión y crecimiento, lo que significó un conjunto de inversiones sostenidas y alimentadas por el sistema financiero. Por un lado, la producción primaria, con la agricultura y ganadería para la exportación fue uno de los pilares del crecimiento de los servicios y del incremento de la cartera crediticia. En segundo lugar, las inversiones en el sector de comercios así como en el de servicios, precisaron también de créditos.
Por el lado del consumo, el mejoramiento de las condiciones económicas, medidas específicamente por el incremento de los ingresos medios de la población, generaron un aumento significativo del poder de compra, inclusive de aquellos segmentos poblacionales de menores ingresos, así como de la población rural. En este sentido, el crédito para el consumo aumentó bastante, en gran parte facilitado y favorecido por un proceso de bancarización que incorporó a una población que antes no disponía ni accedía a los servicios financieros. Este conjunto de crecimiento provocó un incremento en la demanda de servicios financieros, obligando al sistema a adaptarse y regularse mejor.
El sistema financiero posee además ciertos indicadores de solvencia que ayudan a entender el desenvolvimiento de los sectores económicos a lo largo de los años y permiten anticipar tendencias futuras. Luego de una creciente morosidad en el 2015, cerrando con un 2,6% a diciembre, la morosidad promedio continuó aumentando en el primer semestre de este año, alcanzando en junio un 3,2%. En este punto, se debe recordar que la tasa de morosidad actual, comparada con la de diez años anteriores es ampliamente inferior. En el 2006, la tasa de mora del sistema bancario y financiero era del 5,6%, y más aún, en el año 2003, durante la crisis bancaria, la morosidad del sistema alcanzó valores del 23,5%.
Así también, la Superintendencia de Bancos, de manera a clasificar las carteras de crédito otorgadas por las entidades financieras, establece criterios objetivos de mora para tipificar las operaciones y permite la aplicación de criterios subjetivos para explicar el deterioro cualitativo de los clientes. En esta línea, las instituciones financieras designan categorías a los clientes que pueden ser del 1 al 6, donde la categoría 1 es la mejor y la 6 es la peor. Así también, a partir del año 2012, se incluye una mayor apertura de categorías 1 de manera a medir la morosidad temprana: las categorías 1A y 1B corresponden a carteras con mora de 1 a 30 días y 31 a 60 días, respectivamente. De enero a junio del 2016, el 93% de los clientes del sistema se encontraban en el rango de categorías 1, 1A y 1B.
El Banco Central del Paraguay, sensible a la problemática de los productores rurales, debido a la caída de los precios de los commodities emitió dos resoluciones que permitían reestructurar, refinanciar y renovar, de forma impedir que se dispare la morosidad en un sector de gran relevancia para la economía del país, así como para dar margen de maniobra a los actores del sistema financiero como a los productores rurales.
En cuanto a la constitución de previsiones del sistema bancario y financiero, se han tenido mejoras en la cobertura de la cartera morosa, siendo al cierre de junio 2016 un 105% de la cartera vencida. En otras palabras, los bancos y financieras, a través de criterios más conservadores mantienen “reservas” por más del cien por ciento de la cartera vencida. Es de mencionar aquí que en el año 2008 las entidades bancarias mantenían previsiones superiores a 200% y que la cobertura fue disminuyendo en los últimos ocho años.
En el informe del PESF se mencionaba también una mejora en cuanto a la disminución de depósitos en dólares del total de captaciones; sin embargo, se sostenía además que dicho indicador seguía teniendo una alta representatividad en el total, lo cual significaba una alta exposición a riesgos cambiarios. En este sentido, tomando datos a junio del 2016, los depósitos en moneda extranjera del total depósitos tiene una participación representan un 48% del total. Asimismo, según informes del Banco Central, esta participación es natural debido a que más del 85% de las colocaciones en moneda extranjera corresponden a empresas cuyos componentes de costos e ingresos son en dólares.
En cuanto a las cooperativas, se mencionan mejoras en la supervisión por parte de la Incoop y se reconoce la importante contribución de las mismas en el desarrollo económico del país al incluir al sistema segmentos vulnerables de la población. Asimismo, se pone especial énfasis en la necesidad urgente de seguir avanzando en el monitoreo de sus riesgos, especialmente de liquidez.
En el informe del PESF, se resalta la alta resistencia a shocks externos por parte del sistema bancario y financiero nacional, aun cuando algunos bancos están expuestos al debilitamiento de grandes deudores y otros, a la falta de liquidez.
Finalmente, es de resaltar que si bien hubo disminuciones en las utilidades de las principales instituciones financieras por la promulgación de la Ley de Tarjetas 5476/15, la cual redujo el margen de ganancias por cobro de intereses a servicios de tarjetas, las rentabilidades globales de las entidades financieras sobre el patrimonio (ROE) siguen ubicándose entre las más altas a nivel regional. A junio 2016, las utilidades sobre el patrimonio, tuvieron un rendimiento del 22,2% en entidades bancarias y 13,6% en entidades financieras, siendo una disminución del 20% y 4% respecto al mismo mes del año pasado, respectivamente.
Inclusión
Los beneficios de la inclusión financiera aumentan cuando se cuenta con monitoreo eficiente, lo cual da lugar finalmente a una mejora de estabilidad.
Calidad mejorada
Según el último Programa de Evaluación del Sector Financiero (PESF) realizado en el 2010 por el FMI y el Banco Mundial, el sistema financiero paraguayo mejoró en cuanto a la calidad de supervisión y se adhiere a un 63% de los 25 principios básicos de Basilea, siendo que en el penúltimo informe del 2005 fue de solo el 17%.
Procesos de expansión
Durante la última década, diversos sectores económicos han experimentado procesos sostenidos de expansión y crecimiento. Por un lado, la producción primaria, con la agricultura y ganadería para la exportación fue uno de los pilares del crecimiento de los servicios y del incremento de la cartera crediticia.
* La mejora en la adecuación del sistema financiero a los principios de Basilea vino de la mano con adecuaciones de las legislaciones nacionales, acompañadas de una coyuntura económica favorable que permitió asimismo resultados en general favorables.
* Si bien hubo caídas en las utilidades de las instituciones financieras por efecto de la Ley de Tarjetas 5476/15, la cual redujo ganancias por cobro de intereses, las rentabilidades globales del sector sobre el patrimonio (ROE) siguen ubicándose entre las más altas a nivel regional.
* La Superintendencia de Bancos, de manera a clasificar las carteras de crédito otorgadas por las entidades financieras, establece criterios objetivos de mora para tipificar las operaciones y permite la aplicación de criterios subjetivos para explicar el deterioro cualitativo de los clientes.