¡Ya basta!

Este artículo tiene 11 años de antigüedad

Hace 22 años que trabajo en finanzas personales y empresariales, y durante ese tiempo he tenido la oportunidad de conocer el manejo de importantes empresas familiares, pude acompañar procesos de cambios en patrimonios familiares, asesoré a ejecutivos en toma de decisiones relevantes y me ha tocado vivir de cerca transformaciones de empresas medianas a grandes, con la evaluación del impacto que ello produce en las personas que forman parte de ellas.

Toda la maravillosa experiencia que me ha tocado la suerte de desarrollar me ha llevado también a percatarme de que personas muy preparadas académica y profesionalmente no llegan a sus metas muchas veces, limitadas por sus propias voces internas; tienen las oportunidades en sus narices, pero no las ven o tienen temor de aprovecharlas.

Limitantes autoimpuestas

No es la falta de oportunidades la que nos limita, sino la imposibilidad de crear opciones distintas. Tiene un 100% de probabilidad de fracaso el que no lo intenta. Identificar qué o quién se ha convertido en una bola de plomo que nos impide prosperar resulta clave para ejecutar los cambios.

Para hacerlo será fundamental reconocer cuando alguien o algo, como un hecho o una creencia, nos están deteniendo. Avanzar a pesar de las circunstancias, incluso negativas, precisa reconocer las voces internas que nos detienen, y aprender a decir “basta”. Aquí algunos ejemplos:

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Problemas. Todos tenemos inconvenientes; algunos serán más graves que otros. Pero parecería que hay personas que se ahogan en un vaso de agua. Esa percepción negativa en realidad no surge al analizar el hecho, sino al medir su propia capacidad de reacción y superación. Medir nuestros problemas en relación con los de los otros no tiene ningún sentido ni agrega valor; al contrario, podría afectarnos con el síndrome del “aichijáranga”, que solo hace huir a los demás, pues cansa y nos convierte en tóxicos. Los problemas hay que enfrentarlos con la mirada alta. Nadie dice que será fácil. No es malo darnos tiempo de sentirnos tristes, preocupados o incluso enojados, pero será la forma en la que sorteamos los obstáculos la que nos permitirá llegar a las metas y nos transformará diariamente en la persona que seremos mañana.

Yo primero. Regla básica de seguridad en un avión que debería estar en el manual de instrucciones de la vida misma. Primero, colócate el oxígeno y luego ayuda a quien esté a tu lado. Si tratas de darle oxígeno a otro antes de colocarte el tuyo, probablemente ambos morirán. Muerto, no resultas útil a nadie. No te pierdas a ti mismo en el proceso de entregar demasiado a los demás; sea a tu pareja, hijos, trabajo, familia, amigos o comunidad. Ayudar a los otros viene después de fortalecerte a ti mismo.

Mentiroso. ¿Qué estás tratando de compensar? ¿Será culpa, ausencia, atención? ¿En realidad, no aprovechaste esa oportunidad por culpa de tu pareja, tus hijos, tus padres? Deja de mentirte a ti mismo y asume la responsabilidad. Nadie mantiene una situación obligado; algún beneficio te está reportando, y por eso la soportas. Si quieres un cambio, hazlo y asume las consecuencias, pero deja de esconderte detrás de otros para encontrar culpables o responsables.

Careta. Deja de intentar ser quien no eres. Nos pasamos la vida intentando ser quien nuestros padres, hermanos, pareja, hijos, jefes o amigos quieren que seamos; y para cuando nos damos cuenta, no sabemos ni quiénes somos; hace tanto tiempo que tenemos puesta la careta, que hemos perdido el sentido de nuestra esencia, que es justamente la que podría orientarnos hacia la felicidad. Siempre habrá otro que tenga más dinero, más fama, más belleza, más juventud o lo que sea; deja de intentar darles el gusto a los demás, anímate a mirarte al espejo y quitarte la careta para conocerte y valorarte a ti mismo.

Chau pasado. El pasado ya fue, el futuro no llega aún; lo único que tenemos es el presente, y no podrás empezar hoy un nuevo capítulo de tu vida mientras sigas aferrado al episodio anterior. Nadie puede disfrutar del paisaje del parabrisas mientras se concentra en el retrovisor.

Perdónate. Para poder perdonar a los demás, primero necesitas reconocer tus propios errores y perdonarte por lo andado; no cambiarás con ello el pasado, pero le darás una oportunidad a tu futuro. Suelta a quienes te han hecho daño, no les sigas regalando tus oportunidades de ser feliz a quienes te han lastimado. Hay una enorme diferencia entre cometer un error y ser un error; cada cosa que te ha ocurrido en la vida ha contribuido en quien eres; pero quién vas a ser, depende de tus decisiones de hoy.

Cháke! ¿Y si me equivoco? El único que no se equivoca es el que no hace nada. Deja de tener miedo al resultado negativo; muévete, avanza. Es mejor lamentar lo que hicimos mal antes que lamentar no haberlo intentado siquiera y quedarse con la duda de “qué hubiera pasado si me hubiera animado”.

El qué dirán. Tirar la piedra y esconder la mano, estar pendiente de que nos vea la vecina chismosa. Jefes que se alimentan de los chismes para tomar decisiones y así se rodean de chupamedias en lugar de personas eficientes. Aquellos que, en lugar de buscar su felicidad primero, chequean con todo el mundo su opinión antes de atreverse a hacer algo. Así se pierden amores, trabajos, profesiones y amigos valiosos. No formes parte de ninguna de las tres categorías: no seas el chismoso, no seas el jefe comechisme, no seas quien le teme al chismoso. En conclusión, deja de mirar al otro para ser feliz.

Dinero. Es una importante herramienta, pero la felicidad no se compra, sino que se construye. El amor, la alegría y la pasión son portátiles; llévalas por donde vayas, son gratuitas, no ocupan espacio y tienen la capacidad de transformar positivamente el viaje diario.

Muévete. Deja de pensar y empieza a actuar. ¿De qué sirven tantos títulos y diplomas si el conocimiento solo queda en las notas? Avanzar implica asumir riesgos, nadie llega a la meta si no se anima a dar un paso.

Perfecto. El momento perfecto no existe, no esperes la oportunidad perfecta o estar 100% listo para asumirla. El mejor momento es ahora mismo, porque es el único momento real que tienes. Lo que pasó en el pasado no pasó en el pasado, sino en el “ahora” de aquel momento; lo que pasará en el futuro no pasará en el futuro, sino en el “ahora” de ese momento; entonces, deja de desperdiciar el tiempo que tienes; cada segundo cuenta, y este preciso instante es lo más perfecto que puede ser; ¡úsalo!

Razones incorrectas. No son las personas las incorrectas, sino que el motivo por el cual te involucras con una persona (en lo personal, laboral o profesional) el que puede tener una razón incorrecta. Elige con prudencia con quien te relacionas; esto te lo enseñó tu abuela hace tiempo: dime con quién andas y te diré quién eres. Eso sigue tan vigente como siempre.

Competir. No te darán un premio por tu permanente competencia con los demás. Es mejor fijarte tus propias metas y cada día asegurarte de que estás avanzando para convertirte en una mejor persona en cada área de tu vida.

De nada sirve ganar dinero si no sabes para qué lo tenés y al final, luego de tanto esfuerzo, no lo puedes disfrutar; de nada sirve formar familia si no la valoras lo suficiente y la pierdes sin sentido; de nada sirve crecer profesionalmente obteniendo fama y prestigio si en la realidad de tu soledad no te reconoces valor a ti mismo o los logros alcanzados.

Primero debemos SER, y luego hacer para después tener; de lo contrario, simplemente no sabemos decir “basta”, y el mundo nos arrebata lo construido.

Plomo

Identificar qué o quién se ha convertido en una bola de plomo que nos impide prosperar resulta clave para ejecutar los cambios que necesita una persona.

Duda

Es mejor lamentar lo que hicimos mal antes que lamentar no haberlo intentado siquiera y quedarse con la duda de “qué hubiera pasado si me hubiera animado”.

Ganar

De nada sirve ganar dinero si no sabes para qué lo tenés y al final, luego de tanto esfuerzo, no lo puedes disfrutar; de nada sirve formar familia si no la valoras.

Sigamos hablando de dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.

gloria@ayalaperson.com.py