Caacupé, capital espiritual

Este artículo tiene 11 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Miles de personas van en peregrinación cada 8 de diciembre hasta la capital espiritual del Paraguay para venerar en su santuario a la Inmaculada Concepción de María, la Virgen de Caacupé.

Caacupé, como viceparroquia de Piribebuy, surgió en el siglo XVIII, por petición del teniente cura de esa ciudad, padre Andrés Salinas, primer cura de la capilla. El 9 de octubre de 1769, el padre Roque Melgarejo, teniente cura del cercano pueblo de Tobatí, donó la imagen que había heredado de su tío, el clérigo Juan González Melgarejo.

La leyenda

Cuentan que hacia 1600, cuando un indio cristiano, José, escultor, fue al bosque en busca de barro se encontró con mbayaes, enemigos de su aldea, que lo persiguieron para matarlo. Ante el peligro, subió a un frondoso árbol y, casi en la copa, prometió a la Santísima Virgen que si lo salvaba, tallaría su imagen con la madera de ese árbol.

Y, milagrosamente, se salvó. Poco tiempo después, talló una imagen de la Inmaculada Concepción, que se destinó inicialmente al culto privado, pero no pasó mucho tiempo para que fuera venerada públicamente. La leyenda dice que el indio esculpió dos imágenes: la que se conserva en Tobatí y la de Caacupé.

Caacupé y su santuario

Dos pobladores de Caacupé, doña Juana Curtido de Gracia y don Juan José Aquino, cedieron el terreno donde se edificó, en 1770, una capilla que posteriormente fue refaccionada y ampliada en 1846. Al finalizar la Guerra contra la Triple Alianza, el país quedó en un estado de desolación material y espiritual. Un sobreviviente y protagonista del conflicto, el padre Fidel Maíz, interpretó esa necesidad espiritual e inició una campaña de difusión del culto a la imagen serrana.

En 1852, un rayo destruyó el techo del santuario; los cortinados resultaron quemados y reducidos a cenizas, y la Virgencita recibió también el impacto; uno de los dedos de la mano y la pintura del rostro se deterioraron. Fue restaurada en 1855 por el pintor Manuel Marecos.

La primitiva iglesia fue ampliada tres veces; la última ampliación fue la de 1856. En 1883 se edificó el penúltimo templo, cuya fachada fue dirigida hacia el suroeste. En la década de 1930, se decidió la construcción de una basílica y se encargó el diseño al arquitecto Miguel Ángel Alfaro. En la década de 1970, se replanteó el proyecto original, se redujeron las medidas y es el edificio que hoy conocemos, con su fachada dirigida hacia el sentido contrario de la vieja iglesia.

El original dueño de la imagen

La imagen de la Virgen de Caacupé es una estatua de origen europeo, propiedad del religioso Juan González Melgarejo, que en algún momento fue deán de la catedral de Asunción. En 1744, fue designado obispo de Chile y dejó la imagen al cuidado de su sobrino y párroco del pueblo de Tobatí, donde se la veneraba. El 9 de octubre de 1769, el presbítero Juan Melgarejo donó la imagen a los pobladores de los valles de Caacupé, para presidir la viceparroquia, instalada el 10 de octubre de 1769.

Fuente. Recuperados de: surucua@abc.com.py. www.abc.com.py