Después de los 60 años, cambia la dieta

La esperanza de vida ha aumentado, pero con la edad, el organismo experimenta diversas modificaciones físicas, fisiológicas y psicosociales que hacen que nuestras necesidades nutricionales varíen.

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El grupo de personas mayores es muy dispar, pues comprende tanto a personas de 60 años, que pueden estar todavía activas desde el punto de vista físico y laboral, como a personas de más de 80 años, que pueden tener su capacidad física o mental mucho más deteriorada. Las pautas alimentarias para cada tramo de edad tendrán que ser adaptadas según las capacidades de cada individuo. No obstante, los siguientes son los cambios más habituales a partir de los 60 años:

- Cambios en la composición del organismo. Con los años, el cuerpo pierde masa muscular y masa ósea, y aumenta su contenido en grasa.

- Menor actividad física. Se va produciendo de manera progresiva, lo que condiciona un menor gasto energético. Si el consumo en calorías sigue siendo el mismo, se puede tener tendencia a ganar peso.

Estreñimiento. Es habitual en personas ancianas. Para evitarlo hay que promover cierto grado de actividad física que incremente el tono muscular y una alimentación rica en cereales integrales, fruta y verdura.

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- Falta de apetito. Se produce en parte debido a la disminución de las necesidades energéticas a causa de la baja actividad física, y por otros factores psicosociales.

- Factores psicosociales. La persona de edad avanzada puede encontrarse sola, lo que limita su capacidad de autogestión del hogar y las comidas, y también favorece la tendencia hacia la depresión. En ocasiones, los problemas económicos limitan su adquisición de víveres.

- Problemas de masticación y salivación. Con la edad se originan pérdidas de piezas dentarias, y algunos pueden presentar disminución de la secreción de saliva. Todo ello hace que muchas personas de edad avanzada requieran dietas blandas.

- Otros problemas de salud. Los cambios fisiológicos del organismo hacen que las personas mayores puedan sufrir en muchas ocasiones problemas de obesidad, diabetes, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia e hipertensión.

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Organización básica de la dieta

Para las personas mayores, la alimentación constituye una de las pocas alegrías de su rutina diaria. Es por ello que evitar el aburrimiento en la dieta es fundamental. Una forma es organizar su dieta de acuerdo a los siguientes parámetros:

- 3 o más porciones de fruta al día

- 2 porciones de verdura diaria (unos 150 - 200 g)

- 3 a 4 porciones semanales de carnes poco grasas (100 a 125 g por porción);

- 3 a 4 porciones semanales de pescado o marisco

- 3 a 4 huevos por semana

- 2 a 3 porciones de lácteos diarias (leche, yogur, queso)

- 4 a 6 porciones de cereales y derivados al día, sobre todo integrales, repartiéndolos de la siguiente manera: 2 a 4 porciones por semana de legumbres (lentejas, garbanzos, porotos, etc.), 2 a 3 veces a la semana alguna pasta y arroz también de 2 a 3 veces a la semana.

Casos especiales

- En el caso de que el individuo padezca diabetes, se deberían controlar todos los alimentos y bebidas con azúcares de la dieta.

- En individuos con exceso de peso, debería vigilarse el aporte calórico de la dieta.

- En individuos con hipercolesterolemia o aumento de los triglicéridos en sangre, debería asegurarse un buen control de las grasas saturadas, evitando alimentos como los lácteos enteros, embutidos, carnes grasas, precocinados y pastelería.

Ciertos alimentos que no deberían conformar parte de la dieta diaria, como helados o dulces, pueden ofrecerse con moderación y de manera ocasional para asegurar un disfrute de la alimentación.

Fuente: Consumer.es

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